En el imperio de la imbecilidad el mundo es esencialista y binario. Estamos nosotros (los que sabemos vivir) y ellos (los que están sólos, tristes, desesperados y básicamente, no saben vivir). Desde ya, ‘nosotros’ (quienes sabemos vivir) hemos logrado nuestro lugar por herencia (tenemos una familia maravillosa), por esfuerzo (hemos construido una carrera y hemos logrado el amor) y por gracia (con las cartas que nos fueron dadas hemos hecho lo mejor que pudimos). El ‘otro’, desde ya, no tuvo la suerte que tuvimos nosotros, no se ha esforzado lo suficiente y no conoce el amor ni se deja amar.

En el mundo heterosexual (pero no exclusivamente) cuando la imbecil estructura binaria comienza a entrar en crisis por muertes, duelos y replanteos de esa misma estructura hay una reacción natural que tiende a confirmar la vida y es la de plantar la semilla en el utero vecino. Así, cuando la ficción del amor romántico comienza a sacudirse desde sus cimientos, el Niño aparece para desviar la atención de lo imbeciles que somos para convencernos de que en tanto ‘padres y madres de familia’ estamos coadyuvando al futuro de la tierra. Y así, siendo una manga de imbeciles, traemos hijos al mundo que usamos para convencernos de que estamos siendo lo mejor que podemos ser. Es en este punto en el que la propia imbecilidad casi no tiene retorno. En mi vida personal, estuve rodeado de amigos asi. Amigo psicólogo Lacaniano con mujer violenta y desequilibrada tiene la maravillosa idea de que un hijo será la solución a sus problemas. Dos años más tarde, la mujer le pega trompadas con el hijo en brazos. Amigo metido en familia multimillonaria de familia que lo ningunea resuelve relación dandole a la gran familia heteronormativa lo que necesita: un heredero más. Frente a la duda de si esa era la vida para el, el semen lanzado como un dado en el casino, termina atandolo a esa vida, sin pensar. Y la lista sigue.

El mundo homosexual ha sido contaminado por esta imbecilidad hasta la raíz. La semana pasada un lindo joven me pidió una date y el contexto de la conversación me obligó a preguntarle qué entendía por ‘date’. Si este era el primer paso en dirección a una relación, me vi en la obligación de no hacerle perder el tiempo porque no estoy interesado en una relación. Yo quiero ‘friends with benefits’. Gente con la que pueda sentir empatía pero no necesariamente que tenga que poner todo mi tiempo y mi futuro en esa ecuación con el ya conocido efecto en la sexualidad. En mi experiencia personal (y esto no es generalizable porque tiene que ver con el tipo de personas que me atraer para eso) hay en las relaciones romanticas gays que emulan el modelo heterosexual una muy fuerte carga de homofobia internalizada. Es com si se adoptara ese modelo para tranquilizar a la familia heterosexual frente a las ansiedades respecto de nuestro futuro. Nuevamente, el miedo. Ayer, hablaba por telefono con un amigo que encontró el amor con una de las personas más aburridas y timidas que conocí e inmediatamente se colocó de modelo del punto de fuga hacia el que toda relacion, según él, debería ir: ‘Yo lo encontré’ o ‘Mirame a mí’. Esto, sin llegar, a mi ex amigo James quien repatrió a quien había exiliado tras que este intentara matarlo y tras sentirse solo en el lockdown pasó a hablar en la primera persona del plural como si fuera una pareja de aristocratas invitando a una cena de sociedad en su mansión en la Quinta Avenida en una novela de Edith Wharton. Con otros amigos creemos que la conducta de James es literalmente los primeros estadios de algun tipo de brote psicótico porque nadie puede ser, debo decirlo, tan pero tan pelotudo.

Sin embargo, en algun punto, este modelo heteronormativo se naturalizó y ‘la pareja’ homosexual pasó a ser garantía de seguridad para no pasar la vejez sólo o no morir en manos de los Peters que circulan por el mundo. No quiero decir que esto a algunos no les funcione. Lo que quiero decir es que cuando uno está dispuesto a poner el carro por delante del caballo e hipotecar su propia potencialidad por miedo a la fantasía de la soledad que es basicamente lo que varios de los imbeciles proyectaron sobre mi cuando conté mi historia; lo que acabó ocurriendo fue que comentario tras comentario devino en una catarsis de miedo de un grupo de gente que cree tener algo que, en definitiva, sabe que no tiene. De pronto, el miedo proyectado no era el mío sino de los que comentaban. Estuvo el que dijo que ‘para eso está la familia’. La homofobia de ese comentario aleja a todo aquel que no invierte el semen, el sudor y la sangre de una vida en una estructura familiar. La desconsideracion de ese comentario para aquellos como yo que son hijos unicos, no tienen familia y tienen que construir una propia es sorprendente. Ni hablar de la homofobia (y esto me toca muy de cerca por mis relaciones recientes) de quien opta por permanecer siendo un infante y vivir en casa con los padres por miedo a confrontar con sus hermanos heterosexuales poniendo sobre la mesa la realidad de que él tambien, a pesar de ser gay, tambien tiene una vida. Tal vez por eso muchos de los comentarista de este blog a este último lo consideraban el paradigma del ‘buen tipo’. Claro, encaja perfecto en el modelo de cancelación de la vida gay que muchos homofobos que ni siquiera sospechan que lo son perciben como ‘ideal’. Pero tambien estuvo el que me dió consejos de alimentación y conducta. Es decir, el que redujo todo a una cuestion de voluntad: ‘Con una buena dieta, ejercicios y vida natural, no estarás solo ni tendrás ataques de alergia’. No creo tener que aclarar la imbecilidad de un tipo de opinión tan macrista que lo que hace es borrar toda cuestion social y cultural para pensar que la responsabilidad total es de uno.

Lo cierto es que vivimos entre los fantasmas y por fantasmas me refiero a los recuerdos y las fantasias de lo que somos, lo que tenemos y lo que no tenemos. A veces el convecimiento de que algo como lo que me pasó no te puede pasar porque tenes familia, hijos, OSDE y parejas es una ficción que, especialmente, en la Argentina desaparece de un dia para el otro. La unica compañía está en vivir la mejor vida que se pueda vivir de acuerdo a lo que a uno le tocó y para eso es necesario pensar. Si en el camino te encontras con gente que piensa en tu sintonía, ya no estás solo pero si tenes que resignar esa integridad por miedo a no estar solo, acabas de transformar tu vida en una muerte muy lenta con todos los pendejos gritando a tu alrededor y tus amigas del club diciendo: ‘Te quiero, amiga’. J A T