Para un gay argentino arañando los cincuenta festejar su cumpleaños yendo a ver a Madonna tiene mucho sentido. Aunque parezca patético, Madonna estructura mi salida del closet y paso a la adultez. Creo no exagerar al decir que, como hijo único carente de role models queer, Madonna me enseñó, para bien o para mal, que la autodisciplina en la presentación en público de mí mismo y del convencimiento interno de las condiciones de esa presentación eran un modo de evitar estabilizar una identidad que la sociedad demanda estabilizar -sos gay o hetero? o por qué no me dijiste antes que sos gay?- por miedo a que quede en evidencia ese subversivo carácter mutante de la sexualidad, en general. La necesidad de teatralizar el ser es algo que un gay, al menos de mi generación, tenía que incorporar en el proceso de salida del closet y Madonna tanto como figura como tambien a través de sus canciones fue fundamental en ese proceso. Ver a la audiencia en el London Palladium fue un espejo de los inicios de mi vejez. Cincuentonas disfrazadas de los diferentes momentos de la carrera de la norteamericana y parejas de homosexuales hombres envejeciendo como lesbianas llenaron la platea. A mi izquierda un sorprendentemente emocionado Konstantinos -mi ex- y a mi derecha un gay con olor a diferentes tipos de transpiración que posiblemente se estaba tomando un respiro de una sesión de sexo saunático en el cercano Soho londinense que ya podría llevar al menos un par de décadas.

Mientras esperabamos que el show empezara un pequeño ensamble de músicos portugueses intercalaba fados con adaptaciones de algunas canciones que no serian luego incluidas en el show como ‘Secret’, ‘Who’s that girl?’ y ‘Dont’ tell me’. Algunos de los estribillos eran dejados vacantes para que el público -que iba llegando- interviniera. En ese punto yo ya cantaba a viva voce. Sin embargo, este no fue un concierto para el espectador irreflexivo que quiere saltar como loco, bailar al son de lo que ya conoce y demostrarle a la diva lo mucho que la ama. En cambio, el tono de la velada integraría una estética de opera/musical de Broadway de un sorprendentemente limitado costo de produccion -pantallas, videos y algunos muebles- a un repertorio de canciones que evitaban el fanatismo. Si bien esto para algunos artistas podría ser fácil, para Madonna no lo es ya que, a lo largo de su carrera y de sus tours, prácticamente todas sus canciones ya han sido llevadas al nivel de la veneración popular, incluso por ella misma en sus previos conciertos en estadios. En este show hay, sin embargo, un golpe de timón ya que la mayoría de las canciones son del último y poco exitoso disco ‘Madame X’ y aquellas pocas canciones icónicas incluidas en el repertorio son excusas para intercalar una serie de fascinantes citas a su propio archivo que son lo suficientemente oscuras para diferenciar al espectador discerniente -e imbuido en estudios teológico-Madonnológicos- del fan gay irreflexivo que lo único que quiere es resistir el paso del tiempo repitiendo sin pensar lo mismo una y otra vez. Todo esto mezclado con intervenciones políticas lo suficientemente declamatorias en donde explicítamente y a mi juicio, innecesariamente, ella reclama, una y otra vez, su lugar como ícono cultural.

El hilo conductor del espectaculo gira entorno del multifacético personaje de Madame X que deriva, posiblemente, de Cindy Sherman pero en version dirigencial más afín a la personalidad alpha de quien la esgrime. Madame X es escritora, dueña de un burdel en Lisboa, de otro en Medellín, es jefa de Estado, cantante de fado y siempre está en control de todo. Es la capanga. El tema del control del uso de armas acompaña toda la narrativa y no sorprende que la primer canción sea ‘Gun Control’ en donde aparece como periodista de investigación  tipeando un poema de James Baldwin en donde, a tono de manifiesto, define su rol como artista cuya función es decir lo que la sociedad no quiere escuchar. Luego ‘Dark ballet’ la encuentra como una suerte de chanteuse perseguida por un par de bailarines vestidos como los enfermeros que retiraban los cuerpos de las calles durante las plagas medievales en alusión posible al SIDA que ella usa de plataforma para enviar su contradictorio mensaje de resistencia contra el sistema capitalista que ella misma encarna. Hasta este punto, el fuerte contenido declamatorio y teatralizante me alienaba pero de golpe vino el que, en mi opinión, es el primer gran momento del show: ‘Human Nature’.

‘Human Nature’ es un homenaje a la fotografía modernista y mas especificamente al rol de la fotografia en su carrera. Sin embargo, esta es la primer cita que construye archivo para el espectador discerniente ya que en sí mismo alude muy específicamente a la puesta de ‘Vogue’ en el MDNA tour mientras que en un instante aparece la silueta de una bailarina negra en el fondo proyectada gigantográficamente bailando   exactamente como Naomi Campbell en el video de ‘Erótica’. Sólo el conocedor podrá reconocer estas citas y en todo caso, exige un tipo diferente de ‘fanatismo’ más cercano a la teodicea que a la liturgia. Tras esto llega ‘su’ familia negra con otras bailarinas y cantantes y hacen de una manera muy casual una vesión feminista y pedagógica de ‘Express Yourself’. Digo pedagogica porque es introducida por ella como una lección que le daria a su hija para su vida. Este es el comienzo de un bloque con ‘Papa don’t preach’ muy vinculado a la cuestión del aborto y da paso a a ‘American life’ con ataud envuelto en la bandera norteamericana incluido atravesando el escenario.

Tras esto, se proyecta un mapa del Atlántico en tiempos del esclavismo para comenzar la parte de ‘música del mundo’ con las batuqueras de Cabo Verde seguido por ‘Killers were partying’ y una serie de canciones con parte de la letra en portugues en directa referencia al tiempo que paso en ese pais como ‘soccer mom’. De pronto, el escenario se transforma en un bar de fado para luego transformarse en un bar en Medellin con proyecciones de Maluma. Tras un par de canciones que no recuerdo viene uno de los momentos a mi juicio mas interesantes en los que ella figura en off.  Un grupo de bailarines colocados a modo de frizo en el escenario hacen una coreografia que si no me equivoco es la danza de la teletransportación de la serie OA de Netflix mientras en off Madonna dice unos versos de una oscura cancion de la Immaculate Conception llamada ‘Rescue me’. Nuevamente, Madonna tematiza el archivo y define a un espectador mas reflexivo, tranquilo y preocupado por el ejercicio de la propia memoria entorno de su propia vida incluso a traves de aquellos dispositivos que como en la serie OA pueden detener el tiempo. Y eso es exacamente lo que todos los presentes, en algun momento, deseamos.

El mejor momento del espectáculo es ‘Frozen’ en donde su hija baila mientras ella canta suspendida en la oscuridad del fondo. Durante la performance hay un par de momentos en el que madre e hija coinciden en la pose y ese momento marca de manera suficientemente matriarcal un punto de conexión entre pasado y futuro que es, sin dudas, el tema del espectáculo. En épocas de amnesia, Madonna apuesta por la memoria. J A T

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