ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE SABATEZ

A fines de los años 90, estudié dibujo en la escuela de Carlos Garaycochea. Me llevaba mi vieja, yo era un purrete. Y mi vieja es fotógrafa. Cuestión que, charlando con él, ella le menciona que se dedica a la fotografía y Garaycochea, quien en ese momento era el presidente de la Asociacion de Dibujantes de la Argentina, le propone ser la encargada de documentar la cena del 10 de noviembre, donde todos los dibujantes se reunían por su día.
Mi vieja hizo su laburo, sacó las fotos, y en algún momento le dijo a Garaycochea algo como “Wow, están todos!”, y Garaycochea le dijo: “No, falta uno. Cuando se organizan estos encuentros de dibujantes y se empieza a llamar por teléfono a los artistas, lo que TODOS preguntan es si va Nik. Porque, si Nik está invitado, nadie va”.

Esta anécdota la escuché o leí en otros lados, pero a mí me vino de primeras fuentes (madre y profe).

Creo que hay también una envidia de los dibujantes de humor gráfico con Nik. “Envidia” en el aspecto económico, claro está. Nik la pegó y factura como ninguno, produciendo basura vacía, una mierda absoluta, y eso destruye el autoestima de un artista en búsqueda. Nik genera encono.

Pero así como factura sus millones, es odiado por millones. Nik es el cáncer del humor gráfico, como lo son Guille Pachela y Milo Lockett en el diseño gráfico y la estética urbana (me niego a calificarles de “pintores” o “artistas”).

No solo porque lo que hacen es carente de contenido y gira sobre su propio eje sin parar, repitiendo la misma pelotudez, sino porque dejan una enseñanza torcida para toda la nueva generación de artistas en formación: “Si producis basura, la gente se la va a comer y va a repetir el plato”.

Y así, se fomenta la producción vacía, se resetean generaciones completas de personas que tal vez podrían haber hecho arte… pero terminan haciendo una parodia que comercializan como “arte”.

Y la venden cara.

Y lxs boludxs compran.

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES CON LEONOR SILVESTRE