ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE CLARIN

En la dirección de la feria de arte más importante del país, una de las principales citas del mercado en la región, reina hoy un ánimo de revisión, luego de la renuncia de Juan Carlos Lynch, 72 horas luego de su nombramiento, hace diez días. Un comité de crisis -integrado por los coleccionistas Paco Ortega, Andrés Brun, José Luis Lorenzo y Larisa Andreani- conduce una delicada consulta para llegar a soluciones de consenso, y remediar el mayor torbellino que haya atravesado la feria en sus casi tres décadas de vida. Cómo se reconfigurarán las autoridades y quién las va a encabezar ya no podrán ser decisiones de amiguismo, ni tomarse entre gallos y medianoche. Se estima que el resultado de estas deliberaciones se dará a conocer recién en octubre.

El domingo 16 de agosto, una denuncia del colectivo feminista Nosotras Proponemos, motivado por los posteos misóginos del flamante presidente de arteBA, tiró de la cuerda y habilitó a numerosas voces del sector en una crítica de fondo sobre el estilo de conducción de sus autoridades en el último lustro. Las quejas por el favoritismo y la discrecionalidad, además de una creciente curiosidad por que se transparenten las cuentas de la Fundación,sostenida por los galeristas, agravaron la crisis. A esto se agregaron las renuncias de dos veteranos hacedores de arteBA, los coleccionistas Jacobo Fiterman y Juan Cambiaso, al Comite Ejecutivo, respaldando a quienes señalan que es momento de refundar la feria reorientándola a su objetivo original, de estímulo al arte argentino. Cabe observar que la actual dirección de Meridiano, la cámara de galeristas, hoy liderda por Leopol Monés Cazón, contribuyó en las últimas dos semanas a una búsqueda prudente y constructiva, rechazando el continuismo.

ArteBA cumplirá en 2021 sus tres décadas de vida. En los últimos años experimentó un notorio cambio de perfil, marcado por la internacionalización y la apertura a nuevas manifestaciones del arte. No se debería olvidar que esto le reportó públicos masivos y una gran centralidad en la agenda cultural porteña, aunque haya incluido experiencias como el programa Art Basel Cities, en 2018, que en retrospectiva luce costosísimo y se demostró fuera de escala. En rigor, el presente torbellino –que, bien aprovechado, podría convertirse en una crisis de crecimiento– es inseparable de la cuarentena. Ha sido este el único año en que la feria no pudo ser presencial y debió limitarse a la vidriera que le prestó la plataforma digital Artsy. Esto debilitó y restó potestades a su penúltima presidente, Amalia Amoedo, que había asumido en 2019 con gran consenso y todo el entusiasmo para mejorar el evento con criterio inclusivo y federal.

Se estima que las autoridades actuales, que funcionan pese a la acefalía, podrían tomarse más de un mes en definir cómo seguirá la estructura –y quiénes continúan– y en instrumentar una depuración procurando saciar los reclamos de mayor transparencia y decisiones colegiadas.