ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE CATU

Muchas veces me pregunté si algún día conocería a algún otro lector de LANP (conozco a tres alumnos, pero no lectores-lectores). Me preguntaba en qué circunstancia podría ser, cómo lo identificaría, cómo sería la persona y esas cosas.

Lo cierto es que hoy más temprano pasó mi vecina del PH de arriba (!) a buscar su parte del pedido de frutas y salió el tema de que no estoy teniendo tiempo ni para ver las clases grabadas del curso de Historia del Arte que estoy haciendo.

Me preguntó quién lo dictaba.

Cuando dije sin expectativas: “Rodrigo Cañete”, resultó que mi vecina no solo sabía de quién se trataba, sino que terminamos compartiendo nuestras impresiones sobre esta cañechat, hablando de mi amigo novio de Pombo y de la mar en coche.

En lo personal, el Rojas de principios de los 90 irremediablemente me conecta demasiado con la nostalgia:

Vivía muy cerca, estudiaba mucho, laburaba ídem, estaba enamorada como nunca más lo estaría… Por proximidad y por precios populares, en el Rojas, hacía talleres varios: desde acrobacia con gente que venía de
las -tal vez extinguidas- familias circenses, clases de estiramiento, talleres de lectura… y vivía todo sin ninguna perspectiva; más bien como parte de una movida liviana que como hechos artísticos.

Pero volviendo a la cañechat, me doy cuenta de que a fuerza de machacar, estoy pudiendo hacer lecturas que después -de algún modo- se confirman cuando escucho las apreciaciones de Rodrigo.

Y me quedo con la (agradable) sensación de que Goldenstein no parece ser un fundamentalista (y que tiene un tic nervioso y no deja de tocarse la ñata) y con la alegría y el disfrute de las puertas que se abren para seguir curioseando cuando Rodrigo empieza a revolear nombres y a establecer esas relaciones entre obras o artistas, como sólo él puede y sabe.