ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE Cosecha Roja

Una persona en situación de calle murió quemada el sábado en Constitución. El horror no es nuevo: morir quemado es un miedo latente en las personas sin techo, que con la pandemia se multiplicaron.

Morir quemado en la calle

Fotos Paula Acunzo

El sábado una persona en situación de calle murió quemada. Pasadas las 11 de la noche, mientras dormía en una ranchada bajo la Autopista 25 de Mayo en Constitución, alguien que pasaba la prendió fuego y siguió su camino. No tenía documentación, aún no se sabe si era hombre o mujer y no hay pistas del autor. El horror no es nuevo: morir quemado es un miedo latente en las personas que viven en situación de calle.

Papeles hechos bollos entre la ropa, arriba frazadas, pedazos de tela o cartones: todo sirve para abrigar del frío en la calle. Eso mismo que arropa puede arder con el odio.

Horacio Ávila vivió siete inviernos en la calle y es integrante de Proyecto 7 desde su origen en 2001, una organización creada por y para personas sin techo que trabaja con Centros de Integración. Recuerda el día en que su amigo “El Corcho” fue quemado:

-Estábamos haciendo ranchada en el Spinetto y nos despertamos por el olor. Fueron cinco segundos. Alguien lo roció con algo y le tiró un fósforo. Cuando nos despertamos lo apagamos con frazadas que teníamos a mano.

El Corcho quedó con la mitad de su cuerpo dañado pero se salvó. Lo llevaron al Hospital Ramos Mejía y pudo recuperarse. Hoy sigue en situación de calle.

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La pandemia trajo miedo y las personas que viven en la calle lo sienten por dos: el miedo al coronavirus y el que ya tienen por ser marginados por el sistema. “Lo de andar quemando a las personas no es algo nuevo, lamentablemente hay mucha gente que odia a los que viven en la calle y eso no tiene nada que ver con que estemos atravesando una pandemia, solo se lo puede comparar con la perversidad nazi”, dice Horacio.

Según el último Censo Popular, publicado hace un año por el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires, había 7251 personas en situación de calle. Hoy no se sabe el número exacto, pero se los puede ver muchos barrios de la ciudad: hay nuevos pobres. Personas que hacían una changa con la que pagaban la pensión y ya no la tienen, por eso andan con sus muebles dando vueltas, porque si van a un parador pierden lo poco que tienen.

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“El 30 de mayo murió Agustín Lara, de 16 años, al caérsele encima un pedazo de mampostería mientras dormía en la calle. El 7 de junio fue Leonardo Macrino, quien sufría un padecimiento mental y fue desalojado enfermo de un hotel del barrio de Montserrat, y amaneció muerto sobre la vereda en la esquina de Luis Sáenz Peña y Chile. A los pocos días fue a Sergio a quien sus compañeros de ranchada encontraron sin vida, tenía 63 años y dormía en la esquina de México y Sánchez de Loria”, denunciaron en un comunicado desde la Asamblea por los Derechos de las Personas en Situación de Calle.

“El 27 de junio fue Dimitri, un señor de origen serbio que paraba en Av. Caseros y Lavardén, en el barrio de Parque Patricios; fue trasladado por una ambulancia del SAME que llamaron sus vecinxs y falleció a las pocas horas en el Hospital Penna. El 3 de julio, Bernardo “Tuly” Micieli, de 66 años, fue desalojado en plena pandemia del terreno ubicado en Melián y Vilela en el barrio de Saavedra, donde vivía, con lo que quedó en situación de calle y perdió su vida”.

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La ley 3706 de la Ciudad establece que el gobierno debe “proteger integralmente y operativizar los derechos de las personas en situación de calle y en riesgo a la situación de calle”. Con los paradores públicos repletos y sin poder garantizar que los desalojos se frenen, esta ley no se está cumpliendo. El invierno ya empezó.