El lugar de ArteBA en la cultura argentina de los últimos treinta años es de una desproporcionada relevancia y encarna la esencia de la proyección de una fantasía para la que no se está ni por asomo a la altura. La renuncia de Ama Amoedo y sus aparentes razones y los nombres de recambio anunciados en el día de la fecha no hacen otra cosa que poner en evidencia la triste decadencia de un país que ni siquiera es la sombra de lo que fue en la primavera desarrollista del Instituto Di Tella y los intentos de Romero Brest de inserción del arte Argentino en el mercado internacional en los sesenta. Una posible razón de esto es el casi inexistente nivel intelectual, precario y parasitario patrimonio (que necesita escaparse a paraísos fiscales para no perder demasiado) y adscripción dogmática e irreflexiva a los valores de la globalización financiera de las supuesta dirigencia que cree ser culta por comprar algunas obras de artistas ’emergentes’ a bajo precio y convencerse de que de ese modo estan no solo consolidando la cultura sino tambien haciendo beneficencia. Ninguno de los actuales miembros del actual directorio de ArteBa tiene las credenciales empresariales (la mayoría son hijos de o empleados directores de filiales), ni academicas (todo libro pubicado por los miembros de ese directorio es un ‘vanity project’) ni de coleccionista (nadie tiene una colección que permita repensar al arte argentino ya que todos siguen trends o una colección con tamaña inversión que pueda ser mostrada internacionalmente) para estar a cargo de una institución que define lo que es visible o no en un pais carente de crítica seria. El hecho de que coleccionistas como Vergez o Sigman con colecciones fuertes y genuinas (incluso Costantini) no esten sentados en ese comité da la pauta de que hacia adentro de la elite dirigencial, hace rato que ArteBA no es un lugar de prestigio sino todo lo contrario. Tras las ultimas incorporaciones, para algunos jugadores de peso sentarse en ese comité equivaldrá a algo parecido a un insulto.

Antes de hablar de las incorporaciones tenemos que referirnos, una vez más, a las patéticas razones de la salida de Ama Amoedo. Tanto en LANP como en el programa de Lanata y nobleza obliga, esto a mi me fue contado por Gaby Levinas quien ya lo habia dicho en dicho programa de radio, la razón de la partida de Amoedo habría sido el el conflicto entre los galeristas y la administracion de ArteBa por la devolución del dinero pagado para la fallida feria de abril de este año. Me refiero a que aquellas galerías que habían pagado sus stands en diciembre del año pasado y recibieron el reintegro pesificado no en el valor de cuando hicieron el depósito sino en el del día del reintegro. De esa manera, un sector ya demasiado golpeado por el Coronavirus como las galerías de arte terminó perdiendo más del 30% del monto de lo inicialmente abonado. Pero me parece que estabamos siendo demasiado optimistas y dandole a Ama Amoedo el beneficio de la duda al suponer que estaba reaccionando ‘éticamente’ (pero cobardemente) a un problema real que, eventualmente, la desbordó y que por eso decidió dar un paso al costado. Nada me preparó para la posible verdad que es mucho más simple, triste y frívola (y que tambien fue dicha en el blog) y que tiene que ver con que (obviamente, por razones fiscales) Ama Amoedo decidió fijar su residencia en Uruguay. Esto dicho por ella. Lo que significa que este supuesto miembro de la elite dirigencial, en realidad, es una irresponsable evasora impositiva que no duda en tirar al arte argentino debajo del tren para ahorrarse tener que tributar. A ese patético nivel de compromiso nos estamos refiriendo. No nos olvidemos de que esta señora está asesorada en sus finanzas por Alfonso Prat Gay quien con su pasado en diferentes cargos gubernamentales debería asesorar en favor del Estado Argentino o, al menos, desrecomendar estas practicas evasoras. Esto, como ven, es chiquitaje de bajo vuelo y es, evidentemente, el tipo de incentivos que definen las liliputiences elecciones de esta pobre señora.

