ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE PEPO

Agustín Laje es otro piolita que tomó lo que la progresía dejó caer hace rato: un discurso medianamente articulado y cierto manejo de los mecanismos básicos de la lectura crítica y de la argumentación, cosas, en fin, que la derecha no solía exhibir, salvo en sus representantes más ilustrados. Grondona no era uno de ellos, precisamente, (digo, por si alguno lo recordó).

Con ese caño que juntó del suelo, se dedica a sacudir a lo más caricaturesco del progresismo local: mediáticos que no terminaron el secundario, universitarios adolescentes criados a fotocopia. y pibes modelo “poco seso pero mucha voluntad” que creen que el entusiasmo equivale a tener razón y que la verdad nunca es elusiva ni guacha. Con esa gente se mete Laje. Es como entrenar a lo Tyson para boxear a una jubilada con anemia. Ese es su espectáculo y su negocio.

Es lo mismo que hacían antes los progres ilustrados: verduguear al facho bruto. Pocas veces se daba al revés.

Todo es una gran falacia del hombre de paja: abominar del progresismo a causa de su subproducto tóxico es hacerse el boludo respecto de los males que el progresismo busca combatir y que siguen siendo la gran mierda.

Tipos como Laje son funcionales (a sabiendas) de esa mierda. Quiere convencerte de que mandinga no existe porque el exorcista del pueblo, en efecto, es un opa, o un borracho putañero.