Lo que me pasó el otro día fue una experiencia de muerte que de cierto modo fue una  muerte. El evento me dejó. primero, en shock, y luego, es decir ahora, no se bien qué hacer con esa información que, por lo real, va a quedar en mi inconsciente y va a marcar mi relación con la gente; sobretodo con aquellos que conozco poco. Con Peter (foto que ilustra) viví una situación extrema en la que siempre existirá la duda de si intentó negarme asistencia médica porque él temía quedar en evidencia como dado vuelta o si estaba listo a dejarme morir para llevarse algunas de las cosas que el declaró que le gustaba. Por qué lo llamé a él? A Peter yo lo conocí en Narcoticos Anónimos y esa mañana me había llamado para preguntarme si yo estaba bien dado que no lo había llamado para tomar el café que habíamos quedado en tomar el día anterior. Esto significa que Peter era parte de un grupo con la información suficiente como para poder disculparse en el caso de que no estar en condiciones para poder hacer lo que yo le pedí que hiciera: llamar a la ambulancia. Mi shock por lo de Peter fue tal que desde el hospital lo llamé para plantearle mi confusión (‘Peter, tengo la sospecha de que me salvaste la vida y me quisiste matar al mismo tiempo’) y terminé pidiendole disculpas tras que me dijera que había sido delirio mío. El hecho de que entre ayer y hoy, llamara a un amigo mío y dejara en evidencia de que estaba dado vuelta da la pauta de que yo no estaba equivocado y ]que aquí algo pasó y eso que pasó no puede ser barrido debajo de la alfombra. Pero si uno no barre esa información qué hace con ella? Alguien dijo que debería estar preso. Otros dicen que siendo un adicto, no sabe lo que hace. Sin embargo, durante mi adiccion yo siempre supe que es lo que estaba haciendo y nunca perdí, a pesar de algunas ofertas, mi compás moral.  La cuestión es que en un episodio en el que una persona se está muriendo y la otra està generando las condiciones para que esto pase, hay miradas, roces, llantos y sonrisas que hacen a la memoria del trauma.

En este contexto lo que me asustó fue el poco valor asignado a la vida ajena. Esto es algo que en mi vida ya había experimentado cuando mi ex Stephen, estando yo en medio de mi adicción, decidió deshacerse de mí y no ayudarme sabiendo el peligro de dejar a una personia ‘querida’ en esas condiciones. Esto no lo digo desde el lugar de víctima sino desde del de analista cultural ya que, en terminos personales, me terminó haciendo un gran favor. Si bien mi grupo de contención (internacional, por llamarlo de alguna manera) se movilizó rápidamente y nunca me sentí desprotegico, mi amigo James (también de NA) no solo no lo hizo sino que eligió este momento para castigarme por algo que yo en su momento dije sobre su novio abusivo (al que él hizo echar del país tras que este tratara de matarlo para ahora volverlo a trear). La pregunta, entonces, es qué  tipo de gente que elijo para estar cerca al momento de necesitar ayuda. Pero este no es el eje del problema porque tambien hay un giro cultural. Al llegar tanto  los paramédicos como la policía, lo primero que miraron fueron los cuadros de mi casa y comentaron (como lo había hecho Peter) sobre lo superficial en mi vida en lugar de preocuparse immediatamente por mi integridad física. Lo que Peter y la policía tuvieron en común fue su apreciación por mi gusto estético y su desdén por la urgencia de la vida. Esta nunca fue la prioridad.

En tiempos de COVID el valor de la vida ya no es justificación de la tragedia sino la nueva normalidad. Martin, mi compañero de tennis me contaba de la enorme cantidad de adolescentes drogadictos cuyos padres tienen que medicarse para poder soportar esa nueva realidad. Esto lo decía mientras me trataba de convencer de que porque Peter estaba drogado todo lo que hiciera estaba justificado como ‘psicosis’. Cuando los paramedicos llegaron decidieron prestarme atención como ‘caso’ porque mi casa les dió algún indicio de que yo era ‘alguien’. Mi calidad de ser humano no fue necesariamente lo que me protegió. Estamos entrando en una nueva etapa en la que no estamos protegidos por el concepto de la vida ni siquiera por muchos que creemos conocer. En un mundo de lealtades volatiles en el que la vida vale cada vez menos, las redes de contención resultan fundamentales para contrarrestar algo muy oscuro que ya está pasando y en el que se busca administrar la muerte como un hecho no solo aceptable sino esperable. J A T