Una pregunta que debemos hacernos en este blog es no tanto por qué renunció Ama Amoedo a la Presidencia de la Fundación ArteBA sino qué significa dicha renuncia e incluso que nos dice ella. Por eso, antes de eso deberíamos preguntarnos qué significó que alguien como Ama llegara a ese lugar que, posiblemente, es el lugar más definitorio del arte argentino si tenemos en cuenta que durante los ultimos treinta años, para bien o para mal, ArteBA se ha transformado, frente al vacío de la crítica en en el prisma y criterio de selección del arte argentino.

Ama (y fijense que la llamo cariñosamente por su nombre de pila) es un personaje singular y, ciertamente, contradictorio. Nieta de su abuela e hija de su madre, de la primera heredó cierto carisma sexual (varias veces advertido por los lectores de este blog) y tambien un tipo de narcisismo que en ciertas condiciones la puede poner en el camino del liderazgo. Sin embargo, de su madre, Ama heredó cierta melancolía, temor y dependencia de la mirada del otro que compromete todo posible liderazgo al hacer que no sea una persona que toma decisiones por si misma sino a partir de la imagen que su entorno le construye. Si los genes de Amalita empujan hacia el ámbito de lo publico, los de su madre la retienen en el ambito privado. De cierto modo, Ama Amoedo está desgarrada por dos fuerzas que tiran en direcciones contrarias y solo llegan a complementarse cuando usa ese encanto para transformar sus contradicciones en lo que desde los proyectos cooperativistas de los 90s como Belleza y Felicidad y Proyecto Venus se conoce como ‘la tecnología de la amistad’. Desde ya y para usar la jerga del blog, la diferencia entre ‘la tecnologia de la amistad’ y ‘la mafia del amor’ es muy tenue y siempre conspira contra un verdadero liderazgo. Además, el supuesto liderazgo cultural de Ama Amoedo ocurre en un contexto muy especifico que son los años immediatamente posteriores al #NiUnaMenos en donde un mundo del arte regido por mujeres phallogocentricas (Orly Benzacar, Victoria Northoorn, etc) encontraron en Ama una oportunidad para afirmar erroneamente que, por fín, se designaba a una mujer. Digo erroneamente porque su abuela fue Presidenta del Fondo Nacional de las Artes en la epoca de Menem, por ejemplo. En todo caso, la responsabilidad, en dicho contexto, era mayor ya que su designación vino rodeada por felicitaciones y halagos que rodeaban al discurso feminista de que se estaba, por usar un concepto Andrea Giuntiano, equilibrando la balanza. Esto, desde ya, no puede ser una mera cuestion de numeros sino que tiene que ser tomado con al seriedad de la responsabilidad de hacer un buena gestion y de no poder hacerla, tener los ovarios suficientes como para remover aquellos machirulos que le impiden hacerlo.

Desde ya, su llegada a la presidencia de la Fundación ArteBa no fue la consagracion de la experiencia y el talento sino de una mezcla de fascinación por su dinero heredado y tambien por lo ‘accesible’ y ‘buena mina’ que era (para con sus amigos). Ser quien es, en un país infectado de corrupción, la colocaba en un lugar ideal para sobrevolar sospechas de beneficiarse personalmente de su lugar aunque su narcisismo y el amiguismo que su entorno exige para existir siempre abrían la posibilidad de que tratara su rol como el de una monarca en su corte. Sin ir más lejos, tras su renuncia a la Presidencia de ArteBa alguien en Instagram la calificó como la ‘reina’ del arte. Yo fui muy critico de este aspecto de Ama Amoedo porque su elevación coincidía con un momento cultural en el que ser ‘hijo de’ equivalía a ser virtuoso y así nos agotamos de ver fracasar una y otra vez sin que nadie parpadee a los hijos de Tinelli, de Araceli, de Suar, de Nicolas Repetto, de Daniel Maman, de Orly Benzacar, de Macri y la lista sigue hasta el infinito. Desde ya, estos lideres nunca se preguntaron cómo esta lógica comprometía la excelencia y los incentivos para que generaciones futuras piensen que es posible siquiera ser mejor a partir de un criterio de excelencia. Cuando la sangre y la herencia reemplaza a la logica del talento, toda sociedad se va al tacho. Sin embargo, había algo en Ama, cierto encanto o ‘talento social’ que podía transformar su gestion en algo menos estreñido que el voluntarismo tecnocrático de la felicidad de Alec Oxenford o la corrupción financiera de alto vuelo de Facundo Gomez Minujín.

