Cinco días despues de que lo hiciera LANP, finalmente Clarín publicó la noticia de que la Fundación ArteBA se quedó con dinero de las galerías al devolver dichos montos de manera pesificada. Sin embargo y a pesar de ello, desde un principio todos los medios y tambien algunos actores (femeninos) del ‘ecosistema del arte’, como se apresuró en llamarlo Victoria Noorthoon, Gabriela Rangel y las chicas de Nosotras Proponemos con Andrea Giunta a la cabeza no dudaron en apuntar sus cañones contra el tarado de Juan C. Lynch a quien, finalmente, y en esto me incluyo, se lo hizo renunciar. Como me dijo un amigo, era como poner a Cayetana Alvarez de Toledo a cargo de las fiestas Brandon lo que necesariamente nos lleva a posar nuestra atención en aquellos que tuvieron la brillante idea de designarlo.

 

Durante estos últimos días alguien que mantuvo una postura intermedia entre ‘la cultura de la cancelación’ y ‘la apología de Santa Ama Amoedo de Lourdes’ fue el Juez Bonachón Gustavo Bruzzone quien en su portal Jennifer (continuación de Ramona) que emerge como competencia o, más bien complemento agrietado K del more-Non-Strings-Attached LANP propone superar la obsesión por Lynch para pensar en un futuro por fuera de ArteBa. En un interesentantísimo video con el que complementa su artículo en el mencionado portal, Bruzzone pasa revista a los catálogos de ArteBA de 1998, 2012 hasta llegar al inexistente catálogo del 2020 para concluir que ArteBa se ha convertido en una estructura de amigos maltratadores financiada por exhaustas galerías y de aquellos origenes en los que era una asociación al servicio de las galerías pasó a ser una empresa monopolizada por una estructura burocratica regenteada por Julia Converti y Alec Oxenford cuyo poder, como viene diciendo este blog, es desproporcionado como  para no contar con un sistema de controles hacia dentro del ‘eco sistema cultural’. Como dice Bruzzone, es posible que al rehusarse a cambiar de actitud y habilitar esos controles, ArteBa tenga que dar paso a nuevas ferias. Sin embargo, creo que la de Agustin Montes de Oca no es la solución ya que viene connotada con una falta de vuelo que una vez que mancha la marca es dificil revertir.

Sin embargo, el punto que trato de plantear es que no debemos dejar que la figura paródica de Lynch nos desvíe del verdadero problema que es quienes, de qué modo y con qué fines eligieron a semejante mamerto. Esto no fue una casualidad ya que en cualquier oficina de recursos humanos de cualquier empresa se hace una busqueda de Google antes de tomar semejante decisión y esos posts de Instagram clasistas y sexistas harían levantar más de una ceja no por su contentido que por su banalidad no pueden ofender sino precisamente por su banalidad. A no ser que la elección del mamerto haya sido demasiado tentadora como para dejarla pasar por alguna razón. Digo esto porque estoy de acuerdo con Bruzzone en que poner excesivamente atención en Lynch y pensar que con su renuncia el problema está resuelto es un error que, generalmente, resulta del achatamiento de la realidad  que la mirada de movimientos como Nosotras Proponemos generan en su morbosa adscripción a la cultura de la cancelación. Es dificil evaluar el daño que puntos de vista tan reduccionistas como el de Andrea Giunta le hacen al arte por la sencilla razón que por su bidimensionalidad y slogánico simplismo son levantados por los medios siempre hambrientes de una narrativa fácil de digerir con buenos y malos fácilmente reconocibles. Sin embargo, lo que acaba ocurriendo es lo que Gabriela Rangel en un interesantísimo diálogo con Juan Batalla para Infobae hace un par de día dijo: ‘ese tipo de adscripción a la cultura de la cancelación constituye una revolución blanda o un reformismo radical que luego es reapropiado por el poderoso sistema economico que logra reinventarse y prevalecer’. Dicho de otro modo, nada más funcional al sistema que una Andrea Giunta y un Nosotras Proponemos indignado y histérico buscando victimas faciles de su revanchismo neo-inquisidor.

Con análogo oportunismo, cuando Victoria Noorthoorn sale a rasgarse las vestiduras en nombre de ‘la necesidad de redefinir los valores de las instituciones del arte’, no nos olvidemos que fue ella quien echó a un colaborador escenificando una emboscada sugiriendole que dedique su tiempo ‘libre al emprendedorismo’ y tambien ha sido ella quien ha rociado a su marido con contratos en el museo que ella dirige para escribir ensayos en catalogos financiados  ilicitamente con dinero del mecenazgo de la ciudad lo que redunda en un perjuicio del sector cultural privado que deberia ser el beneficiario de ese programa. Eso es liso y llano desmanejo, nepotismo y corrupción. De que ‘redefinicion de valores institucionales’ se puede hablar si se ejerce tamaña hipocresía?

Lo que ocurre con ‘Nosotras Proponemos’ es perfectamente análogo a lo que ocurrió con ‘Actrices Argentinas’ en términos de que la energía del linchamiento y la cancelación siempre es inversamente proporcional a la del ataque a aquellos que más arriba en las estructuras corporativas facilitan y se benefician de ese tipo de conductas. Probablemente a cambio de favores, figuras como Alec Oxenford o Adrian Suar (en el caso de las actrices) son dejados intactos. ‘Nosotras Proponemos’ es dañina por la opacidad que genera en ataques que terminan siendo cortinas de humo para negociados cupulares. El morbo con el que todos patean el cadaver aun tibio de Lynch los agota y desvía la energía de aquello que verdaderamente importa. En la ‘cultura de la cancelación’, el que acusa se apresura en posicionarse como el reivincidado y correcto y ese deseo narcisista parece ser la principal motivacion de la acción y no de una reformulacion, como plantea Bruzzone o hipocritamente propone Noorthoorn, del rol de ArteBA en el escenario cultural argentino. J A T