ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE POLA OLOIXARAC

Un falso debate se cierne sobre la pandemia: autoritarismo versus democracia. China estaría logrando contener la epidemia Covid gracias al despliegue de su aparato estatal, que le permite ubicar a sus ciudadanos en el tiempo y el espacio, trazando sus trayectorias de contagio y aislando a los contagiados, con mucho más éxito que Europa, presa de su individualismo liberal, respetuoso de la libertad.  Pero hay un problema en la premisa: es un error pensar que la privacidad existe en Occidente. Nuestros datos son almacenados por compañías como Google, Facebook y las telefónicas en silos a los que no tenemos acceso –tampoco en una pandemia. Las compañías de telecomunicaciones hacen dinero con nuestros datos a nuestras espaldas, y eso no nos parece un problema porque, en nuestra experiencia, esto solo se traduce en recomendaciones y “sugerencias”. La diferencia es que no nos consideramos ciudadanos de Google, ni hemos votado jamás por Mark Zuckerberg. Es algo hipócrita o naïf pensar que nuestra libertad, en tiempos de capitalismo extractivista, se apoya en principios tan distintos a los que mueven el engranaje estatal chino. Todos entregamos nuestros datos de manera ciega. Solo que la misma tecnología de recabar datos en el caso chino se encuentra centralizada, y esa centralización, en el caso de una pandemia, regresa a los individuos en forma de una ventaja. ¿No deberíamos exigir a las compañías y entidades, que tienen esta información, que la vuelvan relevante para nosotros? ¿Por qué naturalizamos la entrega de datos, sin esperar nada a cambio? ¿O algo que sea más relevante que una recomendación marca de papel higiénico basada en mi historial y el de mi grafo social?

Los invito a 1. entrar en Mycovidrisk.org y compartir su historial de locación de Google, 2. persuadir al Gobierno para que accedamos a los historiales de locación de los infectados. Estos permanecen anónimos: contribuye a democratizar la información y protegernos.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL CORONAVIRUS EN EL CONO SUR