Tras las declaraciones de Susana Giménez tras su partida a Uruguay cabe preguntarse qué busca esta mujer diciendo lo que dice. En principio, tengo dos hipótesis: la primera es que es realmente perversa y la segunda es que, en el fondo, esconde algún tipo de intención proselitista y con este tipo de declaraciones quiere posicionarse en oposición al kirchnerismo. Algo así como aquello en lo que Loperfido intentó convertirse pero, en este caos, con un sostén popular mucho más real. Lo cierto es que con estas declaraciones, Susana Gimenez se consolida como una figura aglutinante de la derecha más recalcitrante y sus declaraciones van in crescendo. Habiendo dicho esto, sus declaraciones tienen que ponerse en contexto y el contexto no es otro que el escándalo que se produjo tras que la diva decidiera tomarse un vuelo privado con la excusa de ir a pagar sueldos a su chacra de Punta del Este. En realidad, ella no se refirió a su chacra sino a ‘mis propiedades en Uruguay’ y cuando se le preguntó por la justificación de su viaje la justificación fue muy parcialmente la del pago de sueldos cosas que podría haber hecho por giros bancarios (lo que da la pauta de que por lo menos alguna parte de ese personal está en negro y la necesita a ella llevando los billetes para pagarles en mano). sin embargo el grueso de su justificación recayó en su derecho a la propiedad por tener varias propiedades en Uruguay. Con un criterio absolutamente legalista tanto Novaresio como Infobae tipificaron su viaje a Uruguay como absolutamente en regla y con todos los papeles en orden.

Toda su entrevista con Novaresio está minada de contradicciones. Por un lado, dice que va por obligación Uruguay pero por el otro plantea que se va a quedar porque está feliz al aire libre, con sus planta, sus libros, su chimenea y sus perros. Al preguntársele por Alberto Fernández ella dice que el presidente le cae bien pero le cae bien por sus modales y no por sus políticas y aprovecha el halago para apuntar los cañones contra La Cámpora que ella ve cómo los artífices de la destrucción nacional; un tipo de destrucción populista cuyo verdadero plan es aprovechar el coronavirus para llevar a la Argentina al lugar de Venezuela. Ahora bien, cuando habla del pasado como un pasado desarrollista y glorioso y habla de su paso por Venezuela ella se está refiriendo a la Venezuela dictatorial financiada por el dinero del petróleo que fue consumido por corrupción y por la falta de inversión que terminó con la crisis y, para bien o para mal, la llegada del populismo. En otras palabras, el modo en el que ella encuadra la relación de ese pasado que ve como glorioso con este presente miserable de villeros que se contagian en medio del hacinamiento por culpa del populismo es el de una memoria altamente selectiva que elige olvidar las razones por las cuales esa riqueza acabó en tamaña pobreza y convengamos que, entre un momento y otro hay dos momentos intersticiales que alguien de derecha elige olvidar: primero, las medidas neoliberales iniciales de los gobiernos militares que fueron muy funcionales a su carrera cinematográfica (Porcel y Olmedo) y en segundo lugar el menemismo en donde ella tuvo un rol cultural protagónico y le permitió transformarse en la multimillonaria que hoy es.

Lo que me rompe enormemente las pelotas de esta mina es que quiera transformar a su riqueza, producto de un esquema cultural que hizo que la Argentina se empobreciera como nunca antes ya que su fortuna deviene directamente de la paridad peso-dólar, en una plataforma moral en la que al mismo tiempo ella se convierte en una especie de modelo de conducta social y ciudadanía. Para mí esta es una pobre mina que lo único que tiene es plata menemista, una hija borracha y una nieta violenta. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES CON Leonor Silvestri