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El discurso de la Reina Isabel II de ayer tuvo un destinatario muy específico: ‘el resiliente y virtuoso espiritu británico’. Por supuesto, esto es una ficción que viene convenientemente siendo usada, de manera chauvinistica, una y otra vez, en momentos de crisis o, mejor dicho, cuando algo externo al Reino Unido amenaza la imagen que tiene de sí. Desde ya, la relación entre Isabel II y este complejo de inferioridad britanico ha sido sorprendentemente productiva y directa ya que su reinado coincidió no solo con el desmembramiento del imperio sino con el apuntalamiento de un complejo de superioridad transformado en su opuesto en pocas décadas. El rol de la monarquía no ha sido menor y por eso ella es tan querida ya que lo que hizo fue apuntalar a puro capital simbolico (es decir, a golpe de cortinas de humo) la inexorable irrelevancia de este pais en el escenario internacional. Para ser mas especifico, su trabajo fue acompañar con pompa y circunstancia los intentos de sus debiles Primer Ministros de ponerse bajo el ala de Washington. En eso fue increíblemente efectiva. Mediante su uso de la TV y las nuevas tecnologias desde el momento mismo de su coronación, Isabel logró vincular la memoria de Victoria como ápice del imperio británico con la necesidad de arremangarse y bajarse del pedestal que simbolizo su paso por la Segunda Guerra Mundial como mecánica. Este sentido de abnegación y esfuerzo fue magistralmente combinado con la idea de que nunca estuvo preparada ni psicologica ni formalmente para el cargo ya que el trono fue trágicamente arrojado a ella tras la renuncia de su tío y el ascenso de su padre.  Dicho de otro modo, Isabel es un error cuya razón de ser es proyectar dignidad sobre otro error. Muy siglo XX todo.

Como Ustedes saben yo vivo en Inglaterra desde hace casi veinte años y este es un país al que amo profundamente y considero como mi hogar. Todo esto teniendo en cuenta sus limitaciones o mejor dicho, qué tiene para mí y qué no puede darme. Es tal vez por esto que mantengo este blog que me permite estar en contacto en tiempo real con la Argentina y me escapo cada vez que puedo, primero, al continente (Europeo) y despues a Brasil en donde, literalmente, cargo mis baterías. Dicho de otro modo, Inglaterra me da todo lo que necesito pero durante, al menos, algunas horas por día y algunos meses al año siento la asfixiante necesidad de salir a tomar aire y ese aire para mi tiene la forma del sol y el contacto humano con extranjeros. A pesar de esto, lo anti-social de esta sociedad es algo va muy bien con mi temperamento ya de por sí muy afín a la cuarentena. Mientras en la Argentina, el afecto se demuestra interviniendo en la vida de los otros al punto de la agresión; en Inglaterra, la distancia social es una forma privilegiada del cariño. Es por esto que la cuarentena obligatoria les permite a los ingleses entrar en contacto con lo que perciben como una virtud cívica al tiempo que se la separa de esa compulsion neoliberal al consumo.  En otras palabras, la cuarentena les devuelve a los ingleses una versión depurada de sí mismos que coincide con la idea de lo virtuosamente británico que los manuales de estudio y la memoria de Churchill han venido machacandoles una y otra vez. Es por esto que para ellos, la cuarentena es una oportunidad casi liturgica y esto es algo que la Reina se ocupó en remarcar ya que ella simboliza precisamente eso. De hecho, recuerdo hace una semana cuando llegué de Brasil que al entrar a mi casa, lo primero que me sorprendió fue el silencio sepulcral. Los ingleses habían decidido hacer su cuarentena no solo aislandose físicamente sino no moviendo una mosca.

Y este silencio no es otra cosa que la expresión de la union a través del aislamiento. Esto que puede ser paradójico es el sustrato de una sociedad, por un lado, profundamenta clasista y por el otro, post colonial en donde cada comunidad está en su lugar (ghetto?) y coexiste mezclandose muy superficialmente y por medio del consumo y del mercado. Esta transformación de la cuarentena en liturgia nacional me agarró desprevenido porque, en principio y como argentino que soy, lo primero que hago frente a una crisis es chistes nerviosos para luego, y esto no creo que sea muy argentino, entrar en una suerte de piloto automático muy eficiente y performativo en donde dejo de sentir miedo. No está bien que hable de mis virtudes pero las crisis sacan lo mejor de mí ya que busco soluciones al tiempo que trato de tranquilizar a los que tengo alrededor. Esto, desde ya, no se condice con lo planteado por la Reina quien ve a esta crisis como una oportunidad para exaltar esa cualidad inglesa de abnegacion a traves de la autorrenuncia y el aislamiento. El heroismo de la inacción como forma de revivir el ultimo momento de gloria en la resistencia al Blitzkrieg durante la Segunda Guerra Mundial. En el contexto actual, esto es, obviamente, una ficción.

Tras dos décadas, es lógico que algunos de mis mejores amigos estén aquí. Sin embargo, la condición de tener esos afectos es saber sus limitaciones afectivas. El inglés tiene un limite en la relacion con el otro que emerge como la neurotica necesidad de proteger su espacio y sus proyectos personales, casi siempre, vinculados a una noción de carrera.  Mi mejor amigo James desde el principio de la cuarentena la adoptó como una oportunidad para temer -de hecho está encerrado desde hace diez dias- y para hacer arreglos en su casa y mejorar su carrera como artista al tiempo que se volvió ‘no disponible’. De hecho acaba de mudar su estudio a su casa. Esto hace que todo lo que tiene que ver con la cuarentena viene cargado de un tono de responsabilidad y solemnidad que aburren.

En este sentido fue interesante el discurso del Principe Carlos que precedió al de su madre y tuvo un tono y un entorno muy distinto. El mismo fue una ‘oficina’ o ‘recámara’ de Balmoral en donde está acuarentenado. En su discurso, aparece frente a una laptop colocada sobre una pila de libros sobre no un escritorio sino una mesa con mantel de tela rodeada de lamparas no de la major calidad. La evidencia es que el heredero al trono no habla desde ‘su’ lugar sino desde uno prestado. El clip de su madre fue su exacto opuesto quien, desde Windsor, y con todo absolutamente en su lugar como si de un retrato real del renacimienrto tardío se tratara encarnó a Dios en la tierra en una version sorprendentemente maternal. Mientras Isabel descendía sobre los mortales prometiendonos reencontrarnos en un futuro cercano. Charles habló desde dentro del sistema de salud por la sencilla razón de que tiene al virus dentro de su cuerpo. Lo suyo fue en primera persona y en tiempo presente mientras que su madre habló en tercera persona y dentro de una temporalidad sacramental, como si su verdadero interlocutor fuera la historia. Por eso en su discurso no hay sentimientos o expresiones de afecto como las de Charles. En Isabel no hay cuerpo historico que pueda ser depositario de ese espiritu británico universal. Pero Inglaterra no necesita cariño sino miserabilidad transformada en la promesa de la vuelta melancolica a un pasado que, en el fondo, saben que no puede volver. Es tal vez por esto que estos dias encuentro refugio hablando con mis amigos argentinos e internacionales (y, específicamente, de color). Es el único modo en el que puedo escaper a esa melancolia que no solo busca transformarse en virtud sino en liturgia. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES PARA EL HIV Y EL CORONAVIRUS EN LA ARGENTINA Y EN CHILE