ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE SR.FEUDAL

Este lamentable país aún vive con la dialéctica de la época de la conquista: depredación del entorno.

Es fácil opinar de los políticos (y sus usos y costumbres), cuando uno se cree empresario: ese empresariado argentino también resulta un depredador del consumidor.

Son muy pocos los que en principio intentan desarrollar un producto innovador para el ecosistema económico, no sólo local sino el internacional también, en consecuencia, realmente no existe generación de valor.

¿Cuantas veces se habló en este blog de las actitudes empresariales de copia?
Y no sólo pasa con la tienda-rap del Oso Panda Tinelliano, o la “Plataforma 45” del Ricky.
¿Acaso la industria carpintera no repite el mismo modelo berreta de mesa de comedor? O de sillas? ¿O en cada temporada la industria de la indumentaria (cualquiera sea la marca) replican la misma oferta de colección? O la industria de la construcción replicando en CABA a diestra y siniestra un producto que -gracias a la pandemia- terminó mostrando sus falencias espaciales.

Hasta tenemos ejemplos conductuales empresariales recurrentes de acuerdo con la década transitada: parripollo, cancha de paddle, cervecería artesanal -comprar un barril de cerveza no te hace emprendedor -perdón Dietrich 😉

Por otra parte, como consumidores en la contrapartida macroeconómica, resulta increíble que en lo único que somos capaces de demandar cierta diferenciación es en el malbec, ¡cuac!

La primera gran inversión que debe hacer el empresariado es invertir tiempo en pensar un producto que se diferencie por sus cualidades, por ende luego viene pensar sus materias primas, procesos y por último el marketing que exalte todo el proceso. Ojo, aquí también entra en juego las habilidades personales del personal que interrelaciona con esos empresarios, son muy pocos los empleados que profundizan sus habilidades para aportar un mayor agregado de valor al producto de aquel empresario, la gran mayoría articula su presencia para acceder al simple cobro mensual de su salario.

El empresario argentino olvida todo este proceso, usa sólo el marketing recurriendo a la publicidad con cara famosa (y más de una vez en la “seeking arragement” del político de turno… si eso no es ser parte del entramado político, díganme qué es un entramado político). Y no nos debe resultar extraño que ese sea el empresariado que hoy se está “refugiando impositivamente” en Uruguay.

Cuando todo el mundo ofrece el mismo diseño de producto, ergo se entra sin remedio en una competencia comercial por diferenciación de precio, más tarde o más temprano en guerra de precios. Esa guerra de precios -cada vez más bajos- achica los márgenes de ganancias.

Y aquí hago una aclaración: cuando Pepo incorpora su comentario “Todo eso sobre el BRUTO, después de eso hay que pagar los costos de la explotación (inmobiliario, municipal, salarios, cargas sociales, servicios, costo de la mercadería)”, incorpora sutilmente esa parte de la estructura de costos del proceso de producción en su análisis de la estructura impositiva; a mi humilde entender deja entrever cierto pensamiento personal relativo a que esos costos del proceso también resultan una acción extractiva sobre “su tajada”.

De allí la real importancia de un empresariado realmente comprometido con la innovación, que permita intercambios comerciales internacionales (bah, que tengan la habilidad de diseñar un producto de demanda global).

Nuestro sistema económico es a la economía, lo que el desarrollo de la línea genética expresa en las familias endogámicas: somos un país dawn-económico en el mundo, que por quedarnos en el círculo cerrado de lo que conocemos, nos vamos hundiendo en nuestras propias falencias, cada vez mas visibles y extremas, justificándolas en la calentura y sin hacernos cargo . No se logra sólo con menor presión fiscal, también mejor compromiso emprendedor.