‘Género fantástico’ es la muestra que la ex galerista Larisa Zmud curó en el Centro Conti en el marco de los festejos de un políticamente cargado Día de la Mujer. Digo, políticamente cargado, en el sentido de que, en sentido estricto, el punto de fuga de este tipo de feminismo es más la consolidación de una identidad de género fundada en criterios biológicos de orígen que la puesta en cuestión de la estructuras institucionales y mentales que hacen que el patriarcado se reproduzca ‘naturalmente’. En la Argentina actual, como en los Estados Unidos de fines de la década del sesenta, el feminismo equivale a compensar los siglos de exclusión mediante la inclusión de la mujer en tanto cuerpo representado en tanto cuerpo visible. Desde este punto de vista, arte de género equivale a arte hecho por mujeres o que representa mujeres (o fragmentos de ellas). Esta necesidad bulímica de visibilidad sorprende en un país que viene de tener una mujer Presidente y viene de votarla como verdadero poder en las sombras.

Zmud comienza su muestra con una serie de obras de Osías Yanov compuestas de un objeto escultórico performativamente usado en una de las tres imágenes expuestas en las que se v ve un cacharro pre-colombino con formas humanas en pose de penitente o una imagen digital de un brazo con la mano en forma de garra geométrica, dispuesto constructivamente. Esto genera en el espectador un extrañamiento de su propia corporalidad lo que lo empuja a reacomodar la conciencia de su propio cuerpo respecto de lo representado y permite asociaciones mentales con la violencia ejercida sobre los cuerpos femeninos como garantes de la reproducción del sistema social. Si la experiencia femenina es una experiencia exaltada de la corporalidad o, al menos, diferenciada; la obra de Yanov va en la dirección correcta a pesar de caer preso de su propia fascinación estetizante con su propio queerismo. Habiendo dicho esto, cualquier obra que se oriente a una corporización del ojo respect a la violencia social sobre los cuerpos en un espacio como el de la ESMA es bienvenida.

El video de Aimé Zito Lema se sale de la queerización del modernismo buscada por Yanov para caer en una suerte de literalismo feminista en donde aquello a lo que se alude es representado de manera tanto directra como alegorica en pantallas de video. El video de Zito Lema comunica de manera ilustrativa la relacionalidad de lo femenino en tanto sororidad y la inclusión de la forma tiene que ver con la adaptación de la presentación a lo que, en la actualidad, se considera como ‘arte contemporáneo’. Este tipo de ajuste a los requerimientos del ‘mercado’ no es, desde mi punto de vista, algo queer sino, muy por el contrario, una afirmación del statu quo ofreciendo un producto (de tono feminista) que ese mercado parece requerir para asegurarse que el sistema patriarcal sigue vigente.

Luego temenos la obra de Valentina Liernur, una ‘hija de’ quien presenta tres cuadros muy convencionales en tanto que aproximan al feminism de un modo oficialmente aceptado. El primero es el retrato de una mujer en pose desafiante filtrado a través de lo que parecería ser sangre menstrual mientras que en los otros cuadros, Liernur incluye dos comentarios al Expresionismo Abstracto a partir de la inclusion de un cierre (de mercería) como comentario {más material) de los ‘zip’ con los que Barnett Newman estructuraba sus composiciones. Hay algo oportunista en este tipo de ‘feminismo’ de comentario ya autorizado de la obra ‘machirula’ canónica hecho por una artista cuya presencia institucional (en el Di Tella) viene asegurada por su padre (el arquitecto Pancho Liernur quien, además, es íntimo amigo del padre de Inés Katzenstein y quien les facilitó a sus hijas dicha plataforma) lo que transforma su participación en una performance machista que no hace más que afirmar que las reglas de la herencia en tanto condición sine qua non de la reproduccion social patriarcal están más vigentes que nunca. Esto en el Conti es un grave, gravísimo error, de Zmud quien trae el Di Tella y la logica del mercado patriarcal a un ámbito que debería mantenerse al margen de esto.

El caso de Jazmin Berakha es conservadoramente alegórico y representativo ya que estructura sus imágenes a partir de fragmentos corporales femeninos de una forma estrictamente decorativista en la línea de Henri Matisse, por ejemplo. El uso constructivista de fragmentos corporales (obviamente femeninos -aunque no debería ser tan obvio) entra curatorialmente en diálogo con el constructivismo antropomórfico queer de Yanov. Lo específicamente feminista de su obra es la alusión a lo textil -que vale decir, es solo superficial- y que la coloca muy cerca de cierto esencialismo en donde lo femenino es reducido a una cuestión de estilo. Las pinturas de Ariel Cusnir son sorprendentemente centralizadas en un juego queerizado de alusiones a los esencialismos pictóricos norteamericanos del feminismo de finales de la decada del sesenta y, más específicamente, en la tradición de las pinturas vulvas de Giorgia O’Keefe. Finalmente, Victoria Colmegna presenta unas back lights en los que se superponen imagenes femeninas con texto tan literales que no hay demasiado para decir.

A esta altura uno debe agradecerle a Zmud el haber incluído dos hombres en una muestra de ‘género’. Sin embargo, ese es el único gesto queer de la curadora ya que la incorporación constante de iconología femenina y la busqueda facilista de ‘feminizar’ la obra de machirulos de la historia del arte por parte de artistas cuya propia existencia está garantizada por su pertenencia a un circuito social a partir de criterios de reproducción social como la herencia son errores de los que es difícil reponerse. Así mismo creer que se hace feminismo instando al espectador a decodificar significado ‘femenino’ atrasa, al menos, treinta años pero este parece ser un circulo vicioso del que el feminismo artístico argentine no sabe cómo salir. Uno tiene la impresión de que Zmud se lanzó a la curación de este grupo por afinidad y amistad y no por convicción lo que no es muy feminista que digamos. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LA RELACIÓN ENTRE ESTÉTICA Y POLÍTICA