ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE LJO

Agamben ya chochea y lo demostró cuando dijo que las medidas para frenar la Covid-19 en Italia eran frenéticas, irracionales e injustificadas porque la pandemia era una invención. 28 mil muertes después, el prestigio de Agamben se ha visto fuertemente lesionado. A ver, a Agamben se le olvida que se siguen vendiendo libros. Se suponía que los libros digitales acabarían con el formato en papel y ahí tienes: se siguen imprimiendo libros, muchos de ellos en ediciones de lujo, mientras el Kindle es una cosa obsoleta en la casa de más de uno. Es más, hoy más editoriales que cuando empezamos el siglo. También se decía que Amazon acabaría con las librerías y terminó acabando con las grandes cadenas como Barnes & Noble, que le hacían competencia desleal a las chicas. En cambio, Amazon convive con un montón de librerías de nicho que en los últimos años han explotado. También se decía que la radio desaparecería y hoy está más viva que nunca. Hasta se inventaron los Podcast. Agamben está llorando porque ahora le toca actualizarse a los entornos digitales, que por otro lado ya existían desde hace años. La universidad de la que me gradué en Colombia tiene un área de educación a distancia que tiene casi 30 años y que va dirigido predominantemente a las poblaciones rurales. Antes te entregaban módulos en papel y te daban un horario para interactuar vía teléfono con el profesor. Luego fue por mail, skype. Se convirtieron hace una década en el área de educación virtual y hoy están asesorando a todas las facultades sobre qué plataformas usar, cómo desarrollar módulos de aprendizaje virtual, etcétera. Pero claro, las grandes figuras intelectuales, como Agamben, no participaban en esos proyectos que consistían básicamente en educar pobres, marginados y trabajadores. No, ellos querían sus clases multitudinarias en auditorios antiquísimos, rodeados de un montón de asistentes, que son los que realmente interactúan con los alumnos: califican, explican y asesoran. Las glorias como Agamben estaban ahí para dictar conferencias y publicar artículos, nutriéndose de las investigaciones de sus asistentes, porque a ese nivel no tienen tiempo, ni les interesa, hacer el trabajo pesado de la investigación: entrevistas, consultas bibliográficas… El tipo está llorando por sus privilegios perdidos, porque claramente estaba desconectado de las exigencias actuales de la labor de profesor. Vamos, con la peste negra también cerraron las universidades.

Ah y añado: los campus volverán, como volverá toda la vida social, sólo que no sabemos cuándo. No es la primera pandemia por la que pasa la humanidad y siempre volvieron las misas, las procesiones, los carnavales, las clases, las orgías. Siempre volvió esa concentración de mucha gente sudando en un mismo espacio. Somos seres sociales, nuestra sobrevivencia depende del vivir en comunidad; armar familias, conseguir amigos, manipular la naturaleza en sociedad con otros… A algunos les cuesta, algunos se aislan, algunos sufren vivir en sociedad, pero el grueso lo necesita, lo desea y lo busca. Y la universidad, cuando tienes la suerte de poder hacerla apenas sales del colegio, casi adolescente y dedicarte por algún tiempo solo a ella, es una experiencia de vida, una etapa de formación. Ahí muchos garchan por primera vez, descubren/reafirman su sexualidad, entienden no necesariamente qué quieren hacer el resto de la vida, sino que no quieren hacer, etcétera. Volverá. No sólo porque hay conocimientos que no se pueden conseguir sin cierta infraestructura (poner un laboratorio químico no es algo accesible para la mayoría de los hogares por ejemplo), sino porque la gente necesita el tipo de relaciones que genera una universidad.

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