El artículo de la Chorra Paqueta, alias Alicia de Arteaga, sobre los mecenas en la Argentina es un ejemplo perfecto del tipo de ‘periodismo’ que la llevó, entre otras cosas, a ser miembro de la Academia Nacional de Periodismo. De Arteaga es el ejemplo perfecto de que chupando las indicadas en el medio en el que trabajas y transformando tu vida en un tipo de impostura que, de entrada, erradica todo criterio del bien, un tonto puede lograr lo que se propone.

Como ya hemos planteado en el blog, cuando Alicia de Arteaga desde su caracter ‘consagrado’ (ya que el trabajo más pedestre lo hacen Chatruc, la Brutita Zacharías, Fernando Iglesias, etc) interviene en La Nación lo hace, sin excepción para enunciar en sus notas, al menos una vez, la palabra MoMA o Tate. No quiero ser presuntuoso pero creo que LANP la puso en jaque al respecto porque desde que este blog apareció ella se vió en la obligación de especializarse en temas. Estos, en principio, son dos: ferias internacionales y coleccionismo.

En la nota del 18 de Julio ella habla de coleccionismo en argentina y lo hace como siempre, no de manera critica sino como exegeta y como portavoz de un grupo social. A traves de la Chorra Paqueta, el diario La Nación cumple con su obligación de confirmarle a sus lectores que, a pesar de los problemas que atraviesa el país (los cuales según ellos, son culpa de otros: cabecitas y zurdos – es decir, yo), hay algunos ‘iluminados’ (intelectuales, artistas y amantes del arte) que aun consideran fundamental continuar con los ideales internacionalistas forjados por la Alianza para el Progreso, un proyecto impulsado por John Fitzgerald  Kennedy como Presidente de los Estados Unidos para alejar al fantasma comunista de America Latina. Fue entonces cuando Jorge Romero Brest y Carlos Squirru desde sus respectivas instituciones se sumaron al proyecto acercando el arte argertino al MoMa. Esto que era, de por sí, una estrategia geopolitica norteamericana hace sesenta años, en el caso de Alicia de Arteaga se ha integrado a su psiquis a modo de acto reflejo y rige su vida. Dicho en otras palabras, la conciencia y mediocridad de su propio fracaso en un país fracasado la hacen ser conciente de que vivir la vida en impostura  es algo, en sí mismo, valioso por eso lo que ha venido haciendo ultimamente es consagrar a los ‘impostados’ de las siguientes generaciones: Axel Oxenford, Erica Roberts, etc.

En el artículo en cuestión, ella comienza con una breve etimología de la palabra ‘mecenas’ para inmediatamente, hacer algo que a esta altura es equivalente en ella a prender una vela al hacer plegaria: rendir homenaje al MoMA y los Rockefeller y, si hay lugar suficiente, al Met y los Mellon. Es ahí donde viene su primer afirmación que revela a alguien a quien, en realidad, no le interesa el arte ya que dice: ‘ Estos ricos norteamericanos son para el museo neoyorquino lo que los borbones al Prado. En los Estados Unidos no hay colecciones reales.’  En realidad no, ya que si los norteamericanos armaron la colección de sus museos por los incentivos fiscales, la colección del Prado no fue armada por los Borbones sino heredada de los Habsburgo. Es más uno de los palacios Habsburgo, que era considerado como la sede creada para albergar la colección real estaba emplazada en precisamente ese lugar y el 90 por ciento de la colección en el Prado viene de María de Hungría, hermana de Carlo V, Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV. La otra cuestion que plantea De Arteaga es ideologica y tal vez permita entender por qué se la elevó con los otros pelotudos al nivel de miembro de la Academia Nacional de Periodismo y es lo que todo esto implica es que los ricos son buenos para el arte siempre y cuando haya beneficios fiscales para que ellos hagan sus donaciones. La respuesta a este axioma es compleja y desde ya en un pais como Estados Unidos en el que un museo como el MoMA trae en turismo gran cantidad de dinero en turismo, en la Argentina, salvo en el caso del MALBA por su locación (que no comprada por Constantini sino cedida por el estado y recordemos que, a diferencia de Rockefeller en el MoMA no donó sus obras sino que usa un predio estatal para promocionar su nombre y sus negocios) este no es el caso por más que los ideales de la Chorra Paqueta hayan coincidido, por así decirlo, con el programa cultural del Macrismo.

