ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE MORENO

Los padres solemos cometer el error de proyectar en nuestros hijos esos deseos que se nos frustraron por diversos motivos.
Fundamentalmente que no pasen lo que nosotros padecimos.

Pobreza, poca ambición en la juventud, una educación básica, soledad de hijo único, etc.

A veces es inevitable, pero cuando se es consciente de esto y del daño que le puede provocar al chico tener que cumplir con esas expectativas y exigencias paternas, se lo debería aceptar como es, acompañarlo en sus decisiones, guiarlo lo que se pueda y que haga su camino.

En esta postal está clarísimo el deseo de Luli de haber querido nacer rubia y de ojos celestes como su tía Evangelina, haber podido contar con las mejores prendas infantiles, los juguetes mas caros, buenos modales y seguramente más.

Debería reflexionar un poco. Mucha presión para Matilda.