ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE ITO

Me da la impresión de que el primer gran problema es la ignorancia de los paradigmas sobre los que construimos una perspectiva de la vida que nos da seguridad al confirmarse justamente porque en gran medida son paradigmas temporalmente preponderantes (se ajustan a los mandatos de estos tiempos). Ese meta análisis es una rareza. Escuchar a alguien vomitar sus paradigmas y como autómata vivirlos sin saber que existen es agotador. Todos los tenemos, el tema es no reconocerlos y luego imponerlos.

Creo que justamente una característica propia de nuestra época es la irónica recientemente reconocida libertad de desear cuando al mismo tiempo el sistema se esfuerza por modelar constantemente deseos a los que muchos buscan someterse para sentirse incluidos.

En otras palabras la inseguridad que genera un modelo que facilita las individualidades que luego normaliza es el gen del juicio social que luego excluye en forma de concejo no solicitado u opinión libre sobre la vida de los demás.

Hay un comportamiento común en nuestro tiempo de proyección de ideales, lo que potenciaron las redes sociales, en los que no solo se construye un ideal colectivo sino que muy libremente se usa este para medir lo que el común de la gente muestra (en un esfuerzo por alinearse a ese ideal) y lo que pocos demuestran ser (en relación o no a ese ideal). El juicio superficial como modo de generar seguridad de pertenencia. El deseo de ser policía moral está en alza.

Esto se potencia con la otra cara de la moneda que es la falta de empatía de un mundo donde el narcisismo juzga al narcisismo. Es irónico que comúnmente la gente juzgue posiciones que otros toman en función de sus prioridades porque no se alinean con las prioridades de ellos, pero ambos están luchando por imponer las suyas… A nivel macro es un poco lo que pasa con la creciente consciencia de los privilegios sociales.. donde muchos los empiezan a reconocer con la subyacente esperanza de que cambien sin afectar sus beneficios.

Por otro lado hay que distinguir entre el enamoramiento cómo instancia inicial en el que ambas personas ven al otro desde sus proyecciones (donde no impera el realismo sino la esperanza de que el otro se ajuste al deseo) y por otro lado el amor como trabajo vincular, donde no conozco a nadie que una relación con otro no le cueste y mucho. Donde la creencia de que perpetuidad genera una obligación y hace que está ejerza con esfuerzo una continuidad que no siempre se desea. Por esta misma razón, en esta instancia, la elección de no vivir ese “esfuerzo” debería ser algo fácilmente aceptable como logico por cualquiera que ha vivido una relación. Lo contrario es un reconocimiento explícito de estar sometiendo la vida a un ideal de quienes no han superado el enamoramiento inicial. Imponer ese “trabajo” no solo es un totalitarismo ideológico es una dictadura vincular.

Si sumamos las variables podemos obtener a un mini dictador adolescente, porque adolece experiencia de vida capitalizada (lo que no es un problema temporal), que en un continuo ejercicio de su inmadurez impone juicio que parten de paradigmas no reconocidos con el anhelo de algún día ser aceptado para así superar la inseguridad subyacente que lo carcome desde el momento que se impidió preguntarse quién es y quien quiere ser independiente del contexto social e histórico en el que nació.