Creo que llegó la hora de dejar clara mi opinión respecto de la decisión de Gabriela Sabatini de no salir del closet. La opinión unánime tanto en los medios, en la sociedad como en este blog ha sido que tanto ella como cualquier homosexual en el closet (que convengamos es un dispositivo de opresión por parte de la sociedad heteronormativa) tiene derecho a decidir cuándo, cómo y si alguna vez quiere salir del mismo. Esto, en sí mismo, privilegia el derecho individual sobre la comunicación de los asuntos de la vida privada y es algo muy difícil de contradecir.

Pero hay algo de homofobia internalizada en la presunción de que salir del closet es algo, de por sí, negativo ya que implica exponerse a una sociedad aún estigmatizante y reconocer en la propia vida que lo que uno lleva es un estigma. Más específicamente la presunción de que la ‘reserva’ es algo necesario tiene está vinculado con una despolitización de lo sexual aún cuando la persona en cuestión es una persona pública. Con su enorme capital simbólico no debería Gaby hacer algo respecto del estigma que la mueve al secreto y del cual se protege y que, evidentemente, afecta a otros muchos que están en situación, por lejos, más desventajosa que ella?

Lo que estoy planteando es que una persona tan querida como Gabriela Sabatini y con una carrera con tantos logros es no sólo un personaje público sino una franchise que vende ropa, perfumes y productos con su nombre y que al dividir tan tajantemente lo público de lo privado circunscribe su personalidad publica a un producto al tiempo que borra con el codo, sin quererlo, los logros históricos de los movimientos feministas y homosexuales para los cuales lo privado es siempre algo necesariamente público. No digo que Gaby se haga activista gay o feminista pero como homosexual no puede ser negar esa genealogia ni yo, al analizar el caso, la puedo obviar.

Dicho de otra manera la aceptación de muchos en este blog de que la división entre lo publico y lo privado es algo tan natural y absoluto no hace otra cosa que reforzar un paradigma hegemónico (heteronormativo) qué busca atomizar a la comunidad gay y mandarla a su espacio privado a que haga lo que tenga que hacer. No solo eso ya que ademas de estar fuera del espacio de visión social se lo invita a que no se relacione ni se asocie salvo en secreto. Los efectos políticos de este tipo de planteo son claros ya que este tipo de respeto a ultranza del derecho a no salir del closet en el 2020 que, como vemos, coincide con el derecho a la propiedad, tiene algunas analogías por ejemplo con la decisión de cerrar baños públicos y saunas gay por razones de higiene y moralidad algo que también se planteó en este blog y que también atenta contra una cultura de marginalidad y resistencia que no sólo tiene que ver con lo gay sino con la posibilidad real de disfrutar de nuestro cuerpo en tanto experiencia social más allá del control de la sociedad. Fíjense la ironía de lo que estoy diciendo porque si bien comienzo planteando que la decisión de Gabriela Sabatini de decidir no mostrar a quien ama acaba atentando contra la posibilidad de evitar esa misma mirada social como colectivo gay no en los terminos impuestos por la sociedad sino en nuestros propios terminos. Esto desde ya tambien involucra el derecho a nuestra propia autodestrucción..

Desde ya, no queda claro si Gabriela tiene pareja o no la tiene, si es asexuada o si directamente es fóbica y en todo caso ella tiene derecho a hacer y gustar de lo que se le de la gana. Además la sexualidad no es una identidad sino que está en constante devenir pero cuidado que ese devenir no nos escinda de la sociedad y de la necesidad de superar el estigma de la identidad. Para el colectivo gay, la decisión de Gaby de no manifestarse es la perdida de una plataforma y un capital simbólico maravilloso. Comparemos la decisión de Gaby con la de Martina Navratilova, una militante de la primera hora (quien ademas venia del bando comunista y era una inmigrante en un país como Estados Unidos)  incluso por los derechos de los enfermos de HIV en Act Up. Ademas, como alguien dijo, la cuestión no sólo es Gabriela y sus (no) declaraciones sino la prensa no haciendo las preguntas a la persona pública que ella es en un contexto de minorías oprimidas y sufrientes no solo como gays sino tambien como mujeres. Es posible salirnos de ese liberalismo moral que en realidad es una version prolija de la homofobia internalizada y la absolutización del derecho a la propiedad para pensarse más como comunidad y desde el lugar de la minoría?  Tengamos en cuenta que la militancia gay en la Argentina hace años que está o bien coptada por el poder de turno o directamente es funcional a un modelo heterosexual y normalizador sin buscar incomodar. Entiendo que a Gabriela no le importe que el estado durante Macri haya discontinuado los medicamentos para el SIDA para los mas pobres y tal vez no sea algo que le deba importar pudiendo tener una vida de reconocimiento y jet set, pero déjenme soñar en un mundo en el que la gente en esa posicion y con esa plataforma use su voz para cambiar la realidad. Eso se llama utopía y se opone al pesimismo de la atomización social y la privatizacion de la expeirencia basada en un muy malentendido sentido del privilegio y de los derechos personales como divorciados de las necesidades sociales. Imaginemos a Gabriela como modelo de una nena morochita argentina que no se anima a ser lesbiana y que quiere que alguien así la inspire y le muestre el camino. Gabriela no va a tener hijos pero tal vez esa sea su semilla. La fractura total entre lo publico y lo privado jamás es buena y siempre es una decision politica. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA