la dádiva amarreta de monedas de ricos aspiracionales en  ‘mecenazgo argentino’.

Abel Guaglianone y Joaquín Rodriguez, son dos coleccionistas gay que hace no mucho se hicieron conocidos por rematar su colección para rearmarla con obras de artistas del interior. Personalmente, no recuerdo haber hablado con Joaquín pero compartí una mesa con Abel Guaglianone y esto ya lo conté por lo que no voy a repetirme. Al respecto, sólo voy a decir que ese señor es una de las personas más desagradables con las que me crucé en mi vida. Yo venía de trabajar mucho en New York en una frecuencia de ricos en serio sin tanta voracidad por lo que identifiqué su desagradabilidad en dos aspectos. El primero es que el usa rasgos de pertenencia, los infla de manera totalmente exagerada de modo análogo al que el que lo hace en un medio la Chorra Paqueta cuando dice ‘ArtBasel se rinde a los pies de Buenos Aires’ alterando la realidad de que Buenos Aires pagó para que Basel mande cualquier cosa. Dentro de su endogámico y percepticida circulo lo que hace de Arteaga puede ser ‘apoyar al arte nacional’ pero lo que termina haciendo es desinformar creando una falsa realidad al tiempo que identifica como fuente de valor la mirada extranjera. En el caso de Abel y Joaquín la idea es siempre inflar su auto-impuesto status de mecenas que genera cosas para mejorar la vida de los artistas y mas específicamente, los artistas del interior que debemos suponer sufren la crisis mas que los porteños. Pero si a los datos y los montos nos referimos, Abel y Joaquin ni siquiera permiten a los artistas ocupar la vidriera generada en los medios y mostrarse para pasar a ocupar ese lugar ellos, una vez más, en su extenuante y bulímica sed de posicionamiento.  Lo que aquí planteo es que, en lugar de eso, Abel y Joaquín usan la ayuda que supuestamente dan y que es más ficcional que real para escalar a un lugar que por varias razones, jamás serían aceptados: en principio, por poco formados, feos, putos y pobres. Seamos honestos. Esto nos lleva a la segunda razón y es que esta pareja representa como pocos antes los ideales de la homonormatividad entendiendo por esto el tipo de homosexualidad que entiende que copiando las estructuras y gustos de los sectores más reaccionarios de la sociedad genera un tipo de homosexualidad aceptable. Lo grave de esto es el de pensar de que de tamaño cipayismo puede derivar algún tipo de producción cultural. En esto ser claro, desde el lugar de la familia heteronormativa de clase media aspiracional no se genera cultura sino que se la mata y Joaquin y Abel se han convertido en cipayos de ese modelo. El objetivo es pertenecer a la ‘alta sociedad’, lo que sea que esto signifique. El mundo del arte y mas concretamente, el supuesto coleccionismo de ‘artistas jóvenes’ (y baratos) es el modo en el que estos siúticos creen que pueden ser finalmente aceptados. Esto nos lleva a un problema gay muy de fondo que es la necesidad de compensar por la falta de cariño para nosotros mismos tambien llamada homofobia internalizada. Por eso buscan afuera el reconocimiento que, al menos por un momento, los hará sentir parte sustancial de algo.

Pero Abel y Joaquin vuelven al blog porque a partir de su decisión de ayudar a los artistas del interior se han puesto a coordinar ‘Fondo en Obra’ mediante el cual ArteBA pretende sobrevivir los tiempos que corren a través de una convocatoria a un grupo de treinta o cuarenta coleccionistas cuya función, en tanto tales, es ayudar a los artistas y aportar fondos para alivianar la crisis del sector tras la pandemia. Recordamos que Alec Oxenford, que también participa de este grupo, hizo algo similar con sus becas sorprendiendo, a pesar del modo en el que estos ‘hechos’ son deformados por los medios argentinos, la poca cantidad de dinero donada. Para ser rico tenés que parecerlo y hasta donde sé, Oxenford dinero tiene para operar en otras ligas en las que seguramente no se sentirá tan contenido como con sus colegas menores conventilleros como Abel y Joaquín en donde la pertenencia no es el dinero real por lo que nunca debe perderse de vista que un coleccionista para lo que sirve es para demostrar que ama al arte poniendo dinero. Sin embargo, el problema del coleccionismo en la Argentina ha sido su progresiva y paulatina desaparición que puede ser especificada en tres momentos. El primero fue la construcción de la Nación con las grandes familias de la generación del 80 (época Schiaffino), luego el momento de la industria nacional y las aspiraciones internacionalistas del arte argentino (Di Tella) para, finalmente,  llegar al tardo capitalismo del 2000 en el que la critica desapareció, el dinero se embruteció y los coleccionistas son empleados, anticuarios, cirujanos plásticos y putos ‘amigos de’ en donde el dinero real no existe, lo que plantea una performance del ‘connoisseur adinerado’ muy patética de observar. Desde los albores de la República hasta hoy, el paso del coleccionismo de la Generación del 80 al de hoy es el paso de la donación a la actitud o como dicen en Buenos Aires, la ‘perfo’. Por todo lo ante dicho y para compensar, este grupo de coleccionistas ávidos de notoriedad y reacios a donar están permanentemente profesionalizando su labor para dilatar y distraer del verdadero rol que es el siempre necesario ‘show me the money’. Si para colmo encuentran a algún tilingo macrista en algún gobierno que les da bola, eso puede convertirse en política de Estado acelerando la decadencia cultural.

En este grupo de ‘Fondo en Obra’ hay una mezcla de ricos y pobres y es ahi donde empieza la confusión porque desde el vamos uno percibe que esta es la gente equivocada pero la triste verdad es que es la única que hay: los Werthein de Cordoba, Bruzzone, la Lorenzo, Romano, Oxenford, Ikonikoff, etc. Esta suerte de nave de los locos cuyo mascaron de proa es una escultura de Icaro queriendo ser mas de lo que se es y derritiendo sus alas por querer acercarse al sol se justifica ideológicamente  ‘haciendo cosas’. Esto de ‘hacer cosas’ si bien es presentado como algo ‘inherentemente bueno’ es algo que viene de la ideología de las industrias creativas mediante la cual se intentó imponer desde la derecha la idea de que el arte tiene que necesariamente tener un retorno a la inversión. Es por eso que cuando yo cuestioné a Tutankamon Frías, la ex modelo puesta en el directorio de ArteBa sin las más mínima preparación para ocupar ese lugar ella me dijo: ‘nos critican pero hacemos’. Bueno pero qué es lo que hacen? Y cómo están responsablemente seguros de que pueden pensar como elite cultural y saber que lo que hacen es lo que se debe hacer? Dicho de otro modo, están seguros que ese ‘hacer’ no es en realidad una excusa para posicionarsee autoconvencidos de esa fantasía de que al arte se lo ayuda haciendo ‘algo’? Lo que nos lleva a la pregunta final: cómo se ayuda al arte? Pero volvamos a Abel y Joaquin porque en ellos todos estos elementos vuelven a emergen y nos permiten ver los síntomas de lo que, a esta altura, podríamos reconocer como la enfermedad del coleccionismo argentino.

Esas ‘cosas’ que ‘origina’ el grupo coordinado por Abel y Joaquin, en tiempos normales genera ‘premios’ y ellos colectan el dinero. Dicho de otro modo, ellos instituyen el premio pero son ellos los que aparecen como en la foto (mirar imagen) mas no necesariamente los artistas. Ahora, el tema del premio se complica (como bien lo vimos en el Lanpodcast con Dolores de Argentina tras su renuncia al jurado del Premio Itaú) por el coronavirus por lo que, como ya ocurrió con Oxenford, los premios se transforman en ayuda de subsistencia para los artistas. Joaquin y Abel decidieron tomar el toro por las astas y hacer una colecta llamando uno por uno a los cuarenta ‘grandes’ nombres del coleccionismo argentino para juntar… seiscientos mil pesos. Esto significa que donaron un promedio de diez mil pesos por persona. Repito, lo que se está presentando como el orgulloso presente del coleccionismo argentino en el que es, tal vez, el peor momento de necesidad del sector terminó con una donación individual de diez mil pesos. En términos culturales esto es un cachetazo a los artistas y lo que me parece shockeante es como en medio del percepticidio mediatico argentino, nadie quiere ver lo que pasa realmente y ya automaticamente se naturaliza ese ‘algo’ como valioso. Ese premio, para colmo,  es dado a  48 artistas lo que hace que a cada artista le toque entre diez mil y quince mil pesos. Esto en un contexto serio seria motivo para risa o, al menos, exigiria un poco más de sobriedad en la comunicación para evitar presentar la dádiva amarreta de monedas de ricos aspiracionales en  ‘mecenazgo argentino’. En lugar de esto, Joaquin y Abel transforman este papelón de ricachones amarretes con desprecio real por los artistas en una oportunidad para lucir algo que ese grupo sí puede lucir y es una muy cultivada técnica del desprecio infundado por los que ellos creen que puede poner en cuestión su delirante autopercepción. Eso es grave. J A T