En ‘El Espectador Emancipado’, Jacques Rancière llama la atención sobre el contradictorio efecto de los movimientos reinvindicatorios que se han venido sucediendo tras el 68 Francés, entre los cuales, desde ya, podemos incluír al NiUnaMenos y a su versión agremiada en el sector artistico argentino: ‘Nosotras Proponemos’. El problema que planteaba Rancière era la normalización de la protesta y más aún el de la vinculación del arte y la protesta en una dirección diferente al verdadero objetivo del arte es expandir el campo de lo visible en tanto modo de percibir el mundo. Y esto no es algo simplemente formal o ‘estético’ (en sentido tradicional) sino poder lograr modos de resistencia a la naturalizacion de la opresión. Nestor Perlongher se hacía eco de este mismo problema cuando digería las lecturas de Deleuze y entendía que agremiarse y participar en el sistema político pidiendo ‘retribuciones a partir de ciertas identidades’ implicaba un reconocimiento tácito de la validez de ese sistema. Todo esto es ajeno a la falta de sofisticación del movimiento ‘Nosotras Proponemos’ quien, entre otras, cuenta con personalidades exageradamente ambiciosas como Andrea Giunta o Mariela Scafatti.

Ideológicamente el ‘movimiento’ de ‘Nosotras Proponemos’ esta compuesto por artistas, curadoras, investigadoras, galeristas y ‘trabajadoras del arte’ de todo el país lo que, en principio, es una contradicción en términos ya que torpemente trata de convertir el dictum de la teórica feminista Silvia Federici de que el reclamo de la mujer tiene que comenzar por lograr que su rol de reproductora social sea rentado. Para Federici, el gran logro del patriarcado ha sido el de convencer con el verso del ‘amor’ a la mujer a que sea una esclava gratis. Sin embargo, este desplazamiento del espacio īntimo al rol de la artista mujer (como con derechos) es, de por sí, contradictorio y su falta inteligencia solo puede ser justificable por el tipo de narcisismo normalizador en el que estas ‘heroínas’ caen una y otra vez.

En esta ocasion bajo la acción titulada ‘Lxs artistas somos trabajadoras’, el colectivo elaboró un tarifario en cooperación con Artistas Autoconvocados, Trabajadores del Arte y otras agrupaciones del país. De esta manera acordaron un honorario especial de $5000 para las participantes artisticas a las que sean convocadas en el contexto de emergencia economica y social provocada por la pandemia. El documento comenzó en Facebook y se fue completando con la participacion de algunos de los miembros y tiene por objetivo dejar en evidencia que a pesar de la pandemia, el movimiento sigue vigente. Bien por ellas. Qué se yo…

Colocar a galeristas y artistas en el mismo grupo de ‘trabajadoras’ rompe con todas las reglas de lo que una agremiación es. Me pregunto si Orly Benzacar, referente heteronormativo como pocos va a ser quien vaya al Estado a pedirle que saque dinero del sistema de salud publico para darselo a artistas de su galeria promocionados nacional e internacionalmente por el Estado en sus museos e instituciones? Qué medidas tomó ella en materia de precios en su galería? Hay igualdad? Podemos ver, como dirían las chicas, ‘el tarifario’?

Lo que parece vincular al grupo es el hecho de que todas tienen vagina y, desde ese punto de vista, son agrupamiento feminista de segunda generacion que no da cabida a otras minorías, por ejemplo a travestis, drag queens, etc. Es problemático reclamar en nombre de una minoría excluyendo a las otras. Es ahí cuando ellas se definen como ‘artistas’, lo que plantea toda otra serie de problemas. Si bien se presentan como ‘agremiadas’ y ‘trabajadoras’, este grupo no está compuesto por ‘artistas’ sino por todo un sistema que le exige al Estado que las incluya en el reparto. Eso no es trabajar. Eso es clientelismo. El autoproclamarse artista y tener concha no te da derecho a nada ni te hace especial. Ademas, el Estado en materia cultural puede ser una plataforma de visibilización. Pero, como estas muchachas dicen, en la actualidad los medios se han virtualizado por lo que ellas no deberían tener necesidad de participar en el sistema estatal si consideran que no están siendo pagas como deberían. Pueden mostrar directamente en Instagram.

Pero hay dos cosas profundamente negativas respecto de esta idea. La primera es que los que van a sentir el impacto de una medida así son los centros culturales pobres, barriales y del interior que no tienen ni para comprar papel higienico. Rompiendo el verdadero sentido del encuentro entre artista e institución que es mostrar al artista. Pero lo que creo es realmente negativo es que, a nivel macro (y, como dije recién dañando a los chicos y pobres) le pone ao Estado un precio muy bajo para redimirlo de la responsabilidad de tener una politica cultural y al hacerlo transforma una historia riquisima de casi cincuenta años de relacion entre el feminismo y la cultura en un acuerdo por migajas. J A T