La nota de Fernando García del 12 de julio en la que hace lo que, al menos para él, es una crítica del intento de Guillermo Kuitca de usar la reputación ‘under’ de la difunta Rosario Bléfari debe entenderse como otro capítulo más en el ya centenario intento del diario La Nacion de normalizar todo aquello que pueda ser potencialmente disruptivo.

Conocí a Fernando García cuando fui invitado por la brutita María Paula Zacharías al programa de radio que estos dos pejertos tenían en una emisora pedorra de la plaza Vicente López. De entrada García se reveló como un ignorante interactuando conmigo a partir de la imagen que tenía de mi y no de la que podía formarse despues de nuestra charla. Haciendo gala de las credenciales de mediocrismo chupaculos de estos dos supuestos periodistas quien ademas comparten el precario privilegio de escribir para el diario La Nación que fue el diario que, en su momento, consideró, por ejemplo, al Siluetazo de las Madres de Plaza de Mayo como ‘un rejunte de basura’, intentaron, de entrada, condicionar mi conducta reclamando que yo solo respondiera a sus preguntas del modo que ellos querian que lo hiciera. No sea cosa que su falta de inteligencia los dejara en evidencia.

Luego Fernando García se aventuró a la escritura de un libro sobre una década compleja como los ochentas que para él podi3a explicarse a partir del concepto de ‘matar al padre’ usando como alegoría de época a los Schocklender. Para él, el punk de los 80s fue equivalente a matar a los padres y meterlos en el baul. Supongo que esta misma alegoria podria ser usada para la Neo Figuracion y el Arte gauchesco, para el arte del Rojas respecto de la Nueva Imagen de Glusberg y basicamente para todo momento en el que una generacion de artistas consideró imprescindible cambiar las cosas. Eso no es una hipotesis para un libro sino una obviedad para cualquier momento de cambio histórico. Solamente en Argentina se puede publicar un libro tan pelotudo.

Ahora el pelotudo compañero de la brutita intenta transformar este gesto tardío y me atrevo decir oportunista de Kuitca en una obra de cierta significación y esto lo hace comparando en la primera oración al artista argentino con J.D.Salinger por la sola razón de que Kuitca en lugar de vivir en diferentes lugares del mundo como se supone que debería vivir (ejem), decide refugiarse en su casona de Belgrano. Recordemos que Kuitca es el ex de Hernan Marina lo que dice mucho de nuestro Salinger.

El retrato de Blefari por Kuitca es minimo no solamente en tamaño sino tambien en expresión. Es casi una foto carnet y no solo eso, casi una foto de detencion policial. Es tal vez por esto que al periodista del periódico facho le interesa particularmente esa imágen y es tal vez eso lo que un artista como Kuitca que vendió su alma al mercado internacional para acabar fuera de la historia del arte quiere hacer con alguien como Blefari que se mantuvo al margen de esos cabildeos. Mas que un homenaje es una proyección psicológica en forma de ataque. No sea que la mujer muerta se lleve las glorias que solo le corrersponden a los hombres mediocres. J A T