A lo largo del pasado año, Beyoncé ha venido participando en una remake de Lion King no solo dandole la voz a uno de sus personajes sino con una banda sonora que acaba de transformarse en un tercer album visual. Su titulo es ‘Black is King’ y viene tras ‘Beyonce’ del 2013 y ‘Lemonade’ del 2016. En aquellas ocasiones, los videos fueron publicados simultaneamente a los CD. Este no es el caso, esta vez, cuyos videos viene publicados con un delay de un año. Visualmente, el resultado es la convergencia de un tipo de estetica arenosa africana trabajada desde el 2000 por fotografos como Pieter Hugo, por ejemplo y una ideología de la gloria negra heredera del Afro-futurismo de la decada del 80. El hecho de que la publicacion no fuera simultanea pone tambien el acento en una musica no del todo eficaz y un contexto social y politico que aporta la eficacia que la música parece no dar.

Tras la excelencia de Lemonade, todo parecía muy complicado para Beyonce ya que el rango de posiciones que van del realismo social al surrealismo post-hip hop parecía quedar ya demasiado cubiertos y asociados con la identidad de la diva como una suerte de erotismo dark (not pun intended) en tiempos de Black Lives Matter. Por ‘erotismo dark’ me refiero a cierta erotización de la violencia y la exclusión como en el video ‘6 Inch’ con The Weekend en donde el asesinato y la prostitución llevan la glamorización al paroxismo. Lo cierto es que visualmente, los videos de ‘Black is King’ tienen mas sentido que la versión hiperrealista de ‘Lion King’ que vio la luz un año atrás y cuando digo que tiene más sentido me refiero a que forja una idea de ‘gran diosa madre africana’ en la que ha venido trabajando Beyonce desde hace un tiempo y quye tiene que ver con el reconocimiento del cuerpo de la mujer negra no como una imposibilidad sino como fuente de orígen humana o mejor dicho, Humana.

Si tenemos en cuenta que la historia de Lion King es la adaptación de Hamlet de Shakespeare a la socialidad de una manada de leones en medio de la estepa africana, ‘Black is King’ abre toda una serie de puertas que poco tienen que ver con esa linea narrativa. Es más, en ‘Black is King’ no hay narrativa sino que hay un flirteo peligroso entre la presentación de la diva como ‘gran diosa’ y un ejercicio de branding. Con esto lo que quiero decir es que si bien el trabajo visual es asombroso, este termina siendo puramente plástico y a medida que pasan los videos la forma se separa del contenido para nunca reencontrarse. Esto es particularmente peligroso porque la conflación de branding y auto-presentación no solo viene de parte de Beyonce sino de ella presentada en el contexto de una franchise de Disney. Apostar a esta Disneyficación del mito de la ‘gran diosa madre’ en medio del Black Lives Matter es una apuesta politicamente compleja. Es aquí donde la experiencia subversiva de ‘Lemonade’ resulta totalmente antitética a la apología del statu quo que acaba siendo ‘Black is King’. Sin embargo, lo apologético de este proyecto es conceptual y gira entorno a la idea de ‘la Victoria Negra’ en un contexto sociopolitico signado por el asesinato de George Floyd. El modo en el que ese argumento es presentado es profundamente conservador ya que no tiene que ver con el uso del talento y, hasta podría decirse del ‘sueño americano’ sino que remite a una narrativa de la pureza de la sangre ya que nuestro pequeño Hamlet no es valioso por lo que hace con las cartas que le son dadas en la vida sino porque ‘desciende de reyes’. Dicho de otro modo y exagerando la lógica presentada, la esclavitud no estaría mal para este proyecto porque es una violación a los derechos innatos de todo ser humano sino porque no reconoció la majestad del orden social jerarquico del pueblo al que se esclavizó. Nada mas contrario al reconocimiento de lo subalterno como esta apología de la pureza biológica negra y de la sangre real como canon alternativo. En el contexto de discriminación real, la estrategia parece ser la de contraponer una gloria ex ante que permite a los chicos negros identificarse con su raza pero no con una concepcion humana alternativa sino con un racismo alternativo que es puesto en acción para confirmar lo que a Disney parece importarle verdaderamente que es la erradicacion de una nocion de la sociedad como compuesta de iguales. En este sentido este proyecto es profundamentamente conservador.

Como dije anteriormente, este proyecto es una colección de videos y tal vez el más efectivo es el titulado ‘Already’. El mismo comienza con una voz en off preguntandose sobre la identidad que parece ser la versión esteparia del Shakespereano ‘To be or not to be’ para concluir: ‘Aún un nadie es un alguien’. De ahí pasamos a una galería de Soho con una serie de cuerpos a modo de body art colocados sobre pedestales con Beyonce en el medio en un catsuit que acentúa las formas redondas de la mujer africana y confirma sus credenciales de reproductora social biológica. Las escenas siguientes son salidas de la estética de Pieter Hugo con el negro dignificado en medio del polvo y la pobreza suburbana africana. Luego los elementos monarquicos se alinean y un bailarin musculoso pintado de flùo hace las veces de bufón de corte o arlequín mientras la identidad de rey y reina (obviamente, Beyonce) se afirman nuevamente con cameos de la hija de Beyonce. En este video hay algunos momentos parodicos o, si no parodicos, al menos en los que esa seriedad monarquista y de la pureza de la sangre son equilibrados con cierto humor lo que permite alivianar el peso del mensaje canónico. Otro video clave es ‘For my Power’ que tiene una funcion muy interesante en la película porque permite canalizar la propia energía. Es como si hiciera un inventario del poder propio lo que de alguna forma complementa lo verbal como una constante puesta en duda (y, por eso, afirmación) de la identidad de nuestro pequeño Hamlet abordado desde la conformacion de nuestra Gaia negra. J A T