Las elecciones de ayer fueron, posiblemente, las más impredecibles en años y tuvieron un resultado que dejó boquiabierto a todo el Reino Unido al obtener la mayoria absoluta para Boris Johnson, un Primer Ministro que hace un par de meses corria el peligro de ser el Primer Ministro de menor duración de la historia. El triunfo fue aplastante con una diferencia a su favor de setenta MPs -el equivalente a nuestros diputados- por encima del Laborismo lo que le da el tipo de mayoría del que en el último siglo sólo gozaron Churchill, Thatcher y Blair. Esta elección es para el Laborismo la peor desde la decada del treinta osea, casi en un siglo.

La consecuencia mas obvia de este triunfo es que Gran Bretaña se saldrá de la Unión Europea a fines de enero. Sin embargo, este será sólo el comienzo de años de negociaciones. La otra consecuencia de la elección es el realineamiento de la politica británica a niveles mucho más profundos de los aparentes ya que el conservadurismo logró imponerse en territorios que desde hace más de un siglo estaban en manos del laborismo y suponían ser intocables. Dicho de otro modo, Boris Johnson no ganó sólo con el apoyo de las clases altas sino con el apoyo de la clase trabajadora, particularmente del Norte y Centro de Gran Bretaña. El triunfo definitorio tuvo que ver con haber derribado la así llamada ‘Muralla Roja’, una linea formada por una serie de ciudades mineras que va de Gales a Yorkshire y así llamada por su histórica adscripción irrestricta al Laborismo.

El electorado británico le dijo que no a propuestas demasiado abruptas del lider laborista Jeremy Corbyn quien propuso la re-estatización de los servicios públicos, los trenes e internet. No se hizo ningun favor haciendo comentarios de apoyo a los gobiernos de Maduro e Irán ni supo pedir disculpas por las pasadas actitudes antisemitas de su partido. Para peor, frente a él tuvo a Boris Johnson quien no sólo se apropió del discurso laboralista de expansion del gasto público empujandolo aun más hacia la izquierda y obligandolo a radicalizarse sino que impuso el Brexit como tema excluyente de un debate nacionalista que apeló a aquellos mismos sectores a los que las politicas neoliberales de su propio partido han venido precarizando.

Cuando yo llegué a Inglaterra, el conservadurismo ya era un partido liberal que proponia políticas económicas de libre mercado combinadas con un aperturismo cultural con iniciativas como el matrimonio igualitario y cierto ecologismo. Era muy dificil diferenciar al New Labour de los Tories Liberales. Boris Johnson, sin embargo, es el primero que ha tomado la decision de moverse hacia la izquierda en materia económica y, paralelamente, hacia la derecha en materia cultural ya que si bien por un lado prometió un incremento sustancial del gasto publico y el fin de las politicas de austeridad, por el otro propuso recrudecer el control en materia criminal e inmigratoria. Por su parte, el ala liberal dentro del conservadurismo consideró el avance de Johnson como la Trumpificación del partido y si bien esto le costó algunos votos en el Sur rico esa perdida fue compensada con creces por los votos de la clase baja del Centro y el Norte. Esto es un cambio en la estructura profunda de la política británica que acerca a Boris a un tipo dinámica que los argentinos podríamos caracterizar como quasi-Peronista. No obstante esto, Boris Johnson no generó estos cambios sino que los vió y se subió a la ola. Este es un cambio que hace rato viene ocurriendo en Gran Bretaña y ni hablar en Estados Unidos y tiene que ver con que la variable económica ha dejado de ser la variable definitoria del voto. Ahora al voto lo define la variable cultural. En este sentido podría decirse que hoy posiciones fuertes en materia identitaria y cultural pueden coaligar grupos que, hasta hace poco, eran incompatibles.

Pero si bien Johnson tiene la mayoría parlamentaria asegurada para hacer virtualmente lo que se le antoje, su coalición de votantes es, por lo antedicho, muy inestable. Para mantener a ricos y pobres contentos, al mismo tiempo, va a tener que darles lo que quieren. Dicho de otro modo, Gran Bretaña votó al Brexit pero no votó al neoliberalismo. Si no invierte en infraestructura o en el sistema de salud, esos grupos desfavorecidos pueden darsele vuelta violentamente. Johnson debería pensar en el primer Peronismo como un buen modelo a seguir o, mucho más cerca en el tiempo, en Donald Trump. La diferencia con aquellos es que lo que llevó al poder a Johnson -el Brexit- será lo que condicionará su capacidad para darle a los que lo votaron lo que ellos esperan ya que tras la salida de Europa lo que se viene es una recesión.

Pero mientras el Reino Unido negocia su salida de una Unión -la Europea-, tendrá que pelear con uñas y dientes para que la otra no se desarme -la mismísima Unión Británica. Digo esto porque el partido nacionalista escocés obtuvo en esta elección un éxito análogo al de Johnson lo que hace inminente el llamado a un nuevo plebiscito de independencia. El Primer Ministro ya dijo que no lo autorizará, sin embargo, hay fuerzas de fondo a tener en cuenta ya que el debate post-Brexit puede facilmente trasladarse a los negocios que imposibilitados para quedarse en Londres decidan mudarse a Escocia. En todo caso, lo que Boris Johson no puede olvidarse es que los votos que obtuvo de la Muralla Roja minera son prestados y no propios. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LA VIOLENCIA EN LA ORT

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