Cuando EPrincip, el lector que ha trajo la nueva generación de Youtubers a nuestra atención nos mostró antes de ayer las capturas de pantalla de Pablo Agustín, la starlette de redes sociales que viene de distanciarse de una starlette de Instagram llamada ‘Lizardo’; pensé que, finalmente, real contenido iba a entretenernos en estas Pascuas. La tragicomedia tenía todos los ingredients para entretener: dos gays normalizados histéricos usandose mutuamente (uno para creer que puede coger a mayor nivel del que puede y el otro buscando posicionarse en el mundo de las redes sociales a pesar de no generar empatía). Sin embargo, Lizardo no pudo con su ambición y sucumbió a los llamados desesperados de otro ser carente, Yanina Latorre quien compensa el vacío público y humillante de su matrimonio transformandose en un monstruo que funciona deglutiendo toneladas de energía puesta a circular a modo de alarido y desprecio constante. El desplante hecho por Liardo a Pablo Agustín fue público y por más que este ultimo no lo reconozca fue un atentado contra el corazón mismo de su proyecto profesional y quién sabe, también, personal. Sentado en el inodoro de su departamento y sin advertir que en si mismo este hecho lo colocaba en un nivel poco deseable, Agustín se dispuso a grabar un video de Youtube cuyo tema era su propia ‘meltdown’. El video en sí es insoportable por su duración que debería haber sido menos de la mitad y puso en evidencia el verdadero problema de Agustín: los límites de su autoimpuesta exigencia creativa.  La excusa para reflexionar sobre un tema que podria ser facilmente leído como ‘mal de amores’ es cómo la cuarentena afecta a alguien que sufre de depresion y esto, en sí mismo, desde el punto de vista de Pablo Agustín, es justificación suficiente para practicamente todo. Lo que sin embargo Agustín permite es adentrarnos no tanto en la psicología del depresivo porteño de clase media baja en el Buenos Aires de hoy sino en la del  Youtuber narcisista llegando al limite de su creatividad en un contexto en el cual el retorno por el esfuerzo ya no es lo que era. Dicho de otro modo, esta semana la cuarenta y Lizardo le dejaron a Agustin muy en claro que en materia economica y sexual, el proyecto Youtuber por sí solo no es suficiente.

Durante la transmission, la palabra por él pronunciada una y otra vez fue la de ‘contenido’ que no es sino aquello que alguien como Agustín se ve obligado a producir diariamente. De hecho, el Youtuber nos cuenta que se comprometió a hacer un video diario para mantenerse ocupado y alejado de su depresion. Sin embargo, lo que plantea como terapia puede ser más bien el alimento de un narcisismo que, por el otro lado, hace que esa depresion se transforme en una bomba de tiempo que, a pesar de lo que anuncia, aún no estalló pero él, que tiene la inteligencia suficiente para percibirlo, sabe que es cuestion de tiempo. Dicho de otro modo, Agustin en ningun momento habla desde la depresion sino con esta en un horizonte más o menos lejanos. El problema surge con su modelo de negocios nque consta en producir y editar diariamente un video de Youtube para una audiencia que oscila entre cien mil y medio millon de espectadores. Esto demanda muchísima energía y la retribución no es clara. Esto lo digo con la experiencia de LANP y sus curvas que en un principio tuvo un exito parecido al de Agustin para luego estabilizarse a partir de otro tipo de modelo. Dicho de otro modo, el tipo de exito del Youtuber plantea una curva ascendente que brinda la atencion de las redes sociales y lo colocan en el fascinante lugar de una ‘new celebrity’. Esa fascinacion por la propia notoriedad a partir del propio talento dura un tiempo hasta que se estabiliza y lo que, en principio, es pura perversión narcisista pronto tiene que transformarse en una actividad profesional. Ese momento es complicado en la Argentina y es el divor de aguas. Si tenés sex appeal o tenés una energía sociopática podés saltar a la tele y complementas desde Instagram sino tenés que tener una expertise que te haga único en lo que hacés (yo) o tenés que remarla generando más y más (Pablo Agustīn y tantos otros). Mientras Lizardo cobra de canjes y yo organizo cursos, los Youtubers como la Faraona o Pablo Agustin viven de esa misma ola de fama materializada en presentaciones y gigs. Ellos no ganan por cantidad de visitas sino por las actividades ad hoc que puedan llegar a hacer como giras (lo que es imposible en tiempos de cuarentena) o la publicacion de libros (cuya relevancia no esta dada por el tema o la escritura sino por la fama que ellos tienen) para un publico no especializado sino basicamente compuesto por descerebrados. Dicho de otro modo, todo lo que hacen está directamente atado a la cantidad de espectadores que tienen en sus videos y el desarrollo creativo de los mismos esta limitado por el nivel de sus seguidores.

Los videos de Agustin con Lizardo eran entrenteidos porque la química entre ellos era buena y en ese histeriqueo tan porteño que cocinaban apuntaba a una narrativa que, en si misma, era el contenido.  Sin embargo, al apartarse Lizardo, un personaje lejos mas televisivo que el melancolico y reflexivo Agustin y para colmo hacerlo en medio de la cuarentena que de por sí plantea graves problemas de concentracion y productividad; la produccion de contenidos entró en un impasse. Durante la primer semana, Agustín usó la pelea como tema para despues tener que referirse a acontecimientos del mundo del espectaculo para, poco a poco, quedarse sin tema. Simultaneamente, tal como cuenta en su video del ‘meltdown’, firmó un contrato para escribir un libro que, como es ambicioso, quiso transformar en algo más que un product más de Youtuber para colocarlo en el plano del escritor. Es aquí donde la evidente inteligencia de Agustin le comienza a jugar en contra y esto es lo que me parece realmente fascinante del personaje.

