Resulta particularmente interesante el modo en el que Teleshow informa sobre la promoción de cande Tinelli de su marca de ropa Madness Clothing mediante una serie de rebajas comprensiblemente desesperadas y mediante el sorteo de un consolador. El mismo es de vidrio templado con 3 bolas a modo de corrugación y una manija en forma de media luna que visiblemente puede ser usada para masajear el clítoris de su usuaria. Este, desde ya debe ser considerado como un capítulo más en ese largo Rosario de exhibicionismo al que nos tiene acostumbrados la hija de Marcelo Tinelli.

Como todos saben, el capital sobre el cual se construye la fama de esta joven tiene dos pilares fundamentales: el uno es la fama de su padre y el otro es la narrativa de la transformación de su propio cuerpo en un intento de obra de arte líquida (tatuajes hechos de manera tan invasiva que su cuerpo aparece tachado) que con el tiempo tienden a perder color y dan cuentas de que la obra de arte en cuestión (es decir su cuerpo) es una obra en flujo en tanto que está sometida al paso del tiempo y a las leyes de la gravedad. Sin embargo, su adicción a las cirugías estéticas, a los postizos y a, como dije antes, taparse todo el cuerpo con tatuajes habla de la necesidad de contrarrestar esa dinámica en flujo que caracteriza su proyecto estético. Esto es a todas luces contradictorio y lo es porque por un lado atrae la mirada del espectador hacia algo que va a desaparecer mientras que por el otro, hace todos los esfuerzos necesarios para que ese algo no desaparezca.

Si el primer término de la contradicción es decir el de transformar su cuerpo en una obra de arte (o proyecto de) en flujo fuera el que imperará el paso siguiente tendría que ver con algún tipo de exhibicionismo pornográfico qué puede darse a nivel físico mediante la mostración de lo que está dentro de su cuerpo o a nivel psicologico mediante una serie de relevaciones íntimas (esto ya lo intentó cuando contó que había sido anoréxica). Esto, desde ya, puede hacerse de dos maneras: la primera es pornográfica y tiene que ver con la filmación de aquello de su cuerpo que habitualmente no podemos ver mediante penetraciones, juegos con flujos, etc.  La segunda puede ser revestida de cierto feminismo mal leído transformando a la exhibición de su propia sexualidad en un rasgo de su propia fortaleza. Es por esto que la decisión de publicitar un consolador que además no solamente está rifando sino que además está promocionando para su venta va en esta dirección sin realmente poder lograrlo. Esto tiene que ver con el carácter inherentemente contradictorio de lo que esta altura podríamos llamar el exhibicionismo narcisista border de Cande.

Pero como decía al principio, lo interesante es como Teleshow comunica la noticia como enmarcada dentro de un discurso clínico y no solamente clínico sí no político como si el sorteo exhibicionista de Cande fuera un acto de militancia albertista en dirección al tipo de sexo autorizado gubernamentalmente en cadena nacional para los tiempos de coronavirus. A esta altura uno está casi tentado a desear que en algún momento y posiblemente cuando esa transferencia entre Cande y su psicoanalista finalmente ocurra que ella puede dejar de lado las contradicciones para animarse a lo que ya la hija de Steven Spielberg se animó a ser osea transformarse en una actriz porno hecha y derecha. J.A.T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES CON LEONOR SILVESTRI