Tras los eventos acontecidos tras la muerte de George Floyd en los Estados Unidos algo muy interesante ocurrió en Inglaterra durante una manifestación the Black Lives Matter en Bristol y fue que un grupo de manifestantes derribó la estatua del comerciante esclavista Edward Colston y procedió a tirarlo al río Avon. Esto reavivó los pedidos para que la estatua del benefactor Cecil Rhodes fuera removida de la Universidad de Oxford. De hecho sólo horas después del derribamiento de la estatua de Colston un graffitti  apareció al lado de la Rhodes diciendo: ‘Rhodes, you are next!’.

La estatua del Rhodes está montada sobre la puerta del Oriel College como mirando hacia abajo, consdescendientemente, a todos los que pasan por la calle. La pregunta que surge es, entonces, cómo la muerte George Floyd en Minneapolis llevo a un escenario de tamaño revisionismo histórico en el centro mismo de la escritura de la historia mundial en Oxford. En principio, uno tiene la impresión de que las protestas en Gran Bretaña ya no tienen que ver con manifestaciones de solidaridad con lo que acontece en Estados Unidos sino con algo más profundo. Hasta podría decirse que no tiene que ver necesariamente con los abusos policiales en Inglaterra sino con un diálogo qué hace rato viene queriendo darse y que por varias razones no ha podido darse.

De las protestas en Bristol, Londres y Oxford lo primero que soprende es la edad de los manifestantes que va de los 18 a los 25 años. Pensar que el caso de Floyd encendió, por si sola la llama, es inocente. De hecho, una trabajadora negra acaba de transporte a quién un blanco con Coronavirus escupió y qué pocos días más tarde murió emerge como un caso análogo que pone en evidencia el odio de clase y racial. Otro tema que emergió fue el qué algunos residentes de la fatídica Glenfell Tower incendiada por el descuido y la negligencia de un gobierno despreocupado por los pobres todavía no han sido puestos en sus nuevos hogares a dos años de la catástrofe. Todo esto, desde ya, tiene un componente racial. Otro de los problemas que apareció fue el crecimiento dramático de las detenciones de negros sin razón aparente bajo las normas de excepción impuestas tras los atentados terroristas. Con la liberación de las normas de la cuarentena se vio que mientras familias de blancos se instalan en la playa con el beneplácito de la policía, muchos negros son detenidos son mandados a sus casas por razones sanitarias. Sin ir más lejos, en el 2010 hubo un caso conocido muy similar al de Floyd en donde un joven negro murió mientras gritaba ‘I can’t breath’. Tal vez una de las razones por la que los jovenes son quienes salieron a manifestarse es que en este pais los jóvenes de color son quienes tienen que realmente indagar para poder enterarse de qué es lo que ocurrió en el pasado porque la historiografía, precisamente la que se enseña a escribir en Oxford, ha sido muy efectiva y sigue siéndolo en esconder el pasado racista de Gran Bretaña. Lo que pasó con Colston en Bristol, entonces, no sorprende ya que ese es un diálogo que viene ocurriendo desde hace tiempo. El problema es que ese mismo dialogo ha venido siendo silenciado.

Colston es un héroe local en Bristol en principio porque con el dinero del comercio de esclavos africanos hizo mucho trabajo filantrópico y hasta podría decirse que desarrolló el Bristol que hoy conocemos. De hecho hay una procesión anual con los residentes parodeandose vestidos con sombreros de época y pelucas por las calles y que se usa para conmemorarlo y homenajearlo anualmente en detrimento de las comunidades negras que lo miran desde la vereda. Puede decirse entonces que el derribamiento de la estatua es el evento del que más se ha podido aprender entorno de un monumento público en la historia de Gran Bretaña de los últimos 200 años porque por fin la gente común comienza a escuchar otra campana. Lo que todo esto pone en evidencia es la violencia psicológica de tener que reavivar transgeneracionalmente el trauma de la gente de color cuyos antepasados fueron comerciados cómo esclavos y hoy siguien siendo ignorados. La pregunta que surge es por qué no hay más énfasis en revisar esta historia y la respuesta es que la riqueza actual está directamente construida a partir del legado de estos esclavistas. En otras palabras criticar a Colston redunda en criticar la naturaleza misma de lo que Inglaterra es y en lo que se ha convertido Y desde ya esta es una discusión muy complicada para tener en una sociedad insegura no sólo de su pasado sino también de su presente ya que atenta contra los principios mismos sobre los que la Inglaterra contemporánea ha sido construida convenciendose de su progresismo, dinamismo, tolerancia e igualitarismo. La obvia razón para no querer ver esta realidad es que una mirada a las desigualdades entre los países en la actualidad nos da una radiografía de una oposición entre blancos ricos y negros pobres a 200 años de la abolición de la esclavitud. Hoy, no hay iPhones producidos sin la explotación de negros en el Tercer Mundo y esto es algo que no ocurría solamente en epocas de Colston sino que ocurre hoy. Desde ya encarar seriamente este problema pone en evidencia cuestiones como reparaciones económicas, redistribución de la riqueza, etc; que, desde ya, la élite inglesa no está dispuesta a encarar. La narrativa que una revisión de la historia estaría desarmando es la que plantea que la presencia imperial de Inglaterra ha sido benéfica y ha mejorado la vida de las colonias cuando en realidad ha sido una presencia brutal, extractiva y que en el gran esquema de las cosas ha alterado el equilibrio no solamente social sino natural del planeta. J A T

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