Estoy, cada vez más convencido, de que la culpa de la gran mayoría de los problemas argentinos la tiene el Diario La Nación porque es un diario que se presenta como el gran y muy serio constructor de opinión pero tambien tiene una politica de elevar personajes mediocres a lugares de gran visibilidad (Mike Amigorena, Nik, Esme Mitre, Liniers, Calu Ribero y todo miembro de la rancia y desmonetizada clase alta argentina) para crear ‘gusto’. Es en esta segunda cuestión en la que el diablo suele ser malo sólo porque es tonto.

En esta ocasión, es el último emprendimiento de Calu Rivero. Dejenme aclarar esto. El único emprendimiento de esta muchacha ha sido el de transformarse ella misma en un brand que al principio era de ‘it girl esteña’, luego fue de ‘luchadora abusada feminista’ y desde rebautizarse como Dignitiy pasó a ‘artista de performance’. A cada paso, ella fue intentando comercializar esto por lo que nunca sus proyectos fueron verdaderamente estéticos sino comerciales. La estética en ella es simpre oportunista y en tanto, moda. El problema con Calu es que su ‘estética’ ha siempre estado fuertemente vinculada con la ‘ética’ y eso es lo que la separa del resto. Al principio era ‘vegana’ (aunque no le pareció desagradable hacer campañas con ropa de cuero), luego fue ‘luchadora feminista’ (aunque su paso a la fama fue ser cogida por un hombre famoso) y cuando la visibilidad de ese movimiento se agotó y su terrible error de la obra con Muscari, decidió parar la pelota y repensar la estrategia. Así fue que se fue a hacer un curso pedorro de meditacion o algo por el estilo en el Instituto de Marina Abramovic y bien al estilo Argentino y más específico del diario La Nación, transformó un curso no en una oportunidad para saber algo más en ese constante proceso de devenir que es la vida sino para consolidar otra identidad osea … ‘Dignity’.

Hay que reconocer que viniendo de Catamarca poder trabajar en transformarse a sí mismo en una marca en un país racista como Argentina y sin prácticamente  saber hablar es un gran merito. Es indudable que el diario La Nación desde hace una decada ha venido considerando, por alguna misteriosa razón que todo movimiento en la vida de Calu merece un artículo en su diario. Al respecto pueden haber dos hipótesis: que la Nación cree de manera realista que sus lectores son idiotas por lo que hay que darle cosas idiotas o que alguien en La Nación recibe un lustrado de pija de la mencionada o de alguien vinculado a la mencionada, de vez en cuando).

Ahora Calu es la ‘portavoz’ (atención al término elegido : ya no se muestra como juvenil objeto de deseo sino como alguien que sin saber hablar, de golpe, habla en nombre de la marca). La marca en cuestión es Furzai y lo que motivó a escribir este post es que hace algo analogo a lo que en su momento hizo Benetton al no mostrar publicitariamente la ropa sino un concepto. En el caso de Benetton, el concepto tenía una calidad de shock que disrumpía los circuitos publicarios tradicionales por decontextualización. En el caso de Furzai, el concepto es un mamarracho nihilista con tonos de optimismo que rozan la lobotomía, una combinación del slogans de no adherir a ningún slogan con una serie de afirmaciones tan vagas y tan pelotudas que realmente voy a incluir en mis oraciones que, por favor, esto no haya sido el resultado de un estudio de campo y refleje el modo en el que la gente verdaderamente piensa.

