El Presidente puso ayer el grito en el cielo tras ver por todos los canales de televisión cómo dos semanas de cuarentena eran tirados por la borda en medio día. Haber hecho que los jubilados fueran en masa a los bancos a cobrar sus jubilaciones, el mismo día y a la misma hora, puede ser visto como un holocausto programado, como una estupidez o como un mero accidente depende del lado del espectro ideológico en el que decidamos ubicarnos. Lo que la ideología no puede tapar es la evidencia de una decisión que habiendo sido tomada o deliberadamente no tomada (es decir, por omisión) expuso al grupo más vulnerable de la sociedad a un virus que seguramente lo matará. Si bien el argentino de clase media tiende a amnésicamente olvidar que vive en un país estructuralmente asesino (primero de indios, luego de militantes de izquierda): lo que ocurrió ayer fue un acto biopolítico y más específicamente tanatopolítico de una hija de putez poca veces vista o, mejor dicho, vista en 1880, 1944, 1955, 1973, 1976, 1982 y 2001.

Jorge Rial posteaba hace unos días en Twitter el orgullo que sentía por haber elegido a un verdadero estadista a cargo del Ejecutivo en octubre pasado. En esto Rial, no estaba solo y, con buen sentido de olfato mediático, canalizaba el sentir de un amplio sector de argentinos cultural y productivamente precarizados. Uno debe suponer que tamaña aseveración estaba determinada por la rápida performatividad con la que Fernandez había decidido decretar una cuarentena total con la que decidió paralizar el país sin más resto que el simbólico para hacerlo. Este capital simbólico se orientó a alquímicamente transformar el eterno complejo de inferioridad del país que pudo ser y no fue por un renovado sentido de la propia virtud frente a una Europa envejecida y pestilente. Esto, al punto de poner en cuarentena automática a aquellos que hubieran osado visitar recientemente esos paises más allá de que tuvieran sintomas que lo justificaran o no. En Argentina la parálisis, lógicamente y por fín, se transformaba en virtud cívica. De la noche a la mañana, los argentinos habían transformado su autoconfinamiento en una ficción de pueblo previsor y solidario que en este blog inmediatamente homologamos con ‘la gesta’ de Malvinas. La realidad del caso es que, mientras todo un país sacrificaba libertades (salir a caminar una vez por día para mantener la salud mental, por ejemplo), al mismo tiempo, maduraba un lado fachista y linchador en el que, llegaba al punto de echar a médicos y enfermeros de los consorcios de los edificios por miedo al contagio al tiempo que se amenazaba a viva voz a todo aquel que decidiera salir de su casa. En medio de esto, el Presidente-Estadista cumplía años y la Argentina se felicitaba por tenerlo al punto de que Rita Segato, cual Papisa, lo ungía Conde Palatino del Feminismo Latinoamericano considerandolo Edípicamente como un ‘Presidente Maternal’. Pero volviendo a Rial, su decisión de felicitarse por el Presidente que eligió puede tambien haber sido de tipo comparativa si imaginamos el modo en el que esta situación hubiera sido manejada por Mauricio Macri y Gabriela Michetti. Probablemente las diferencias hubieran sido de grado con un manejo comunicacional y simbólico mucho más pobre que el peronista.

