Muchos me han pedido que volviera a escribir sobre mi vida en ese estilo crudo que caracterizaban mis cronicas en los principios de este blog. Una de las razones por las que decidí dejar de hacerlo fue esa muy Argentina costumbre de usar la vulnerabilidad ajena para afirmar la precaria subjetividad dando consejos de vida lo que coloca automaticamente al emisor en el lugar no solo del que sabe vivir bien sino ademas del que es lo suficientemente empático para tomarse el tiempo y enseñarle al otro a vivir. Lo complicado del que decide dar consejos no requeridos es el convencimiento doble de su propia virtud. Un amigo tras leer los comentarios imbeciles que muchos colocaron en mis dos posts sobre mi traumatica experiencia del fin de semana pasado, me dijo: ‘en esas opiniones estan las razones por las que me fui del país’. El problema de la imbecilidad argentina es que se presenta como sabia y conocedora y es, profundamente, ignorante y desconsiderada. Desde ya, hubieron consejos de todo tipo. Estuvieron los que asumieron que yo no tenía a nadie más a quien llamar sin entender que mi error habia radicado solamente en no haber preparado un escenario de emergencia. Tambien estuvieron los que decidieron hacer gala de su vida ‘sana’ lo que, en si mismo, es un eufemismo porque comer sano pocas veces equivale a tener una vida sana. Es más, casi nunca lo es. Ademas esa obsesion por el autocuidado es la extension natural del mandato neoliberal que dice que todos nuestros problemas tienen como razon principal nuestra conducta y no nuestro entorno.

Por eso tras una semana que podría caracterizar como una de las más traumáticas que me han tocado vivir, decidí instalarme en casa de mi ex, Konstantinos.Es como si la intimidad de mi hogar hubiera sido ultrajada por la falta de criterio de Peter y necesitara cargarme de ese tipo de energia que solo pueden darte aquellos que te conocen realmente bien y que no van a terminar una conversacion diciendo: ‘Take it easy’ sin antes deconstruir ese ‘it’ no dejando piedra sin mover. Mi relación con Konstantinos se remonta a mi rehabilitacion. Yo no concebía vivir sin estar en una relación. Algo que hoy me encuentra en las antipodas. Fue así que mientras estaba en rehabilitacion, comenzaron a dejarme salir y tuve toda una serie de citas orientadas a reemplazar mi anterior relacion por una nueva para evitar estar solo. En lo que a mi vida respecta, el miedo a estar solo es directamente proporcional a mi necesidad de compensar con cosas exteriores por los vacíos de mi subjetividad. Fue entonces que comenzamos una relación de varios meses que estaba condenada al fracaso desde el vamos ya que él se colocó un tanto demasiado comodamente en el lugar del ‘enfermero’ y yo en en el de ‘enfermo’. Siguiendo el dictum Aristotelico, no puede haber amor en condiciones de desigualdad y como sentimos que habia algo en nosotros que trascendia la ansiedad de la relacion de pareja, decidimos trasladar ese amor del romance (para el que en ese momento no estabamos preparados) al de la amistad. Hoy somos practicamente familia en un tipo de relación mucho mas significativa que la que encuentra a dos pelotudos con gato y perro enunciando oraciones en la primer persona del plural.

Pero así como este amigo se queda otros se van. James, quien fuera mi mejor amigo durante los ultimos años, es alguien que no puede estar solo aunque el costo sea someterse a una relacion abusiva. Por abusiva, me refiero a una pareja que en mas de una ocasión puso su vida en peligro. Habiendo cortado con esa persona, James no pudo soportar la cuarentena solo y la trajo bajo el convencimiento de que el amor todo lo cura. Como amigo, tuve que comunicarle mi decepción ya que mi rol en ese momento ya no podia ser simplemente el del que apoya incondicionalmente porque mucho ya había ocurrido frente a mis narices. Esta vez podia optar no tener nada que ver y decirle la que yo creeía era la verdad. El no pudo recibir esa verdad y fue ahí cuando la relacion se quebró. Es dificil ver a los amigos dañarse y mucho más dificil es darse cuenta de que estan dispuestos a dañarlo a uno para poder avanzar en la locura.

Como pueden ver, este post comenzó con consejos no requeridos y terminó con opiniones necesarias pero mal recibidas. Lo único que uno puede hacer en esta vida es tratar de hacer lo correcto para que las personas que uno ama puedan ser la mejor version de sí. En medio esta la idiotez (comentaristas) y el trauma (James) que se interponen entre la verdad y la necesidad de que la vida siempre sea un paso para adelante y para arriba. El resto es miedo y el miedo es la hipoteca de la amistad. J A T