ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE SABATEZ

En esta cuarentena asistí a algunas reuniones de Zoom organizadas por artistas, curadorxs y actorxs del arte visual, en una búsqueda de consenso interno. El denominador común atraviesa a todas las partes: la precarización laboral, la falta de derechos al trabajo artístico, el escaso reconocimiento de lo que hacemos como una labor capital por y para una sociedad. Esos encuentros se basaron en, principalmente, preguntarnos qué tenemos para ofrecer, a quiénes, y a cambio de qué.

Es un trabajo interno y, como dije, de consenso horizontal. De debate, de comprender por qué estamos como estamos, no solo en secuencia pandemia, sino desde siempre. Lo que he notado de esos encuentros, que también tuve con grupos de músicxs (pertenezco a ambos mundos), es que todo recae en pedirle al Estado.

En una de esas reuniones, tomé la palabra y dije algo que no gustó, aunque nadie lo dijo… pasa que las caritas y el silencio lo dejaron en evidencia. Y fue simple: no podemos depender de una hipotética ayuda estatal. Si depositamos nuestra supervivencia o desarrollo artístico en un subsidio miseria como el del Fondo Nacional de las Artes (por citar al que más bombo se le dio y que debería ser el más abarcativo y sustancioso), estamos re cagados. Primero porque no alcanza; segundo porque no está garantizado que exista; tercero porque no hay manera de saber “si nos va a tocar” ya sea por motivos diversos; y cuarto porque para pedir, también hay que saber qué ofrecer.

Lxs artistas visuales somos personas que creamos en soledad, en general. Luego, mostramos lo realizado, sin necesidad de nuestra presencia física (a diferencia de artes performáticas y que requieren de más personas, como el teatro, la música, y así). Y esa soledad a veces es sinónimo de individualismo, ego, fragmentación. Que un grupo de artistas visuales se ponga de acuerdo es como pretender que media docena de gatos haga lo mismo al mismo tiempo: improbable. Aún así, intentamos, desde una procesión personal, y grupal… pero interna.

Estas movidas como la de “Nosotras proponemos”, encabezadas por una patriarcal y empoderada Andrea Giunta, distraen de la realidad. Y fragmenta. Ensucia al feminismo. ¿Por qué se cortan solas? ¿No se dan cuenta que necesitamos de todxs, dentro del campo artístico, para entender nuestros roles, lo que podemos dar, y lo que necesitamos? ¿Por qué no llamaron a una convocatoria para proponer, ya que se llaman “Nosotras proponemos”?.

Entiendo que es un “movimiento” de mujeres y, por ende, si tenés pija no entras. ¿Considerarán mujeres a cuerpas no-gestantes? ¿Les importa más ser mujeres, o ser artistas? Si les importara más la labor artística, ¿por qué no hacer un frente amplio?

Ya se ha dicho en este blog: los cargos de mayor jerarquía en la institución-arte argentina están en manos de mujeres. ¿Se pide el cambio, pero de qué sectores? ¿Dónde están los privilegios?

Me da pena. Mientras un grupo de ombliguistas le garronean guita al Estado desde las escalinatas del MALBA (perfo bizarra, totalmente confusa, maaaal), están quebrando cientos de centros culturales inclusivos, y eso no lo visibilizan, por citar solo un ejemplo.