Que vengan a trabajar al Santa Evita que nosotro lo peronista tratamo bien a lo trabajadore

ESTE TEXTO ES DE JAVIER FIRPO PARA CLARIN

“Este es el nuevo sueldo, el que nos manda el gobierno… Si no les gusta, ahí está la puerta. Los que laburan acá saben que los restaurantes de la zona andan como el culo y que los sindicatos están pintados. ¿¡Además, adónde van a ir!? ¿Me quieren hacer juicio? Que lo hagan”.

Gabriela Rita López es, o era, la encargada general de Santa Evita, el restaurante militante cuyos dueños, Gonzalo Alderete Pagés y Florencia Barrientos Paz, se encuentran en una situación -al menos- controversial con los empleados del local de la calle Julián Alvarez 1479, quienes visibilizaron todo tipo de irregularidades respecto de sus condiciones de trabajo. Hoy están virtualmente despedidos y no cobraron indemnización.

Según López, mano derecha y asistente personal de Pagés y Barrientos Paz hasta ahora, y garante del local de Villa Crespo, la frase del comienzo corresponde a la dueña, “una verdadera explotadora que trata a sus empleados como esclavos“, asegura. “Yo tenía una buena relación al principio, cuando abrió el Santa Evita, en septiembre de 2018, pero con el paso del tiempo noté cómo era el manejo que tenían, los modos y cómo pagaban”.

López, de 56 años, dice que durante los casi dos que trabajó en el restaurante cobró en negro. “Y eso que yo puse la garantía de mi casa, que es lo único que tengo, para el alquiler del local. Imaginate cómo tratarían al resto, como ganado, no les importa nada. Dejaron en la calle a más de diez familias y tomaron a tres muchachos para que les hagan el delivery. Una bajeza absoluta”.

El Santa Evita es un proyecto de Alderete Pagés, que fue el chef de otro proyecto de cocina militante como Perón Perón. ​El emprendimiento actual cosechó una importante clientela que va más allá del barrio de Villa Crespo, cuyas especialidades son guisos, carbonadas, locros, empanadas y flanes, cerró el 23 de marzo por el inicio de la cuarentena y reabrió el 23 de abril para realizar delivery y ofrecer take away.

Explotó de gente. Contra todos los pronósticos, no dábamos abasto. Se agotaba toda la mercadería y no podíamos satisfacer a todos los clientes por falta de personal“, expresa López, conocedora del movimiento interno y también del ingreso monetario.

El regreso al trabajo el 23 de abril fue con 3 de los 14 empleados que tenía el Santa Evita hasta el comienzo de la cuarentena. “Les rogábamos a Florencia y a Gonzalo -los dueños- que reincorporaran a los otros compañeros, porque nos estaba yendo muy bien y con ellos las cosas irían mejor para los clientes y para nosotros. Pero ella no quería saber nada, descubrió que con el delivery y el take away, y con el restaurante cerrado y sin pagarles a los empleados, el negocio era inmejorable”.

Los dueños del restaurante militante decidieron unilateralmente no pagarles a sus empleados el otro 50 por ciento, por lo que los trabajadores sólo recibían el ATP que les daba el gobierno.

“Este es el nuevo sueldo, si no les gusta, paciencia“, encaró Florencia Barrientos Paz a Mauro Busso, jefe de cocina, hombre de confianza de hace más de cinco años. “Yo ganaba $ 42.000 y hoy recibo los $ 16.800 que da el gobierno. Tengo una nena, mi mujer embarazada y alquilo un departamento. ¿Cómo hago?”.

De 37 años, Busso no quiere otra cosa más que las deudas que tienen con él. “Tengo feriados trabajados, días que no me correspondían que trabajé, los aportes sociales impagos desde marzo, aumentos nunca abonados, para mí es mucha plata. De un día para el otro me suspendieron y nunca me avisaron, ni me explicaron los motivos.Ellos saben que yo sufro asma y estoy exceptuado de ir a trabajar porque soy población de riesgo. Me ofrecí a cocinar desde mi casa pero nunca me respondieron”.

