‘Tiger King: Murder, Mayhem and Madness’ es un documental estructurado en siete episodios disponible en Netflix que tiene de todo: desapariciones, intentos de asesinato, sicarios, batallas legales, drogadicción, armas, chantajes, explosiones, sexo y animales peligrosos. En el centro de semejante caos está Joe Exotic, el propietario de un zoologico privado de Oklahoma que, funciona como vértice de una serie de vectores: la cuestión gay, la adicción al crystal meth, el uso de armas de fuego en Estados Unidos, el poliamor, la política, etc. Pero como en toda historia tragicómica en la que un heroe nos fascina y hace reir, hay tambien un antiheroe. Ella es Carole Baskin, la propietaria de otro zoologico privado en Florida que es lo suficientemente hipócrita como para presentar su negocio no como un zoologico sino como un santuario para rescatar tigres lo que le permite contar con un ejercito de pasantes a quienes explota. Pero Carole, por alguna razón, en principio de marketing, decide antagonizar con Joe Exotic para transformarse en una starlette de los social media en donde con su personaje de hada buena es muy activa y esto enciende una rivalidad entre ellos dos que va a terminar con intentos de asesinato y sicarios. Pero mientras Joe es pura hubris, Carole es una fría jugadora de ajedrez que va por todo y no duda en arruinar a su contrincante a quien poco a poco va acorralando. Pero cuanto más se sabe de Carole más dudas surgen. Sin ir más lejos, su marido (el millonario propietario de su zoologico) desapareció de un día para el otro sin dejar rastro por lo que el rumor es que ella lo mató y tiró el cadaver a los tigres para que se lo coman. La ex esposa y las hijas de su ex marido dan a entender esta hipótesis pero no se animan a mucho más porque tras haber alterado el testamento, Carole se quedó con el noventa por ciento del dinero lo que le da acceso a abogados y a mecanismos de intimidacion que ellas no tienen.

 

El encuentro con los tigres es tanto en el caso de Joe como en el de Carole el momento peripatético de sus vidas en el que nada será lo que fue. La transformación en ambos casos es total. Por ejemplo,  en el caso de Joe a los trece años al descubrir que era gay decidió contarselo a su padre quien le hizo darle la mano para prometerle que se iría de su casa inmediatamente y no asistiría a su funeral.  Un año más tarde, Joe saltaba de un puente para romperse la espalda en varios pedazos. La recuperación fue durísima y tardó un par de años. Desde ese momento de depresión hasta la exaltacion maníaca de sí mismo como rey de los tigres en su propio santuario hay una conversión mesiánica apuntalada por el acceso a la propiedad privada mediante todo tipo de violaciones a la ley. Por su parte, Carole cuenta que de niña, en un hogar abusivo, no tenía amigos y que sus únicos compañeros eran dos tigres imaginarios por lo que parece natural que tigres de verdad no solo serán su salvacion sino su fuente de ingresos. En ambos casos, el animal es transformado en una suerte de fetiche de poder y de la capacidad de metamorfosis que ellos logran pasar, a cambio de varios cientos de dolares, a otros blancos de clase media baja como ellos para compensar una inseguridad racial comprometida por la crisis del regimen industrial norteamericano. Hay algo muy afín entre el peligro de poder comprar armas automaticas y tirotear al vacío y el circular con tigres atrás de una camioneta en una zona residencial. La clave para entender esto es la irresistible sensacion de poder que la cercania a esos animales genera y como eso es facilmente transformado en un vehiculo de expresion de la soberbia y el excepcionalismo del nortemericano.

La obsesión con el derecho a la propiedad como condición de la libertad transforma al acceso privado y desregulado a estos animales en un simbolo de lo exclusivamente norteamericano. Desde ya, como en la presencia norteamericana en el exterior, nadie se pregunta por la libertad de esos animales. Para Joe Exotic el derecho a la propiedad es tan absoluto que le permite amenazar a sus vecinos con convertirse en un Waco si alguien se atreve a entrar en su propiedad sin su permiso y por supuesto se refiere a la policía. De hecho cuando la policía finalmente lo hace no lo hace por una cuestion de violacion de la libertad de otros (por ejemplo, los animales) sino por una deuda monetaria (osea por violar el derecho a la propiedad de otro).  Joe realmente cree que es su potestad el vivir así y someter a los animales a ese trato lo que hace que el verdadero protagonista del documental no sea él sino su arrogancia. El tipo de comida con el que alimentan no solo a los animales sino tambien a sus empleados (los desperdicios de Walmart), la cantidad de municiones disparadas al cielo y al medio de un lago, el modo en el que usa al crystal meth para convertir a la homosexualidad a dos menores de 21 años y, aún peor, casarse con ellos, entre otras muchas cosas ponen en evidencia un sistema de explotación basado en la propiedad y en la necesidad que es el verdadero tema de esta historia.