El Coronavirus, sin embargo, hizo que el ambito de lo publico fuera reducido a primeros planos en Zoom impidiendo los rituales en los que ‘la tecnologia de la amistad’ se desplegaba fenomenologiamente en medio de halagos y declaraciones de amor. La gestión cultural quedó, por su parte, reducida a entrevistas y apariciones en vivo de Instagram en donde Ama parecía no tener mucho más que buena ropa y styling con sonrisitas complices. Su discurso era pobre repitiendo una y otra vez la promesa vacía de que ‘estaban trabajando para los artistas’. Cómo? Cuándo? Para quienes? No quedaba demasiado claro. Ama parecía demandar del espectador el mismo tipo de lealtad sumisa que obtiene de su grupo de acólitos.

Sin embargo, la Fundación ArteBa es un negocio y uno muy rentable. Ante la falta de un mercado interno, desde hace años, las galerías se vieron obligadas a concentrar su gasto de publicidad en el pago de su stand anual en dicha feria. No estar ahi significaba el ostracismo y este poder, en el mundo del arte, se traduce en maltrato (siempre en un contexto de amiguismos y preferencias). Su posicion oligopólica le permitió abusar de sus supuestos beneficiarios. Sin embargo, ese abuso ocurre en un momento particularmente delicado para las galerías. Tal vez, la intención de los miembros del ArteBa fue la de financiar sus actividades (viajes, hoteles, gastos de representacion, etc) de manera supuestamente ‘justificada’. El Coronavirus pasó de pronto a ser una oportunidad de hacer dinero con la confusion. Las galerías pagaron a fin del año pasado sus stands en dolares y al contado. Un porcentaje se lo quedó la Rural y no lo devolvió y el resto fue devuelto por ArteBA en pesos a valor oficial intentando naturalizar su propio desmanejo y quedandose con un vuelto. Si los galeristas pagaron 10 mil dolares, recibieron 6 mil y echale la culpa al COVID y no te quejés porque te quedás afuera de la próxima.

Esto puso a Ama Amoedo en una posicion muy delicada porque los galerista (quienes a traves de los artistas) constituyen el nucleo duro de ese entorno que le repite sin cesar lo maravillosa que es. Fue ese núcleo duro el que comenzó a quejarse. Siendo Ama una persona que pocas veces en su vida escuchó una opinión negativa respecto de algo que lleve su nombre (salvo en este blog), no pudo tolerar ‘semejante atentado a su dignidad’ y pegó el portazo que su cuenta bancaria y supuesto prestigio familiar le permite. Pero en el camino se olvidó que cuando aceptó esa posición lo hizo en nombre de ‘lo que las mujeres tienen para dar’. Así mientras, tras su renuncia, en Instagram los arrastrados habituales como, por ejemplo, Bruno Real dijo: ‘Ama es un amor puro, genuino y desinteresado’; Villegas Real Estate sentenció: ‘El arte perdió una reina’; Claudio Stamato la calificó como ‘un orgullo’ y la actual curadora en jefe del Malba, Gabriela Rangel la adjetivó como ‘Una persona excepcional’; la pregunta que surge es por qué?

Omar Pereyra entre los comentarios hizo lo que pocos se animan en el mundo del arte argentino y creó oxígeno donde sólo habīa claustrofobia y repetición al decir: ‘Cuando a las mujeres no le dan la oportunidad se quejan , cuando la tienen la dejan como se dice… que la gata flora’. Ana Gallardo no dudó en calificarlo de: ‘Macho’ (por ‘Machirulo’) pero, a esa altura, el daño estaba hecho. Alguien había roto el hechizo de ‘espejito, espejito’ y lo que los imbeciles calificaron por obsecuencia como desinterés, orgullo y excepcionalidad, en realidad, escondía cobardía, falta de compromiso e inteligencia. La reina quedó desnuda. Yo fui parte del gobierno y defendí a Amalita cuando el gobierno de Duhalde quizo sacarla del Fondo Nacional de las Artes. Amalita jamás pensó en renunciar. Eso es de quitters. El capital heredado por Ama Amoedo, además de los vestidos, el arte y las cuentas de banco es lo suficientemente grande como para si estaba poco conforme con la performance de su directorio pedir las renuncias correspondientes y cambiar la realidad. El portazo la muestra como lo que siempre dijimos en el blog: consentida, infantil, caprichosa, narcisista y oportunista. Una verguenza para su familia y para la causa femenina que demuestra una vez más una miopía y una pobreza intelectual impactante. J A T