Anamá Ferreira se refirió a un embrujo al que calificó como ‘agua de tanga’. Otros hablan de los dotes Metternichianos mediante los cuales Elina Costantini habría encantado a un hombre que, si nos guiamos por las anteriores relaciones de este, tiende a querer a las mujeres como vidriera, eligiéndolas jóvenes y pobres para poder controlarlas.  De pronto, la flamante mujer de Costantini anunció que está embarazada a los 43 años de edad y esto, desde ya, tiene a la familia del empresario en contra. Sin embargo, lo que aquí yo sostengo es que el verdadero amor de Eduardo Costantini es el control y esto es algo que venía dejándolo sólo y es esa soledad la que lo convenció de que estaba perdiendo el control lo que equivalía a sentir que estaba envejeciendo no sexualmente sino mentalmente.

Desde que todo este escándalo explotó estoy intentando salirme de la lectura misógina que coloca a la mujer en el lugar literal de la bruja quien como Eva o Lillith arruina a los hombres. Que la misoginia no nos impida ver la realidad por lo que es y la realidad es que Eduardo Costantini es un hombre mayor, afeminado y probablemente poco sexual que tomó la decisión intempestiva de romper con todos los tabúes (de clase, familiares, de relacionamiento burgués, etc) para hacerla su nueva heredera. Resulta un tanto contraintuitivo pensar que en esta relación la inteligente es ella (inteligente en el manejo de su vagina) cuando es él quien tomó la decisión de reducir las porciones a distribuir de su fortuna tras su muerte.  Es por esto que creo estamos mirando en la dirección incorrecta ya que el que decidió toda esta jugada no es ella sino él y cabe preguntarse por qué y qué tipo de mensaje le está enviando a su ‘precarizada’ familia de sangre.

Tengo unos amigos cuyo nombre voy a mantener en secreto ya que son amigos personales de Costantini y me venían diciendo que les preocupaba lo sólo que estaba Eduardo. Me contaban que en reuniones él terminaba literalmente sólo en un rincón. Ese tipo de soledad yo la vi anteriormente y ocurre con este tipo de self-made man millonario que se da cuenta de ha quedado preso del propio monstruo que construyó y que todo el que se acerca lo hace por interés mientras que su familia que, a diferencia de él, nació en el privilegio, no le agradece lo suficiente y no responde a las necesidades inmediatas que él siente que deben ser satisfechas. El resultado es generalmente una espiral de resentimientos que terminan con la soledad autoimpuesta. Es por esto que el golpe de timón de Costantini suena más a un pase de facturas que a amor verdadero. Es como si hubiera dicho: ‘Me dejaron sólo? Miren cómo les reduzco la fortuna a heredar en un segundo?’. Insisto en que me cuesta creer que sea ella la que controla una relación tan abrupta y carente de lógica ya que insisto que a la Eduarda las minas no le gustan demasiado y posiblemente, esta es una oportunidad de sacar a la mujer  del lugar perpetuo de mala de la película. Una lectura queer de la relación entre Elina y la Edu. J A T