ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE LATEBLOOMER

Qué tendencia de mierda la de estos maracuyás ya fermentados, ventilando sus calenturas otoño-invernales en los medios. El negro Oro lo mismo, van a los programas, desesperados por mostrarse como seres todavía sexuados, que aman y gozan, que a pesar de ser viejos y feos tienen derecho a vivirsh el amorsh. Lo tienen, como cualquiera, desde ya. Pero en lugar de mostrar una historia inspiradora para ellos mismos y para otros hombres gay mayores, donde se aprecie una relación de encuentro real con alguien cercano en edad que comparta algo de la visión del mundo y de la vida, de paridad, de redención final de toda la soledad que puede haber transitado alguien de esa generación, eligen reeditar el estereotipo de siempre: la loca derrotada, al borde de la ancianidad, derrapando en su negación al pretender ser festejados por el afuera exhibiendo un cuerpo joven recién comprado. Una fantasía efébica que los coloca invariablemente en el lugar de la lástima, la ocasión para la burla y finalmente la sordidez del desamparo. Resulta desolador como relato y como ejemplo. El puto viejo que recibe el mensaje a través de los medios, no encuentra nada que le haga sentir que hay alguna posibilidad de escape a lo que siempre temió: un ocaso previsible de intercambio de favores sexuales y afectivos por dinero u oportunidades que en el mejor de los casos dura un tiempo breve, cuando no termina en estafa y humillación. Aceptar la interacción con trabajadores sexuales en la tercera edad, es mil veces más honesto y más digno que intentar convencerse y convencer a los otros de que una transacción en la que ya ni siquiera se regatea a riesgo de que se caiga, equivale a una relación. El viejo narcisismo les tiende la ultima trampa y al caer, demuestran no haber aprendido nada con los años.