Durante su meltdown, Agustin nos cuenta que quiso que su libro fuera más profundo y confesional de lo esperado e intenta justificar tamaño ejercicio de pornomiseria diciendo que hablar de su depresión puede ayudar a otros a entender lo que les pasa. Sin embargo, el modo en el que habla de la depresion no es depresivo sino, como dije antes, narcisista y es evidente que Agustín sigue surfeando la ola de su propio éxito y de lo que ese éxito provoca en su comprometida autoestima. Agustín sabe que su fama es importante para su estructura psíquica porque debajo no parece haber mucho que a sostenta. Es tal vez por eso que quiere escribir un libro confesional que le permita establecer una relación mas profunda con sus seguidores a quienes erróneamente percibe como importantes en la construccion de su propia personalidad. Su relación con ellas es, por cierto, esquizofrénica ya que por un lado confía en que lo puedan seguir en su camino de profundidad y autoconocimiento pero, por el otro, les advierte que no va a leer sus comentarios porque no quiere bajonearse. Y es en esta metamorfosis no solo de sí (de banal a profundo) sino de su público (de descerebrados a interesados en lo que realmente le pasa a él) donde debemos ubicar el supuesto y escenificado ‘meltdown’ que no es tal sino una queja pasiva agresiva que el traslada de su propia vida a su público. Si se quiere, el video del ‘meltdown’ es el acompañamiento en video de la decisión tomada al escribir su libro de ‘su pornomiseria’ de cambiar de dirección profesional para poder establecer una relación con sus seguidores que él mismo sabe que es imposible y eso precisamente lo que lo deprime. Sin embargo, tengo la sospecha que vivir en esos escenarios imposibles por él mismo creados es un rasgo de su personalidad.

El problema con todo este ejercicio es que cada uno de los términos de la ecuacion está atado con alhambre. Ya no lo tenemos sentado en su living con Lizardo generando pura química de histéricos gays argentinos insoportables en el que uno es el lindo y arribista y el otro es el feo e inteligente y aquello que al espectador le interesa ver es cómo se resuelve la desigualdad diciendo sin decir lo que a todas luces es evidente. En lugar de esto lo que tenemos es a un narcisita quejoso sentado en su inodoro (I am not kidding!!!) prometiendo hacer algo que nunca hace porque estuvo demasiado encerrado y porque su inminente gira Youtuber en el interior y su libro corren peligro de no publicarse. Cuando confiesa que es depresivo lo que uno ve no es depresión sino el desencanto porque la relación entre retribución y expectativas no es la prevista y la realidad reemplaza a la ficción virtual. Y sus frustraciones tienen que ver con sus propias limitaciones originarias ya que por más que parezca más inteligente que la media (Lizardo, por ejemplo), lo cierto es que Agustín no tiene demasiado contenido en su vida y ese parece ser su mayor problema. Esto es evidente cuando pasa de hablar de sus relaciones en la que los chicos se le acercan para tener una foto con él y no por real interés en él, como persona, a remitirse a sus inseguridades tanto fisicas como respecto de su propia predisposición psicologica para el amor para el que se ve no preparado.  Lo que a uno le queda preguntarse es qué tipo de libro confesional semejante montaña de quejas está capacitado para escribir.

En Agustin, nada es lo que es. No porque él quiera manipular la realidad sino sencillamente porque no la conoce. Para él su mente está enferma y le hace ver el vaso siempre vacío. Más aún, él es consciente de lo que le pasa y se siente capacitado a ventilarlo en tono pedagógico a los cuatro vientos pero tambien es consciente de que esto no equivale a poder corregir esa realidad lo que plantea dos problemas.  El primero es la imposibidad de efectuar el tipo de transferencia psicológica que puede ser realizadas en terapia aunque tambien en la vida en la relaciones amorosas y tambien en ciertas actividades creativas. El autoanálisis para él es materia prima para una autoindulgente queja continua (y ahora un proyecto creative) en donde lo que no tiene pasa a ser una obsesión. Cuando dice que él no está preparado para entender el ‘concepto’ del amor; no sabe que el amor no es un ‘concepto’ sino un acto. Uno no entiende al amor sino que permite que este se haga carne. El amor no es un destino sino un proceso y uno no llega a sentirlo como si lo poseyera sino que va dejando rastros de él amor como puede. El amor no pertenece al mundo de la narrativa sino que está alrededor nuestro, en la vida cotidiana y en los pequeños actos de la vida casi sin darse uno cuenta porque en cuanto es enunciado, la magia desaparece. El amor es como la felicidad, uno no la percibe hasta que algo malo ocurre y se da cuenta que aquello de lo que uno se quejaba era, despues de todo, felicidad. Dicho de otro modo, no puedo creer que despues de 40 minutos de autoindulgente queja no haya tenido la decencia de raparse frente a cámara como Dios manda. Evidente el cambio y la purificación no van con él. J A T