El discurso presidencial en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional debe colocarse en el contexto de la, ya anunciada por este blog, metamorfosis del gobierno K en un gobierno de centro derecha con una fuerte impronta cultural esquizofrenica. La primera reseña hecha por este blog a comienzos del gobierno de Alberto Fernandez contenía un análisis cultural que ponía el foco en el modo en el que el nuevo gobierno, en la transición tras la asunción, actualizaba la mística Nestor-ista con una patina pop a través de la incorporación de Tinelli a algunos proyectos de acción social y del travestismo instagrammer del hijo del presidente presentado como politica de identidad. Como advertimos en ese primer momento, esta estrategia se daría de frente contra el kirchnerismo histórico representado por Máximo y Cristina en Diputados y en el Senado, respectivamente, y podía permitir vislumbrar lo que, al menos, en aquellos primeros momentos podía preanunciarse como un enfrentamiento intra-gubernamental entre poderes.

Sin embargo, la urgente realidad de la deuda arrasó con esas sutilezas palaciegas y lo que estos meses pusieron en evidencia fue la verdadera naturaleza de la coalición gobernante como embanderadas en un pragmatismo gris que por un lado se propone vaciar a la figura presidencial de todo tipo de carisma para evitar tener que confrontar con Cristina, la otra figura fuerte del gobierno; quien, a su vez, ha venido bajando su impronta personalista. Es más, las apariciones de la Primera Dama, Fabiola Yañez, han sido tan funcionales y profesionalizadas que uno tiene la impresion que no son personas sino robots cumpliendo sus tareas en piloto automático. A primera vista, este vaciamiento de las personas sumada a la creación de un gobierno de cientificos del CONICET como epitomización del hombre gris en tanto sujeto con poca experiencia, dependiente del sueldo público y melancólico por definición no suena muy peronista que digamos. Es más, parece ir en la exacta dirección contraria a lo que el peronismo ha hecho desde sus orígenes. Hasta aqui el análisis cultural ya que con cultura no se paga una deuda externa aplastante y es precisamente esa realidad la que hizo que el gobierno tuviera que tomar medidas que, más allá del impuesto pais y el aumento de las retenciones, parecen preparar al país hacia un golpe de timón hacia la derecha consensuado con el FMI.

Si nos guiamos por los anuncios, estos son cambios que están sigilosamente siendo preparados. El primer indicador es, nuevamente, cultural y lo sugirió el mismísimo Presidente hace un par de semanas cuando patinó respecto de las politicas de la memoria acercandose al negacionismo de los horrores de la dictadura al decir que ‘hay que dar vuelta la página’. Frente a la reacción de los sectores involucrados, el Presidente salió a pedir disculpas disfrazando sus palabras en la figura retorica de la ‘equivocación’. Sin embargo, el sorprendente rol honorifico que recibió el ex Presidente Carlos Menem en el discurso presidencial en la apertura de sesiones ordinarias al anunciar colocar el busto del ex presidente en la Casa Rosada debe ser entendido en este contexto de politica de ‘olvido’. Recordemos que fue precisamente Menem el factótum de las leyes del Indulto y del Punto Final. En este punto, el giro que Alberto Fernandez hacía respecto de Nestor Kirchner, frente a la mirada complaciente de Cristina y su hijo, era de apróximadamente cientochenta grados.

Es aqui donde lo cultural da lugar a las estructuras magmáticas que hacen que la representación simbólica adopte una forma y no otra ya que entre los anuncios del Presidente hubo uno que me pareció particularmente relevante y fue la decisión del gobierno de disolver el oligopolio de Comodoro Py para transformarlo en un fuero federal más amplio, federalizando parte de los juzgados del fuero ordinario penal, es decir, el fuero que en la Capital Federal atiende los delitos penales ordinarios. La idea de Fernandez es convertir a parte de esos juzgados nacionales del fuero ordinario en juzgados federales que tendrían competencia en casos de corrupción y narcotráfico, por ejemplo. Esto terminaria siendo una nueva Justicia Federal de la Capital Federal. Pero el quid de la cuestión es que de los sesenta juzgados nacionales que se van a federalizar, treinta están vacantes y esas vacancias serían llenadas por Don Porfirio. La federalización de esos juzgados le permitiría al gobierno de Fernandez designar treinta jueces federales nuevos. Tambien se está pensando en una reforma del reglamento del Consejo de la Magistratura que aceleraría tales designaciones pasando de tardar dos años a solamente uno. El hombre gris Fernandez llegaría a su tercer año del gobierno dejando una impronta fuertísima en el Fuero Federal cuyo verdadero poder en las sombras es Cristina Kirchner por una sola razón: ella controla el Senado.

Ahora volvamos al análisis cultural. Mientras que las internas del gobierno durante el Menemismo tenían la impronta de una telenovela de la tarde con mujeres despechadas echadas en vivo de la Residencia de Olivos y favoritos caídos en desgracia como Domingo Cavallo pasamos al Kirchnerismo que en lugar de una telenovela se transformó en una estudiantina con el Presidente lastimandose la frente al abrazar y saltar con sus ‘compañeros’ para luego convertirse con Cristina, literalmente en la competencia de los programas de divas como Susana y Mirtha en la forma de las cadenas nacionales. El vaciamiento del personalismo de Aníbal Fernandez coincide con la desaparición de la televisión en manos de una eterna cacofonía en forma de eco de los programas de chimentos que tomaron todos los espacios incluyendo, desde ya, a los programas politicos. Los programas politicos ya no tienen de qué hablar porque para que haya chimento tiene que haber heroes y villanos por lo que todos terminamos encontrando villanos en los lugares más inesperados que, casualmente tienen que ver con otro tipo de vaciamiento: esta vez con el de las políticas de identidad. Este es el momento de las Jimena Baron, Amalia Granatas, Luli Salazar y Gisella Barreto. El debate politico se transformó en un eterno twitteo botinero. Tal vez por eso, mientras Don Porfirio piensa en avanzar sobre los juzgados federales, se abraza al proyecto de legalizacion del aborto como política de estado frente a la apatía de una sociedad que hace dos años se fracturaba entorno del tema y a la que hoy ya parece no importarle. Lo que queda claro es que el gobierno se prepara para un viraje hacia la derecha con un consenso social de ambos lados de la grieta para poder evitar el default y contener el descontento social con el aval del FMI. Para hacer esto recurre a la paradoja del reconocimiento de Menem y el abrazo del #NiUnaMenos. Lo que se viene son tiempos de mucho ajuste y mucha esquizofrenia. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LA RELACION ENTRE ESTETICA Y POLITICA