ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE INSPECTEUR CLOSEAU

Cuando era chico (soy clase ´57) las señoras tilingas de clase media nunca dejaban de recitar a coro que “esa” mujer, elípsis para Eva Duarte de Perón o simplemente Evita, se vestía con unos trajecitos sastre así nomás para recibir a sus grasitas, pero en privado usaba lo más refinado y caro que había, clara demostración de su desprecio por los postergados y desposeídos y era solo demagogía lo de ella.

Generalmente esa anécdota venía de la mano con los pasillos del banco Central intransitables por la cantidad de lingotes de oro, y el estado penoso en que había dejado LA REPÚBLICA (se escuchaban las mayúsculas) cuando el tirano prófugo (se escuchaban las minúsculas) huyó en la cañonera paraguaya (la paraguayez de la cañonera se escuchaba subrayada).

La evolución del tilingaje agorilado es claro: ahora vestir se bien para tratar con los grasitas de Eva es un insulto, está mal que los frutos de la vieja demagogia se exhiban en público. Hay que vestirse con lo peorcito que uno tenga, y dejar para la intimidad lo bueno y lo caro, como hacía “esa” mujer.

O… discernir esa fina línea que separa el discurso del meritócrata que “siente” que todo fruto que coseche (la fruta podrida también me pregunto?) es debido a su exclusivo esfuerzo y el discurso que conlleva hacerse cargo de las propias elecciones, desciciones y errores, por que son eso: propias. Todo lo demás, viene por añadidura

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