El zoológico nunca parece estar realmente donde se dice que está ni los animales en exhibicion son siempre los gigantescos gatos cautivos sino las personas y sus necesidades y el modo inhumano en el que el sistema corporaizado en esos zoológicos los explotan. Todo para mantener una fantasia de masculinidad blanca profundamente herida. La reacción inmediata del espectador de este documental es: cómo es posible que esta gente exista?. Sin embargo, en esta pregunta esta el germen del verdadero problema de este documental y lo que, a mi humilde entender, lo hace fascinante.

Tiger King solo puede estar compuestos por individuos de la raza blanca. Imaginemos un propietario negro de un zoologico con animales en extinción alimentados con carne vencida  peleando y amenazando de muerte a una mujer blanca y comprando municiones para disparar al cielo y crystal meth para drogar a sus maridos con quienes convive en poliamorosa comunidad. Lo que es peor es que todos estos aspectos de la vida de Joe son vistos de manera tragicómica algo que solo parece estar reservado para los blancos cuando cometen delitos.  El crimen es parte de quien Joe Exotic es: fraude, abuso, violaciones contra el medio ambiente, etc y es, precisamente, eso lo que parece hacerlo… adorable.

El negro, en cambio, cuando es criminal es presentado por los medios como un drug dealer (en The Wire, por ejemplo) pero más especificamente como un criminal atrapado en una narrativa de la que no puede escapar. Lo del negro es la tragedia. En el caso del blanco criminal, el modo en el que su realidad es abordada es a través del retrato de su vida permitiendonos descubrir quien es y por qué hace lo que hace. Es como si al blanco se le diera un márgen para la humanización con el que el negro nunca puede siquiera soñar. Si se representa al blanco como criminal es para mostrarnos quién es. Si se representa al negro como criminal es para confirmarnos quien nunca podrá llegar a ser. Por ejemplo, en Breaking Bad, Walter White es un maestro de escuela con un cancer terminal quien en su momento de mayor desesperación se mete en el negocio del crystal meth y termina siendo uno de los mayores drug lords de Estados Unidos. Tony Soprano es un caso similar. Es como si la soga con la que los delicuentes blancos se cuelgan frente a camara es siempre mucho más larga que la permitida a los negros.

Sin embargo, si tenemos que buscar un Tiger King negro este sería Michael Jackson y su Neverland. El es el único negro cuya tragedia es tema de sorpresa y tambien de risa. De hecho en Neverland había un zoologico con animales en extinción y el lugar funcionaba como una fantasia de infancia que maravillaba a los niños que entraban y a sus padres que los dejaban quedarse suspendiendo todo sentido común.  Sir ir más lejos, Michael Jackson tenía un tigre bebe con el que hacía que sus visitantes, Macaulay Caulkin incluído, se fotografiaran. Si bien Michael no es Joe Exotic, un negro en la cultura popular norteamericana es primero un delincuente salvo que sea uno de los tipos mas talentosos que hayan existido para poder llegar a ser considerado a la par de un blanco que no sirve para otra cosa que para drogarse y amenazar gente y ser dado en la narrativa de su crimen el beneficio de la caracterización individual. Un negro tiene que ser Michael para ser tratado como Joe.

El punto en el que Michael y Joe Exotic podrían llegar a cruzarse en Tiger King es en el personaje de Travis Maldonado, el ‘amor’ jóven de Joe Exotic con el que termina casandose. Con 19 años y dos metros de alto, Travis es presentado por el documental en términos absolutamente sexualizados: Joe lo ve un día y le pregunta si es gay, este le dice que no y Joe le pregunta si le gusta ver porno, al responderle que sí, Joe le pregunta si prefiere actores con pija grande o chica y cuando este dice que los prefiere con pija grande, Joe le dice: entonces no sos tan hetero como decís que sos para terminar ofreciendole droga (evidentemente este es el vínculo real) y finalmente casarse. Travis accede al amor de Joe pero entra en una profunda depresión que termina en su suicidio. Uno de los temas que la narrativa del documental minimiza sistemáticamente es el lugar del crystal meth en las decisiones y la soberbia de Joe. El documental llega al extremo de poner mùsica romántica cada vez que aparece Travis pero esta es, en verdad, una tragedia marcada por el abuso y la adicción sádicamente controlada por una figura que a lo largo del documental es presentada como un bufón digno más de simpatía que de lástima. J A T

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