No encuentra una justificación el jefe de cocina del Santa Evita sobre la conducta de sus dueños. “Es inadmisible, no entiendo porqué son así con sus empleados, que siempre les han respondido mucho más de sus posibilidades. Yo dejé todo por el restaurante, postergué mi familia quedándome más horas y nunca me pagaron nada, nunca un gesto, un premio. Ellos siempre son las víctimas, ellos siempre están quebrados. Para mí ya no hay retorno. Sólo exijo que me paguen lo que corresponde”, dice.

La situación de Melisa Ponce (21) es todavía más delicada. “Te quiero pedir que renuncies, así no nos servís”, afirma Ponce, camarera del Santa Evita, que recuerda lo que le dijo Florencia Barrientos Paz, cuando la joven empleada le comunicó -en 2019- que estaba embarazada y que debía realizarse una ecografía debido a un hematoma en el útero. “Cuando me respondió eso, yo me fui re triste. Me di cuenta de que mi salud y mi embarazo le importaban tres carajos”.

Ponce fue mamá en enero último y su licencia por maternidad terminó en abril. “Desde entonces no cobré un centavo. Nada. Ella -por Barrientos Paz- me dijo que estaba registrada para cobrar el ATP, pero yo pude corroborar tres veces que no estoy ni siquiera inscripta. Se lo hice saber a ella, que me lo sigue negando al día de hoy y además me aclara, por las dudas, que está quebrada y no me puede pagar nada”, señala Ponce, cuyo sueldo en blanco era de $ 16.000 y en negro $ 2.000.

Ayudada por su mamá y el padre de su hijo, Ponce, que cobra $3.000 por asignación familiar, sostiene: “Florencia me hizo sufrir durante todo el embarazo, me pagaba el sueldo a regañadientes y a fin de cada mes, siempre yo teniendo que reclamárselo como si fuera un favor”.

“Tenía los nervios de punta y eso complicó aún más mi embarazo. Ella sólo quería que yo renunciara, pero no estaba dispuesta a darme la plata que me correspondía”, describe la camarera que empezó a trabajar en Santa Evita desde el día de su inauguración, en septiembre de 2018.

Vuelve a tomar la palabra Gabriela López, quien de alguna manera se ponía el local al hombro. “La indignación tiene que ver por la falta de ética y moral de estas dos personas, que sólo quieren salvarse ellos y no les importa nada. En mayo facturaron limpio más de un millón de pesos con el delivery y el take away. ¡Qué mejor oportunidad para ponerse al día, para tener un gesto, para pagarnos parte de la deuda. Nada de nada, se la guardaron ellos”.

La bronca acumulada de los empleados, que cuentan con los servicios del estudio de abogacía de Héctor Recalde, hizo que enviaran cartas documento a Alderete Pagés y Barrientos Paz quienes, ofendidos por esa actitud, suspendieron a los tres empleados que habían vuelto a trabajar en la reapertura parcial, entre ellos López.

“Ellos juegan el papel de que son peronistas, enarbolan las banderas del peronismo y en realidad son dos burgueses aspiracionales que viven más alto de sus posibilidades económicas a costilla de los trabajadores mal pagos. Desde el día uno ellos se cagan en todas las conquistas del peronismo”, denuncian.

Comunicado de los dueños de El Santa Evita

Hola. Somos Flor y Gonza, creadores y dueños del restaurante Santa Evita, ustedes nos conocen. Les escribimos porque recibimos un escrache contra nosotros que nos resulta terriblemente doloroso, basado en mentiras y acusaciones falsas y quisiéramos aclarar un par de cuestiones:

El Santa Evita es una microPyME. Lo abrimos en agosto de 2018, en plena crisis neoliberal, apostando lo poco que teníamos en nuestros bolsillos y asumiendo deudas que todavía estamos honrando. Creamos puestos de trabajo y nosotros mismos dejamos gran parte de nuestra vida adentro de estas paredes. Todos los que vinieron pueden dar fe de que siempre estuvimos al frente de la nave. Por eso, durante casi dos años, y a pesar de la situación socioeconómica, ustedes nos acompañaron desde el primer momento.

