Daniel Gigena acaba de publicar en La Nación una nota cuyo tema, en principio, parece irrelevante pero que, en realidad, va al hueso del dilema de la gestión cultural en la Argentina. A primera vista, las (constantes) disculpas de Diana Saiegh, Presidenta del Fondo Nacional de las Artes, tras la incomodidad que sus declaraciones causaron en un ya sensibilizado mundo literario parecen un problema de autocontrol de la desbocada funcionaria. Sus palabras fueron pronunciadas en el programa de Cristina Mucci Los 7 Locos, en TV Pública donde a raíz de los dichos por parte de los poetas en contra de las bases del concurso de letras ideado por Mariana Enriquez y apoyado por todo el directorio del FNA., la funcionaria sintió la necesidad de expresar que los poetas estaban acostumbrados a que el FNA los proveyera. “Los poetas se quejaron porque están acostumbrados a que el Fondo es una especie de proveedor permanente”, dijo Saiegh.

La reacción no se hizo esperar y los aludidos respondieron en las redes sociales pidiendo moderación y coherencia por parte de los funcionarios de Cultura. Entre otros, se manifestaron los escritores José Villa, María del Carmen Colombo, Juan Fernando García, Mónica Tracey, Gabriel Reches y Cristian Molina. Algunos de los que tomaron la palabra o bien habían ganado premios del FNA, o bien habían ejercido como jurados en años anteriores lo que, de cierta perversa forma, y tambien, a primera vista, confirma los dichos de Saiegh. Desde ya, el timing de esto no es bueno ya que ocurre días después de la controversia que causó entre los escritores la decisión del FNA de no convocar a los premios de la institución en su forma habitual, divididos en cuatro categorías (novela, cuentos, ensayo y poesía), sino de hacerlo en forma conjunta y con la premisa de que los concursantes se circunscribieran a los géneros de terror, ciencia ficción y fantástico. Debe tenerse en cuenta que de doce premios, se pasó a nueve en 2020. Esto significa que no solo se redujo la cantidad de premios (recorte) sino que se beneficiaron los generos ajenos al realismo y la critica social no solo representativa sino tambien a través de las confesiones micropolíticas, por ejemplo.

Como ya hemos dicho en este blog, el único capital con el que Diana Saiegh accedió al cargo es haber sido la referente de cultura de Sergio Massa desde la intendencia de Tigre y tener un probado CV en gestión cultural durante el peronismo, especificamente, durante los años del Menemismo. De cierto modo, Saiegh blanquea la vocación del gobierno de transformar la politica cultura argentina en una serie de practicas clientelisticas orientadas a ‘tranquilizar a los artistas’. Esto lo hace manifestando su frustración por no A Saiegh no se la puede culpar por sincera ya que lo que le a Mucci es lo que realmente piensa y eso viniendo de la Presidente del organismo encargado de la financiación de proyectos culturales de excelencia al más alto nivel del estado es un faux pas preocupante. Para resumirlo, Saiegh cree que esta a cargo del Ministerio de Acción Social de los artistas y poetas… a principios de la década del 50.

Su estirpe peronista aflora al presentarse, mediante un reflejo inconsciente, como una alternativa distributiva al modelo neoliberal de las economias creativas del Macrismo para quienes el arte y la cultura se reducen a excusas para el desarrollo del turismo y la creacion de fuentes de trabajo dejando todo tipo de consideración respecto del verdadero valor humano de la cultura de lado. Para Saiegh, en cambio, la cultura es una molestia en tanto aglutina a gente pensante que tiende a articular un discurso critico orientado al disenso. Para ella, el disenso no es como lo es para Jacques Ranciére una oportunidad de expandir los modos de percepción de un ciudadano alienado sino que para ella el disenso es simple ruido en el paso de un acto eleccionario a otro. Esa es la logica de la casta politica desde la decada del ochenta y así estamos. Por eso, la politica cultural para Saiegh se reduce a una serie de slogans y distribuciones clientelïsticas de recursos entre medios de comunicacion y potenciales sectores criticos a la gestión.

La pregunta es cómo se puede manejar un organismo como el Fondo Nacional de las Artes así? La gris gestión de Tristán Bauer no pudo reaccionar frente al COVID al que concibió desde un principio como una oportunidad para la parálisis (cuando teniendo a la gente aburrida en casa debería haber sido una oportunidad única) y, por el otro lado, reafirmó su concepción del gestión como el resultado de la feudalización en repartos políticos y prebendarios de su Ministerio con el resultado de que sus adjuntos han naturalizado tanto sus privilegios que como en el caso de Saiegh, ya ni se preocupan por ocultarlo y, a veces, se les suelta la lengua. J A T