ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE V

“Método para dulcificar adolescentes violentos ”

los convictos eran entregados a bufas especialistas en transformar en damas a los que se creían “demasiado” viriles.

En cuanto subían a bordo los sodomizaban.

Así, constantemente, la primera semana. Perdían hasta el nombre. Para llamarlos decían: “Venga para acá, puto 14”, o cosas por el estilo….

Después, en apariencia, el tratamiento se dulcificaba. Venia la enseñanza de modales femeninos y el complicado aprendizaje de comportarse como lo hacían las señoras. Además de Ky y su gente (Jones entraba sólo en el rubro “represión de rebeldes’ aunque algunos no aprendían porque les costaba más, pobrecitos, no por mala voluntad), en el equipo de profesores entraban putas de alto vuelo, famosos travestis, lesbianas activas, tan perfecta era la ilusión que muchas lesbias llegaban a enamorarse de las chicas-transexuales virgos (especialistas en mohínes), y bufas de todo calibre: aristócratas ociosos, hombres de negocios, magistrados, militares, y también la amplia escala de la hez de la sociedad. Ky y Jones querían fabricar damas para todos los gustos, muñecas que no fallaran nunca, en ninguna circunstancia.

Comparada con esta fase, la primera, la que consistía en des-macharlos, cogiéndolos, cogiéndoselos todo el tiempo, era una bicoca, soportable y facilonga. Aunque ya incluía un elemento sutil, hijo del cerebro Ky. Entre todo lo que las futuras damitas tenían prohibido, lo prohibido máximo era la homosexualidad entre ellas. Ky lo había previsto: el machito violento, al verse garchado, querría recuperar su hombría haciéndole el culo a otro convicto. Con el sistema Ky resultaba imposible, no sólo por la vigilancia constante.

Primero los dormían a todos con somníferos, y luego les inoculaban hasta el fondo del ano una sustancia sintética perversamente bautizada por Ky con el nombre de “pescabufines”. Cada media hora todos eran obligados a formar y a mostrar su pene: el que la tenía moteada de pintas blancas (sólo visibles con microscopio) era picaneado de inmediato en el recto, puesto que las manchas, que el culpable no advertía como queda dicho, lo denunciaban inexorables: ése había sodomizado a otro recluso más débil, o que ya le había tomado cariño a la condición femenina de tanto ser desfondado por los bufas especiales, cuya técnica parecía irresistible. Poco importaba que el futuro damita se hubiera entregado a otro (o a varios: lamentable, a veces ocurría). Poco importaba que no hubiera existido inaudible balido de cordero ante la violación del más fuerte. Ky y Jones, frotándose las manos, lo habían pensado mejor:

Desde que subían a bordo —rezaba la cláusula con fuerza de ley— ninguno, pero ninguno de los hoy violentos y en el futuro damitas perfectos, adorables mujercitas, ninguno podría ejercer el papel masculino en ninguna relación sexual.
Por esa causa, en cuanto ponía el pie a bordo, el joven violento (la tanda entera, recién llegada) era sodomizada por los bufas especiales, sin secretos, todos veían cómo eran desvirgados todos, a plena luz, sobre la inmensa cubierta del barco.

Hacinados no por falta de espacio, sino a propósito, codo con codo, para que cada uno sintiera que la estaban enterrando a fondo mientras lo mismo le pasaba al otro, tanto y tan pegoteados que a veces el bufa terminaba con su culo, y comprobaba que su colega era más lento: se entusiasmaba entonces mirando (salida, entrada, salida entrada: era emocionante), volvía a parársele y la clavaba en el ano de al lado, rápido, porque lo tenía, a pocos centímetros.
Lo cual no estaba prohibido, al contrario, era loable y hasta había premios para los bufas incansables (a éstos “Búfalo Bill” se los apodaba y con orgullo ellos llevaban el mote).
En fin, que todos los convictos —esos jovenzuelos molestos que se jactaban de muy hombres— comprobaran que ninguno se salvaba de entregarse .
Después de poseerlos, los bufas estaban obligados a meterles el dedo anular hasta el fondo en el hoyo recién abierto, azotarlos al mismo tiempo en forma brutal y decirles la psicológica frase, la misma para todos sin cambiar una sola palabra.}

Decirles, con voz ronca y refiriéndose al esfínter recién abierto por el miembro y ahora escarbado, ahondado por el dedo:

“Espero que no te olvides, piba, desde hoy éste es tu culo rendido a un hombre, es tu único órgano sexual. Ya no es tuyo. Es tu Yo. Yo sé mucho de estas cosas: de vos se puede, piba, hacer una flor de hembra, para todo uso: encamarse, atender la casa y al hombre y todo lo demás”.

Por aquella época, la respuesta simbiótica sin ambigüedad “es hambre para todos”, cuya manía igualitaria ya tentaba al diablo, había caído en des-crédito absoluto (la indiferencia).
El jurisconsulto médico Vich, que era un genio porque sabía nada, o sea: el poder, aportó el primer bio-vector psicolingüístico con un eslogan revolucionario que abolía milenios y millones (de tontas “pan”cartas) de tradición: “Hambre para todos los que con mucho se contentan.
Pan para los ex-casos de piorrea incurable, inquebrantables prótesis, La Verde no es una fija, que eligen la ciencia y la lata de la comida congelada ‘Real’ —marca R— en vez del pan-filo símbolo Pan”. Había dado en el clavo, o, como se dice, “es más aburrido que chupar un clavo”.

Al que no acatare la prohibición máxima, la de no ejercer relaciones sexuales con los de su misma condición, dicho los otros reclusos, y especialmente a quienes quisieren hacerlo adoptando el papel masculino (así redactaba Ky, Jones aprobando, las cláusulas secretas), para ellos y para quienes se prestaren a sus prácticas existen métodos científicos que revelan la culpa.
Cometido y comprobado el delito, el castigo consistirá en diez (10) minutos de ese trevejo atrasado conocido como “picana eléctrica” por la masa popular. Pero tal castigo, para tal delito, no se realizará en la habitual “Sala de Reprimendas” del transatlántico de feminizar, nombre que le impuso el hombre de la calle a nuestra revolucionaria Institución, sino en la hermética “Cámara Especial”.

Desde que el proyecto no era más que una simple charla de amigos, ambos preocupados por el Bien y el Male (29), ni a Ky ni a Jones se les escapó el problema de los tiempos propuestos como nudos topológicos, por esencia tiempos que no podrían coincidir, a pesar de la “repetición”, o por eso mismo, por la “repetición”.
(Lo que más odiaban ambos era la inter-subjetividad, y es allí donde los tiempos no coinciden.)

Fragmentos..de TADEYZ.

(de Osvaldo Lamborghini)

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA MEGHAN Y HARRY

 

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