Según La Nación en lo que o bien puede haber sido una nota paga o puede ser parte del enamoramiento incomprensible entre ese diario y Calu Rivero, Furzai es una marca de indumentaria que ‘es más que eso ya que, desde su estética, discurso y elecciones, brega por una actitud libre y personal. Y gracias a estos atributos y a su capacidad de comunicar, contemporánea, versátil y transparente, convoca naturalmente a una comunidad de mujeres que parece necesitar de esos valores’. A primera vista y a pesar de parecer una pelotudez; desde un discurso feminista, esta frase tiene una carga historica muy densa. Si convenimos que la moda, en una sociedad heteronormativa, ha sido diseñada para que mujeres aumenten su carisma sexual y consigan marido, gente como Calu Rivero han recibido fuertes criticas por corporizar un tipo de mujer que se objetualiza no, como dicen ellas, para empoderarse y adueñarse de su deseo sino para reforzar el sistema de explotacion que suponen criticar. La ropa de Furzai vuelve a lo básico entendiendo por básico minimalista lo que seguramente tienen que ver con la falta de recursos y el modo en el que la pauperizada industria de indumentaria argentina funcionan. Ademas a ese neo-calvinista ‘basiquismo’ se lo asocia con ‘protección del medio ambiente’. Como pueden ver esto es un mamarracho.

La remera que Calu hizo conocida (repito, al parecer estupida haciendo un retiro espiritual y convirtiendolo en arte de performance) como parte de una experiencia sensorial durante el verano era una remera con la inscripción: “”I am From the Illumination Nation” -Dignity”, expresa. En este punto La Nación dice: ‘Y aunque suena a acertijo, Furzai parece entender perfectamente a qué se refiere la expresión: a apostar al potencial divino de la especie humana “”I AM FROM” es la prenda que iniciaría una conversación, una invitación a dialogar, a transformarse’. Como ven todo esto es poco claro. Hasta ahora, lo que creo entender es que lo que estarían sugirindo es que por ósmosis (es decir porque Calu uso la remera en el retiro espiritual y luego la posteó en su Instagramm) o por que una frase incompleta se imprime en una remera se comienza automáticamente ‘una conversación’ como si las remeras con esos mensajes fueran pancartas y cuando los que la lucen salen a la calle los transeuntes las miran y los dejan reflexionando. Ponele. Ese es el punto exacto en el que Furzai y su portavoz conectan. Así lo describe Calu: “Me gusta ese rasgo de respeto absoluto por la vida, ese espíritu. La realidad se construye con acciones más allá de los slogans elegantes o políticamente correctos y comercialmente útiles. Siento que hay un más allá del slogan que es propio de Furzai. Cuando se compra Furzai se colabora con una forma más respetuosa de relacionarse con el mundo”. Esto es lo que no entiendo. Calu dice entonces que Furzai no es una empresa y ni siquiera un concepto sino una ideología. Para ellos (y convengamos que todos son parte de la marca) comprar esa ropa es convertirse en un militante de valores absolutos como ‘la divinidad dentro del hombre’ y ‘el bien’.

Pero luego La Nación avanza en esta surrealista ponderación de Calu Rivero como paradigma ético y de sabiduría elevada para el paroxismo al decir: ‘Para Calu, la intención de reflejar autenticidad es una absoluta necesidad en un mundo en el que “todo se ha vuelto ficción”. En este contexto, destaca la necesidad de crear comunidad. “Para mí, particularmente, es importante recuperar la humanidad perdida y devastada por formas políticas, económicas, culturales e históricas que construyeron la desigualdad que hoy existe entre los sexos y los géneros. Sostengo y defiendo toda esa diversidad y esas diferencias, porque lejos de enfrentarnos, es lo que nos une, lo que nos define como especie y creo que es la fuente de toda riqueza y poder”. Chupate esa mandarina. No me voy a referir a los múltiples dobles discursos y mentiras de las dos primeras oraciones de Calu porque son obvias. El problema de Calu es el problema de gran parte del pretendido feminismo argentino. Como son oportunistas y pretenden que ser mujer se convierta en su identidad por el simple hecho de que nacieron con vagina, solo pueden entender al mundo como dividido entre hombres y mujeres, en tanto, esencias. Pero eso rechaza la reclama de diferencias y diversidad que hace Calu. De hecho es ese mismo mercado al que ella en esa oracion pretende de manera contradictoria criticar sobretodo si se tiene en cuenta que esta critica al mercado se hace desde un emprendimiento en el mercado. Y son precisamente personas como Calu Rivero las que son elevadas por diarios realmente dañinos como La Nación para representar un sentido de la diversidad como vaciada e irrelevante que solo es justificada como una opcion más en el mercado. J A T