En el blog he venido percibiendo como la construcción de esta identidad chauvinista y linchadora de los argentinos como ‘derechos y humanos’ va de la mano de un recrudecimiento en los excesos policiales explícitamente autorizados por un Presidente que en su mensaje a los argentinos de hace una semana amenazó a su pueblo Hobbesianamente: ‘si no lo cumplen sólos, ustedes me dieron la potestad de obligarlos a que lo cumplan’. Un presidente puede sugerir la amenaza (‘no es una sugerencia sino una instrucción’) pero la necesidad de hacer explícita la violencia de la que es capaz habla de un tipo de inseguridad preocupante o, mejor dicho, de alguien que sabe que no es quien toma las decisiones. Entonces no dudé en calificar a Alberto Fernandez de ‘hijo de puta’. Sin embargo, mea culpa porque yo tambien soy parte de esa amnésica generación de clase media argentina post-menemista que, a pesar de la evidencia, vive convencido de que los argentinos somos realmente ‘derechos y humanos’ y que las cosas ocurren por ‘accidente’. Digo, a pesar de la evidencia porque nuestro país está construido sobre la desaparición de los indios y de 30 mil compatriotas sin mencionar las decenas de miles que murieron de SIDA durante la decada del ochenta o y los cientos de miles de hambre desde el menemismo en una sociedad que ha adoptado como una de sus caracteristicas culturales el mirar para otro lado. A pesar de esto, cuando algo como lo ocurrido ayer pasa, mi primera reacción es dar al gobierno el beneficio de la duda y pensar que fue un accidente y no sólo un error de una administración ‘bien intencionada’ sino de alguna persona a la que, inmediatamente, uno comienza a disculpar ya que ‘a cualquiera puede pasarle’. Por eso, es fácil empatizar con el Presidente Estadista a quien… pucha… ‘algo le salió mal’ y con razón, está enojadito…

Pero quién puede pensar que los jubilados argentinos en el contexto de su desprotección y extrema necesidad se van a quedar en cuarentena y no ir a cobrar y de hacerlo, ir con calma. Quién puede creer que los ciudadanos argentinos pueden cuidarse solos y autoplanificar su llegada al banco de manera prolija y escalonada cuando los medicamentos que tienen que comprar y las comidas que deberian haber ingerido ya comienzan a evidenciar la falta en su cuerpo. Quién puede creer que los jubilados podrán hacer una cola socialmente distanciada sin que alguien se les cuele o intente robarles cuando la falta de proteinas y el exceso de miedo seguramente los marea y los anestesia. Los únicos que pueden pensar esto son los miembros de una clase política totalmente divorciada de la realidad. El Presidente mismo, casado con una vedette, ha sido un lobbista que, precisamente por eso, fue elegido por la ahora desaparecida Cristina Kirchner para gobernar.

La pregunta es entonces: quiere Fernandez que se le llenen las morgues de jubilados en diez días o su estupidez es funcional a un diseño biopolítico que incluye, frente al colapso evidente del sistema de salud y previsional, la necesidad de eliminar a precisamente ese sector de la población que, hoy por hoy, molesta al sistema. Probablemente lo segundo. La pregunta es quién calcula en la Argentina tras la fachada de grititos iletrados de los Fantinos y las Novarecios de turnos en la TV, los ataque de concha de las Ofelias feminazisz que acceden a puestos de cientos de miles de pesos sin título secundario (que, dicho sea de paso, es exigido con dedo levantado a una cajera de supermercado) y los ‘cientificos’ de cabotaje como Kicillof y los grupos que rodean a Fernandez que en su ensimismamiento y falta de sentido común se olvidaron de sumar uno mas uno al momento de asegurarse que los jubilados tuvieran para comer durante la cuarentena. El resultado es el asesinato en masa product de una estupidez calculada pero no por ellos. Dicho de otro modo, cuán estúpido se puede ser y cuando la estupidez se tranforma en una estrategia para la eliminación de un sector de la población.

Quién calcula en la Argentina? Quién maneja el vinculo entre la salud y la producción? Porb que los acuarentenados terminaron en hoteles de sindicalistas y Coty Nosiglia? Por qué en medio del horror, el Presidente no tuvo otra alternativa que usar su renovado capital politico para ungir a Moyano como heroe nacional? Dónde está sentado el tipo con las proyecciones y cálculos que guían las verdaderas decisiones de la política? En este momento, el exceso policial y la estupidez equivalen a hacer desaparecer. No te equivoques. La historia se está repitiendo y vos ya empezaste a mirar para otro lado. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL CORONAVIRUS DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL HIV