ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ‘EL CONFIDENCIAL’

La expansión del coronavirus en Estados Unidos nos está dejando imágenes impactantes sobre cómo el país se está preparando para enfrentar a la pandemia. Hace unos días, se hizo viral una de ellas en la que podíamos ver un barco hospital llegando a la costa de Nueva York bajo un día nublado. Esta fotografía reunía a la perfección parte de ese imaginario apocalíptico del que se han nutrido muchísimas películas sobre desastres climáticos o posibles finales de la civilización.

Recientemente, ha saltado la noticia de que el Ayuntamiento de la ciudad neoyorkina, que preside Bill de Blasio, ofrece trabajo a los prisioneros de Rikers Island. Según informa ‘The Intercept’, este equipo de reclusos cobrará seis dólares por hora para a cambio de encargarse de ayudar a cavar fosas comunes en Hart Island. El portavoz del Consistorio, Avery Cohen, se ha apresurado a decir que esta actividad profesional no está enmarcada como “excepcional ante el avance de la Covid-19”, sino que los presos llevan años cavando tumbas en dicha isla.

Lógicamente, la noticia no ha hecho más que aumentar las preocupaciones sobre los pronósticos tan negativos que tiene la población estadounidense sobre el elevado número y muertos que habrá en las próximas semanas ante el avance imparable del coronavirus en el país, y más concretamente, en sus grandes ciudades como Nueva York. En el último día de marzo, las cifras de infectados han colocado a Estados Unidos como el país con mayor número de infectados.

Según datos de la Universidad John Hopkins, ya son más de 160.000 las personas contagiadas por la Covid-19, lo que ha forzado a Donald Trump a extender recomendaciones de distanciamiento social hasta el 30 de abril. Las autoridades sanitarias del país, por su parte, advierten de que podrían darse hasta 200.000 víctimas mortales en las próximas semanas.

Por el momento, Nueva York es el mayor epicentro de la pandemia de coronavirus, con 38.000 personas infectadas y más de 914 muertos al cierre de marzo. La oferta de trabajo para los presos está dirigida solamente a aquellos con condenas firmes. Hart Island figura en un informe de 2008, elaborado por la Oficina del Jefe Médico de la ciudad, en el que se reconoce que sería uno de los mejores lugares para alojar los cuerpos de fallecidos ante cualquier catástrofe o pandemia. Desde entonces, existe allí un cementerio público que ha sido mantenido por el trabajo penitenciario.

Sin embargo, según dicho informe, Hart Island “tiene un espacio de entierro limitado y es posible que no se pueda acomodar una gran afluencia de difuntos que requieran entierro”. El plan de preparación y adecuación del cementerio realizó unas estimaciones sobre la posibilidad de un 25 a un 35% de la población infectada con una tasa de mortalidad del 2%. El departamento funerario de la ciudad propuso emplear el llamado “método de internamiento masivo temporal”, el cual consiste en colocar los ataúdes en una fila de diez, de pies a cabeza, para no apilarlos unos encima de otros.

Aunque no se han pronunciado, la noticia ha debido suponer un gran alivio para los prisioneros, ya que se prevé que uno de los mayores focos de contagio de coronavirus sean las cárceles de Estados Unidos. Cohen reiteró que aquellos que participan en la labor de cavar tumbas usan equipos de protección individual (EPIs) que allí se llaman Personal Protective Equipment (PPE).

La cárcel de Rikers es conocida por ser una de las peores cárceles de la ciudad. “Hay una situación en la que los protocolos dictados por los Centros de Control de Enfermedades no se obedecen: los lavabos están rotos, no hay desinfectante de manos, la gente no tiene acceso a jabón, y cuando se les ha exigido practicar el distanciamiento social tienes un ambiente en el que duermen 100 personas juntas en una misma sala”, ha declarado Justine Olderman, directora ejecutiva de una organización pública que defiende a los presos llamada Bronx Defenders, a ‘The Intercept’.

Según los datos de la Legal Aid Society, el funcionariado de la prisión no ha hecho caso de las amenazas de que la pandemia se pueda extender, en una cárcel como Rikers que alberga a cerca de 4.600 reclusos y tiene una tasa de contagio del 3,6%.

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