ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE BABY DO THE CONGA

Los influencers de YouTube/ Instagram son los nuevos mediáticos o participantes de realitys de segunda selección.

Es como la especie que más rápido captó la decadencia de los medios, se apropió de eso y lo están exprimiendo a morir. Hacen de todo para generar guita, te publicitan hasta servicios de MATAMOS POR ENCARGO (con sonrisa colgate, obvio) y si taggeas a cuatro amigos tenés más chances que el fiambre te lo entreguen ya.

Okay, genial por ellos, hay que rebuscárselas pero, insisto, ni uno gracioso, con carisma inusitado o con mínima formación académica. Hasta el más atrevido es redundante y termina siendo un cliché de sí mismo. Nadie interesante, ni siquiera en el contenido o estilo que le ponen a sus respectivos perfiles de IG.

Se sacan exactamente las mismas fotos: con cara de pato, sacando la lengua, con los dedos en v, haciendo fuck you, riéndose.

Como personajes, oradores, conspiradores, reaccionarios, barderos o lo que sean, es impresionante el poco conocimiento cultural y universal que tienen. Intentan formular una idea y hacen aguas. No saben nada, no tienen vocabulario. Conocen 100 palabras.

Ahora está “de moda” el instagram live, ahí hablan de puras gansadas, se tapan la boca como pendejos de 12 años cuando se cuentan secretos de alcoba. No paran de contar lo que les pasa, lo que hacen y lo que van hacer en este preciso momento (también, según la demanda van redoblando la estupidez) y, por momentos, juegan a ser panelistas de televisión.

Se sacan exactamente las mismas fotos con cara de pato, sacando la lengua, con los dedos en v, haciendo fuck you, riéndose y así van alternando. Todos iguales, nadie auténtico ni deslumbrante.

Lo único rescatable son los youtubers cocineros, son mucho más honestos y algunos que no se exponen pero que se rompen la cabeza editando.

En fín, esta cuarentena la voy a recordar por siempre como la confirmación apocalíptica de qué esto, aquello, lo otrx se va a poner cada vez peor.

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