De varios lugares me llego el vídeo del desplante de Cristina al artista Daniel Santoro. Lo que a primera vista puede parecer irrisorio o incluso un accidente, en realidad,  al ser puesto en el contexto de la situación actual del sistema del arte argentino pone en evidencia algunas cosas que nos pueden ayudar a entender mejor el presente. En principio lo que el desplante demuestra es, por un lado, la inexistencia de un mercado del arte del que los artistas puedan vivir y por otro, la dependencia absoluta de los artistas de un sistema de premios y subsidios en el que como vimos en el último lanpodcast con Dolores de Argentina, estos son maltratados. La única alternativa a esto es insertarse en la corte y esto no es ni ha sido exclusivo del Kirchnerismo. Desde ya esta es una corte que distribuye favores no con dinero privado sino con dinero y privilegios públicos.

Durante los años del macrismo hubo un doble discurso respecto al sistema del arte porque por un lado la política cultural se constituyó como una extensión de Arte Ba al punto que el Gobierno de la Ciudad financió con 4 millones de euros un puente promocional entre las galerías porteñas y una de las principales ferias internacionales de arte del mundo como es Art Basel. Simultánea y complementariamente, el Gobierno Nacional a través de la Cancillería subsidió a las galerías más importantes yendo contra sus propias credenciales liberales y no entendiendo que las galerias que estaban siendo subsidiadas eran precisamente las que podian prescindir de esa ayuda. Dicho de otro modo, si bien el macrismo se presentó como facilitador de un mercado del arte local en realidad no fue otra cosa que la fachada del mismo tipo de corte subsidiada amiguista de siempre.  Las fotos entre Juliana Awada y Orly Benzacar son prueba de ello.

Hace unos meses de modo un tanto violento critiqué a Marcia Schwartz por posar con Teresa Anchorena y con Ama Amoedo al mismo tiempo de querer presentarse como una artista popular qué enseña en las villas y está en contacto con el pueblo. Hay una diferencia entre ‘artista popular’ y ‘artista dama patricia que va a la villa hacer beneficencia’ y parece que Marcia no lo viene enteniendo. Marcia vive en un petit hotel, tiene una pensión vitalicia por el Gran Premio nacional y tiene dinero de herencias por lo que no debería necesitar posar con Teresa Anchorena para seguir vigente. Sin embargo hay una inercia en el artista argentino a participar en la corte.

El caso de Santoro es similar. Si se quiere, el problema fue que confundió el timing y el timing es algo fundamental en toda corte. En este post incluyo el autorretrato de Anthony Van Dyck con el girasol. Para entenderlo uno tiene que retrotraerse a la cultura de la corte Estuardo donde este pintor era el retratista oficial. En ese autorretrato, el girasol no es cualquier flor sino que es la flor que está constantemente mirando al sol y este no es otro que el monarca absoluto, presentado como la fuente de luz, calor y el orígen de todas las cosas. Otro ejemplo de relación estrecha entre soberano y pintor es la que existió entre Antonio Moro y Felipe II quienes eran amigos hasta que un día Moro se extralimitó y le tocó el hombro. Al día siguiente las puertas del Escorial se le cerraron por siempre y tuvo que emigrar a su Bélgica natal. Algo de esto fue lo que le ocurrió a Santoro quien sencillamente se precipitó y pretendió que el arte tuviera un lugar que en medio de una pandemia no puede tener. De hecho, pretender interactuar fisicamente en medio de la cuarentena entregando una cuadro envuelto y abrirlo en la calle fue pedir demasiado y en esto estoy con Cristina. Esos errores se pagan con el desplante. Yo creo que este episodio demuestra la fragilidad y la dependencia y tal vez, la ansiedad de los artistas argentinos por seguir existiendo. J A T

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES CON DOLORES DE ARGENTINA TRAS SU RENUNCIA AL JURADO DEL PREMIO ITAÚ