En los últimos meses, como le sucedió a todos los comercios, y particularmente al gremio gastronómico, nos encontramos haciendo malabares para sostener el restaurante y los puestos de trabajo. Nadie puede ignorar este contexto. Cada día, desde que empezó la cuarentena, buscamos alternativas que se adapten a las nuevas reglas y nos permitan recaudar, aunque sea una parte de lo que se necesita para no bajar las persianas. Una vez más, arriesgamos nuestro patrimonio personal y esta vez, también, nuestra salud.

Nuestra prioridad es garantizar que el Santa Evita siga funcionando y dando trabajo, incluso en esta situación de crisis, en la quesostuvimos a toda la planta de trabajadores aunque no teníamos funciones para una parte del equipo. Pusimos eso adelante de muchas cosas y nunca dejamos de preocuparnos por que cada uno de nuestros empleados tuviera un ingreso, sin poner en riesgo la sustentabilidad del negocio. Nosotros, desde que comenzó la pandemia, no hacemos más acumular deudas. No nos quejamos: son las reglas de juego.

Nos gustaría aclarar también que nosotros no tenemos casa propia y decidimos pagar los sueldos antes que el alquiler del PH en el que vivimos, que es el mismo desde hace más de una década, o la cuota del colegio de nuestro hijo. Nos quieren pintar como empresarios inescrupulosos cuando somos trabajadores que en una situación difícil para el país decidimos apostar y generar trabajo.

En este contexto, lamentablemente, y sin que medie ninguna instancia previa de reclamo, nos vemos envueltos en este conflicto, que no quisimos ni buscamos, construido en base a falsedades y con propósitos que exceden un reclamo laboral. Como corresponde, el problema se resolverá en los Tribunales, donde los trabajadores cuentan con garantías para hacer valer sus derechos. Nosotros cumplimos nuestras obligaciones y, como no puede ser de otra forma, también cumpliremos lo que se decida en sede judicial.

Entre otras mentiras, han dicho que nos quedamos con los sueldos que se depositan en el marco del programa ATP, cuando es de público conocimiento que ese pago lo hace el ANSES directamente en las cuentas de cada empleado. También nos acusan de tener una facturación extraordinaria durante la pandemia, una falsedad que se cae por su propio peso: como en todo el sector, los ingresos se redujeron a una fracción de los que teníamos funcionando con normalidad.

Detrás del escrache hay una persona que hasta hace unos días queríamos como a una hermana y sentimos un inmenso dolor al ver que tejió una maniobra que tiene como único objetivo hacernos daño. En su afán, sólo logra poner en riesgo las fuentes de trabajo que dice defender. Seamos claros: si quiebra el Santa Evita, nos quedamos todos en la calle. Y todos sabemos lo difícil que será conseguir empleo en el rubro gastronómico por mucho tiempo.

Todos nuestros números son claros y están a la vista, igual que nosotros, porque no tenemos nada que ocultar. Por eso, estamos muy tranquilos con respecto a lo que vaya a suceder en la Justicia. Los medios y las redes son otra cosa: ahí no hacen falta pruebas para difamar. Nos resulta muy triste pero no vamos a responder de la misma manera. Seguiremos haciendo lo que sabemos hacer: comida rica.

SC

EL LANPODCAST DE ESTA SEMANA ES CON DOLORES DE ARGENTINA Y SU RENUNCIA AL JURADO DEL PREMIO ITAU FRENTE A LA DECISIÓN DE ESTE BANCO DE NO ACTUALIZAR EL VALOR DE LOS PREMIOS AUN EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS