Estos últimos dos días publiqué en mi cuenta de Instagram un par selfies sacadas durante mi corrida nocturna por las playas de Copacabana, uno de los placeres que ni siquiera el Coronavirus aún me ha conseguido quitar y que, desde ya, no plantea ningún peligro ni para mí ni para nadie al ser al aire libre y rociado de alcohol en 70% al comenzar y al terminar.  Me encuentro en Rio, con el nerviosismo comprensible de estar en un lugar en el que, más allá de mi pasado Bahiano, soy extranjero y estoy solo. De hecho, no tan solo porque el destino y la casualidad hicieron que coincidiera con Gareth, un amigo inglés con el que volaremos en el mismo vuelo de repatriación por British Airways este jueves.

De entrada me llamó la atención el modo en el que algunos reaccionaron a mis fotos en playa. Algunos dijeron: ‘cuidate’ e incluso ‘no salgas’. Otros, como mi compañera de escuela primaria, macrista furiosa del barrio de Flores, Natalia Bendahan gritó: ‘ilegal’. En privado una musculoca se atrevió a hablarme más mano a mano diciendo: ‘Cañete, buenas noches. Te lo tengo que decir. Sé que buscas poner el dedo en la llaga pero en este momento el mundo está en cuarentena… no podés subir fotos en la vía pública, no sos ejemplo y vos sos persona de ser ejemplo. Mi humilde opinión. Fuerte abrazo’.

En Rio, para bien o para mal, en este caso, entiendo que ‘para mal’, los términos de la cuarentena son relajadísimos aunque a medida que pasan los días los negocios se van cerrando y la gente se va guardando. En cuestiones de cuarentena, mi referente es Lady Galati quien viene desde hace, al menos, dos semanas en lockdown, ni mas ni menos que en Milán y ella me cuenta que una vez por día, baja a la placita de frente a su casa a correr. En su discurso Boris Johnson instó a los ingleses a hacer lo propio y una vez por día, salir a hacer ejercicio.

La experiencia europea para la musculoca es un mal ejemplo ya que, según él: ‘ así están los índices’. Este chauvinismo contra lo extranjero y especificamente lo europeo (que ha sido lo que bulímicamente los argentinos han deseado volver a ser desde sus orígenes) y el jacobinismo de la cuarentena purista argentina llaman profundamente la atención porque generan un tipo de transacción entre sociedad civil y sociedad politica que resulta, al menos, preocupante. Lo que el gobierno no ha considerado en esa transacción disfrazada como ‘la emocionante e increíble solidaridad de los argentinos’ es la salud mental de su población. Ayer, de hecho, comencé a recibir mensajes de lectores que ya denotan cierta precarización  del estado emocional y psíquico. Alguien me dijo por ejemplo que hizo yoga online sobre la cama ‘por miedo a tocar el piso e infectarse’.

Los argentinos deben ser conscientes que están dando al sector político su sanidad mental a cambio de ajustarse a la tétrica realidad (forjada por el incapaz sector politico) de no contar con un sistema de salud que pueda mínimamente resistir una epidemia. Esto no puede ser leído como una victoria nacional sino como la patética realidad de una nación de rodillas y, lo que es aún más grave, lo que está ocurriendo en la argentina es que culturalmente transformaron un virtual estado de sitio (destinado a evitar el desborde social frente a la incapacidad total del sector politico) en ‘un acto solidario’. Esto es algo que tiene que ser dicho el 24 de marzo porque el modo en el que la cuarentena argentina ha sido mansamente aceptada por los argentinos está relacionada con el modo en el que pasivamente integra como propio algo que le es violentamente impuesto desde afuera y ya ni siquiera puede reconocer como tal. No se confundan, los terminos en los que la cuarentena está planteada equivale a un estado de sitio y ese estado de sitio está orientado a garantizar que aquellos que no pueden comer durante la cuarentena carezcan del más mínimo margen de legitimidad como para poder protestar. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA LA MUESTRA DE LA CACA

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!