Por su parte, la decisión de designar a Juan Carlos Lynch y Matilde Grobocopatel como Presidente y Vicepresidente confirma el vacío dirigencial que ha venido atravesando nuestro país, así como tambien el avance de un tipo de mediocridad que hace que aquellos protagonistas de muchos posts en los albores de este blog parezcan Peggy Guggenheim en comparación. Al asumir (y siempre tengamos en cuenta que esto ocurre en el 2020), Lynch declara que la feria va hacia un nuevo modelo híbrido tras enterarse de que ‘lo digital no reemplazará lo presencial y que ambas cosas deberán combinarse’. Esto es algo evidente en el mundo del arte desde hace veinte años y el que Amazon ni siquiera se haya interesado en el sector del mercado da la pauta del tamaño que el Coronavirus plantea para el sector. La razón de esto es que la venta de arte no es estrictamente de arte sino de la relacionalidad y sociabilidad que el arte genera. Tal vez por eso el verdadero arte se compra en secreto o a través de representantes. Por lo antedicho, no sorprende tras sus primeras declaraciones que Lynch tenga un CV sin lustre. Director general de una sucursal de una consultora norteamericana (es decir, empleado a cargo de una filial), miembro del comité ejecutivo del MACBA (un museo de segundo nivel), de la Academia de Artes y Ciencia de la Comunicacion (la nada misma) e integrante del comité editorial de la revista internacional de cultura BeCult de cuya existencia me acabo de enterar, su visión y alcance es de segunda. Respecto de las credenciales de los Grobocopatel, la situación es similar y no creo que sea necesario ahondar mucho más allá de que es accionista de la empresa de su familia y presidente de la Fundación… de la empresa de su familia.

Sin embargo la designación de dos gays que convierten la sociablidad del mundo del arte y el arte en sí mismo en sustituto y fetiche,  pone en evidencia un cambio respecto a la ya patética realidad que venimos atravesando desde hace algunos años. Uno de ellos es el cordobes Jose Luis Lorenzo, alias ‘La Lorenzo’ quien fue haciendose un lugar en la ‘mafia del amor’ coleccionando fotos sin ningún rigor o conocimiento del medio (es por esto que su gusto por el arte de la fotografía no participa de ningún dialogo internacional relevante). Sus compras son de aquellos nombres sugeridas por las galerías amigas o de los artistas que le sonríen y su criterio resulta así totalmente dependiente y heterónomo. Arquitecto y snob, Jose Luis Lorenzo es una versión devaluada de esa generación de coleccionistas ya de por sí mediocres como Iconicoff o Esteban Tedesco cuyas colecciones parecen tener, por lejos, más sentido que la del cordobés, al menos, como manifestaciones visuales de períodos específicos y conformaciones de archivos. A Lorenzo se lo suma por ser parte del paisaje social y por haberse sometido a la insoportable levedad del ser durante muchos años. De cierta manera, es un reconocimiento a la renuncia al sentido y a la razón posiblemente pagando el alto precio de la autenticidad que una vida plena (según Aristoteles) conlleva. Pero si la decisión de incorporar a la Lorenzo shockea, la de sumar a Andrés Brun nos deja comatosos. Brun y su marido tiene una coleccion cachivachesca y armaron hace un año una serie de exhibiciones curadas, por ejemplo, por Cynthia Cohen y ese nivel de lunching ladies. Esto es ‘mafia del amor’ en estado puro con muy pocas inquietudes reales, cero lectura, cero contactos internacionales y (esto es lo grave) poco dinero (en terminos relativos). Esta nueva cohorte hace que coleccionistas apasionados como Gustavo Bruzzone parezcan Cosimo de Medici invitando a Brozino a su corte. De esta manera el directorio quedará conformado por Larisa Andreani, Francisco Ortega, José Luis Lorenzo, Andrés Brun, Alejandro Corres, Teresa Frías, Facundo Gómez Minujín, Gabriel Guilligan, Luis Incera, Andreas Keller, Felisa Larivière de Blaquier y Alec Oxenford. El nivel es realmente pobre y confirma a ArteBa como un lugar temeroso de la construcción de prestigio real. A esta altura, ese directorio es una suerte de aguantadero de cierta relacionalidad vinculada a los viajes a ferias internacionales para participar como espectadores y visitantes en algunos programas especiales pero que de ninguna manera podrian ocupar un lugar de relevancia a no ser mediante el pago de un fee para poder entrar. Esta gente no tiene musculo patrimonial para donar fuerte ni vuelo intelectual para pensar en el futuro que no es para nada promisorio y es como si el dogma internacionalista cipayo de Alicia de Arteaga y el diario La Nación se hubieran salido con la suya cual bruja Circe envenenando a los virtuosos amigos de Ulises. En medio de la terminal crisis de la globalizacion esta gente se aferra a los ideales noventosos sin percibir su propia inadecuación para el lugar que les toca ocupar. Esta es la generación posterior a aquellos que ya no sabían lo que no sabían. J A T