En el párrafo siguiente, y habiendose salteado a los Di Tella y su legendaria fundación, se refiere a Amalita como ‘la dama de blanco Sudamericana’. Me pregunto si esta mujer, al referirse a un continenten mestizo como el Latinoamericano no pudo haber encontrado otro mejor apelativo para la difunta en medio de las protestas globales que vienen llevandose a cabo tras el asesinato de George Floyd. Si bien este punto puede parecer exagerado, en su conjunto, la Chorra Paqueta representa algo de lo que, al menos, todos tenemos que ser concientes.

Pero el articulo de la Chorra Paqueta tiene como objetivo proponer a aquellos que toman la posta de este tipo de mecenazgo que, uno debe aclarar, responde a un modelo antiguo que se remonta como dice De Arteaga a Mecenas en Roma pero que en realidad estar fuertemente ligado con el Renacimiento Italiano y las grandes familias compitiendo entre sí. Lo que Rockefeller y Mellon en el MoMA y el MET representan es un tipo de mecenazgo que no obedece a esos criterios sino que es profesionalizado y basado en fundaciones, obviamente, beneficiadas impositivamente. Los nombres que la Chorra Paqueta decide homenajear, sin embargo, en su artículo son Erica Roberts a quien define como miembro del board de la Tate Modern de Londres y un viejo ‘amigo’ de este blog, Alex Oxenford, ex Presidente de ArteBA. La diferencia entre estos tres momentos que marca el artículo de arteaga es, obviamente, de montos de las riquezas. En Rockefeller y Mellon, la riqueza era suprema; en Costantini y Amalita, la riqueza era y es extraordinaria. Sin embargo, ni Erica Roberts ni Oxenford son ni remotamente billonarios. Acá tenemos que hacer una aclaración respecto de las aceveraciones de De Arteaga sobre Erica Roberts (quien, dicho sea de paso, invité a cenar en Londres y tambien a mi casa) no es miembro del board de la Tate sino del Comité de Adquisiciones del Grupo Internacional (sección Latin America). Dicho de otra manera, salvo para proponer el nombre de un artista para comprarle entre todos los Amigos del Arte Latinoamericano, la palabra de Roberts carece de todo peso en Tate Modern. Es interesante ver como a miles de kilometros de distancia este error se transforma en desinformación por parte de La Nación cuyos lectores creerán que Erica Roberts maneja los hilos. Aquí la pregunta pasa ya a tener que ver con la intencionalidad y es si la mención es paga (o una devolución de favores por haberla hospedado en su casa en Londres, por ejemplo) la Chorra Paqueta hace esto porque la tácita línea editorial de La Nación es la crear la mayor cantidad de referentes miembros de la alta burguesía argentina o dicho en terminos Aristotélicos, heroes trágicos argentinos.


El otro ‘heredero de Costantini’, como parece decir De Arteaga y le encantaría ser a él es Oxenford. En este blog ya hemos hablando de él y de su inexcusable narcisismo y, obviamente, su problema tiene que ver con los montos de su riqueza. Porque si bien Costantini hizo el MALBA para dejar de ser un vendedor de corbatas y pasar a tener una carta de presentacion (como el mismo lo dijo) para acceder a ciertos ambitos sociaoes y politicos que de otro modo, él no pudiera haber accedido. Debo confesar que yo siempre me pregunté si Costantini ama al arte o lo desprecia. El primer problema de las becas de Oxenford es el nombre pero, dado que el muchacho es rico pero en Inglaterra o Estados Unidos figuraría como clase media alta. Es por eso que el se ve en la necesidad de transformar su ‘aporte’ en una ‘beneficio’ directo para sí mismo y en esto es fiel heredero de Costantini. Además, me refiero al monto de la riqueza tambien me refiero al monto de las becas. Son 60 becas a 100.000 pesos en un país dolarizado (para colmo las becas son para viajar y mantenerse en el exterior). Hacer semejante circo por 40.000 dolares en cualquier país significaría que Oxenford está comprando publicidad barata para transformarse en el Medici argentino. Un nabo.