ESTE TEXTO NO ES MÍO SINO DE PATRICIA KOLESNIKOV PARA CLARIN

Algún tipo de ayuda, eso pidieron. Por la crisis que está provocando el coronavirus. Becas, subsidios, algo dirigido a quienes se dedican a la literatura. Este miércoles se conoció la respuesta: el ministerio Cultura de la Nación -que dirige Tristán Bauer– hará llegar bolsones de comida a los escritores que lo necesiten. Se canalizarán a través de la Unión de Escritoras y Escritores, una de las entidades que los agrupan.

Serán ellos, los miembros de la Unión, los que se ocupen de la logística, de preguntar quién precisa esta ayuda y de repartir los bolsones. Cosas que hacen al trabajo de una entidad gremial: hace rato que los escritores no viven en una “torre de marfil” alejada de los problemas cotidianos.

Marcelo Guerrieri, autor de libros como Farmacia y Árboles de tronco rojo, preside la Unión. Él explicó a Clarín: “Desde que empezó la pandemia se pusieron en escena las necesidades de los colectivos y empezamos a gestionar una posibilidad de ayuda. Y había habido algo para los músicos, a través del INAMU, y para quienes trabajan en Espectáculos. Pero a los escritores nos falta un Instituto que articule con el Estado”.

Así, varias agrupaciones de escritores se reunieron con Luis Sanjurjo, director nacional de Industrias Culturales. Allí la Unión planteó las necesidades de los autores. Pidieron ayudas específicas, más allá de la beca Sostener, que ya había lanzado el Fondo Nacional de las Artes para creadores de distintas disciplinas. “Pedimos prioridad, pero no recibimos respuesta”, dice Guerrieri.

Sin embargo, un tiempo después recibieron un llamado: estaba la posibilidad de gestionar bolsones de comida. La Unión de Escritoras y Escritores -creada hace menos de un año y que hoy tiene unos cien afiliados- se haría cargo de los asuntos prácticos.

En ese trabajo están: “Ahora empezamos a relevar quién lo necesita”, dice. Ya preguntaron entre sus afiliados y recibieron una respuesta moderada, así que ahora amplían a otros escritores.

Quedó abierta, dice, la posibilidad de hacer una segunda tanda. Por razones de logística, justamente, la entrega se limita a Capital y Gran Buenos Aires y se hará en 15, 20 días. Ya hay unas cuarenta personas trabajando en esto.

“También es un primer relevamiento de las necesidades extremas de los escritores“, analiza Guerrieri. “Las ayudas que recibimos del Estado son muy pocas y este año fueron menos”.

En la pandemia, algunos problemas de los escritores se agravaron: los talleres literarios tuvieron un parate de un par de meses hasta que se reacomodaron online y a las actividades culturales les pasó lo mismo. ¿Derechos de autor? Casi nadie vive de eso.

“Nuestra situación precaria es anterior, vivir de la escritura es algo para muy pocos”, dice Guerrieri. “La mayoría ganamos tiempo para escribir, compramos tiempo con otros trabajos: talleres, clases, charlas, periodismo”.