Ahora resulta ser Fantino el último mediático contagiado de COVID y creo que ha llegado el momento de reflexionar respecto de esta tendencia estrictamente argentina de transformar a la enfermedad en contenido de bajo costo. La semana pasada fue la de Nicole Neumann quien generó una mini telenovela al llegar a pedir humillante y publicamente a su ex (con quien se odia visceralmente) que se mude con ella porque sin ayuda domestica ella se ve sola y superada. La pregunta es entonces por qué algo que en resto del mundo es visto como estigma y cuidado, en la hermética y endogámica socialidad mediática argentina se ha convertido algo así como en una virtud.

La primera respuesta a esta pregunta nos lleva a reflexionar sobre el contexto cultural de instrumentalizacion de la victimizacion. Me atrevo a decir que este es el resultado de un proceso que ha venido teniendo lugar durante los últimos veinte años en los que se cristalizó una tendencia que se remonta a los ultimos cincuenta años. Dicho de otro modo, al reducirse el mercado y transformarse el Estado en el gran empleador, el vocabulario de la corrección política dejó de ser usado para generar pensamiento crítico y, en lugar de eso, lo transformó en el lenguaje del halago y el autoposicionamiento en instituciones necesitadas de legitimación a partir de la satisfacción de ciertos protocolos y criterios sin importar que sean reales o no. Tal vez es por eso que el mundo mediatico saltó del panelismo de los programas de chimentos a algo similar en los de analisis politico transformando el mundo televisivo en un debate permanente de muy baja calidad intelectual en el que todo se deconstruye todo el tiempo en busca de lo correcto y lo éticamente correcto. Esto ocurre, desde ya, en medio de una sobrevaloración de los lazos de amistad y de familia. Tal vez es por esto que en semejante cultura, ser una victima equivale a lo que en otras era ser un heroe transformando lo progresivo en regresivo y lo activo en reaccionario. En semejante contexto no se asigna valor al que avanza sino al que se justifica desde sus incapacidades.

Esto nos lleva a la segunda respuesta que tiene más específicamente que ver con cómo alguien como Fantino quien tras el escandalo de Natacha Jaitt y la pedofilia se encargó de aclarar que tiene suficiente dinero para vivir sin trabajar hasta el resto de sus días, a sentir la necesidad de someter su propio cuerpo a un juego tan contraproducente. En rigor de verdad, mediocres como Fantino han, por diseño o default, ocupado todas las posiciones en una sociedad con pánico a la libertad de pensamiento. Sin ir más lejos, el que alguien como él así como la cohorte de ‘hijos de’ (Leuco, Wiñazki, Fontevecchia, Andino, Hadad, Viale) hayan llegado a transformarse en el nuevo establishment periodistico, deja en evidencia la relevancia de la logica de la herencia y la tradición por sobre el mérito y el talento. El resultado de una sociedad así es la involución. Este momento es de profunda decadencia cultural argentina.

Es como si a falta de la capacidad más elemental para generar ideas sus identidades fueran pantallas en las que deben proyectar algo todo el tiempo para poder mantenerse vigentes y eso que se proyecta tiene que tener algun tipo de relacion con los temores y las fobias sociales creando un nuevo tipo de realismo social: el del miedo. Vivir en un pais en el que enfermarse se ha convertido en una virtud debe preocuparnos y mucho. Además los efectos reales de esto es la ‘normalización’ de la enfermedad como algo que afecta a todos de la misma manera. Esto viniendo de comunicadores sociales es doblemente preocupante. J A T