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Buenos Aires @hachegaleria @baggio.gabriel

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La muestra de Gabriel Baggio en Galería Hache es, según él, ‘una historia hermosa’ que ‘se cruza con una lectura de Baigorria de hace unos diez años en la que hay una escena en la que él mata a un oso lo que plantea la cuestión de cuando uno tiene que matar para sobrevivir. Allí hace una diferenciación entre matar o morir y matar y morir’. Esto es dicho por Baggio con su tradicional amaneramiento palermitano, vestido con una camisa tropical, un corte de pelo a medio camino entre el carré y el corte militar y con un vaso de vino blanco de vidrio bien grueso en la mano. Mirando a la cámara de Bruzzone, Baggio agrega: ‘… y trabajando otros temas como la cuestión de la muerte, de los degollados en la historia del arte, me puse a cruzar esas dos situaciones y se fue armando un cocktail para el que fuí llamando a Osvaldo para que aportara un texto y se prendió’. Con buen tino, Bruzzone le pregunta: ‘Entonces la muestra es sobre el libro (de Baigorria)’ a lo que Baggio responde: ‘No, la muestra es sobre qué lugar tiene el acto de matar en la cultura occidental’. Es decir que usando el texto de Baigorria como disparador, la muestra de un artista que ha usado los azulejos como materiales en las diferentes variantes del kitsch y el camp como puesta en tension de lo decorative se dispone a reflexionar sobre ‘el acto de matar y la muerte, en general, en la cultura occidental’. Baggio salta del gesto a la filosofía.

Desde ya, este salto de la puesta en parodia de los aspectos decorativistas del medio del azulejo y la cerámica a una reflexión de los modos de matar de Occidente puede parecer un salto demasiado grande aunque no deja de ser interesante si Baggio logra negociar su lugar (y para esto, tiene que tener la valentía de hacerse cargo de ese lugar) en ese proceso. Digo esto porque el modo en el que filtre dicha contextualización de sí mismo en relación a tan grandilocuente tema será la clave para entender el por qué de la elección de ese texto en particular (la obra comienza allí) y la relevancia de su puesta en circulación en este momento (qué hace con ese texto). Dicho de otro modo, desde el punto de vista de su obra anterior, es muy difícil que Baggio sea el artista que pueda reflexionar sobre la condición de la muerte como pauta de supervivencia. Lo que sí puede hacer es reflexionar y equivocarse frente a nosotros al intentar hacerlo y transformer ese fracaso en un evento estético y ético.

El espectador apenas entra es confrontado con una pared celeste con el texto de Baigorria muy pobremente colocado sin los espacios suficientes para que la mirada del espectador fluya. Es literalmente un bodoque de letras. A su izquierda se ha colgado el boceto de una obra que no está en la muestra y que es un mural gigante modelado en fragmentos de ceramica a modo de collage en el que se ve un rejunte de figuras icónicas de la historia del arte con gente matando o siendo muerta. Si bien consider al collage como un medio fascinante en tanto capaz de evocar memorias y traumas de manera instántanea, en este caso las partes del collage no remiten a la vida del artista ni siquiera de la cultura en la que emerge sino que se presentan como un rejunte de símbolos de la historia del arte que ya vienen filtrados por su iconicidad al punto que estetizan y vacían el sentido de ‘la muerte y ser muerto’. Habiendo dicho esto, es particularmente relevante la inclusión en un lugar prominente de la Madonna del Armiño de Leonardo da Vinci que no tiene nada que ver con la muerte pero que precisamente por eso apunta a cierta identificación con el artista como sujeto ‘refinado y distante en contacto con la materialidad del mundo animal’. Esta domesticación del mundo animal es un tema fundamental de la muestra. Dicho de otro modo, el regodeo camp de la crueldad se agota allí y me obliga a historizar el concepto de ‘amaneramiento’ ya que cuando digo que Baggio es ‘amanerado’ es precisamente eso lo que hace potencialmente interesante a su proyecto. La cuetión es, en realidad, la de qué tipo de relación se establece entre ese ‘amameramiento’ como condición material de la existencia y la realidad (política) del ser gay. Una clave para entender esto es que cuando explica el destino del mural ausente a Bruzzone, le dice: ‘lo quiero mostrar en un lugar más clásico porque es hiperrealista en el sentido de renacentista’. Estos comentarios denotan cierta falta de rigor en su conocimiento de la historia del arte pero más allá de esto debe aclararse que lo único renacentista son los originales de las citas fragmentarias y vale decir que el proyecto del mural no es tan mega ya que no es concebido como una unidad sino como un rejunte de piezas menores unidas sin mayor criterio que el rejunte. Es esta supuesta ambición un intent de, finalmente, acceder a alguna institución que pueda sacarlo del constante ida y vuelta por el circuito de galerías de Villa Crespo?

Un atisbo de respuesta es el mural que el artista coloca en uno de los extremos de la sala que es la tela que usó para sostener el mural original (que, insisto, está ausente en la muestra). Las figuras y contornos que pueden verse son los hongos que fueron quedando de la otra obra. Lo que vemos es una suerte de sudario de sus fragmentos representando ese catalogo artístico de los modos de muerte y es en ese punto en el que Baggio se anima a mostrar el lado B del camp y el amaneramiento. Los hongos están delimitados por líneas fucsia hechas con marcador y proyectan la presencia por contacto de lo allí previamente existente. Este mega-sudario transforma a Baggio en una suerte de enfermero de esos muertos (figuras de la historia del arte representando muertos) a los que vacía de épica para inyectarles (al menos, según él) tragedia. Cuando el artista habla de esto queda claro que la motivación ha sido estilística sin conectar con posibles referencias como el SIDA, la precarizacion y la exclusion de fantasmas transformados en hongos por una sociedad negadora. Todo esto es algo que queda excluído del mundo literario/filosófico/pseudo-erudito de Baggio que se presenta como una burbuja para la evasion mediante una supuesta reflexion sobre los límites entre la vida y la muerte. La pregunta es de qué lado está Baggio: de la negación o de la denuncia. El camp de Baggio está al servicio de un modelo normalizador e integrador del gay al servicio de la distracción o se presenta como una excusa para reforzar una idea de lo ‘erudito’ entendido como la clase media de ese barrio puede llegar a entenderlo?

La sala siguiente es directamente confusa que ya está copuesta de platos de ceramica dispuestos para reproducir la constelación que tanto él como Baigorria veían desde el Hemisferio Sur y Norte respectivamente mientras hacían sus obras. Nuevamente el camp aparece, esta vez no como estilo sino en la escena referenciada en la que uno puede imaginar al artista mirando el cielo conectandose con el macho cuya masculinidad al palo lo inspira (la de Baigorria) a través de las estrellas. A riesgo de caer en psicologismos que nunca llevan a buen puerto en materia de interpretación, la obra en la que todo converge es una tempera en color fucsia fluo del oso, en cuestión, en el momento de ser muerto por el Über-Mensch Baigorria. Lo interesante de esa tempera es el punto de vista que coincide con la posición del hombre prácticamente avalanzado sobre él como si estuviera haciendole el amor. A lo que Baggio nos enfrenta es a un oso camp que está siendo muerto por un macho cuyo asesinato, por venir del macho, significa algo. Con este acto de sumisión camp se completa una muestra en la que Baggio presenta un catálogo de vinculaciones entre ‘amaneramiento’ y ‘la condición del ser gay’ sin objetivos claros. Uno tiene la sospecha de que la intencionalidad en la obra de Baggio se maneja en un nivel de análisis superficial y que el camp en él remite a ello. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LA RELACION ENTRE ESTETICA Y POLITICA