ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE CARLOS OLGUIN TRELAWNY

Les cuento algo sobre el “bluff Reganozzi”. Have muchos años estando en París, conocí a una chica francesa que me contó que hizo—creo para una tesis—un documental sobre Regazzoni que, según ella, era totalmente desconocido en Francia y que a ella le pareció interesante retratarlo. La chica era muy inteligente y creativa, me hice muy amiga de ella p q era un gusto estar con ella y salir por Paris. Como era hija de un Consellier d’Etat (algo así como una Suprema Corte) cargo archi prestigioso en Francia, estaba muy bien conectada y la pasé bárbaro con ella. Su corto tuvo mucho éxito, tanto, que hizo conocido a Regazzoni en el “tout Paris”. Al vrai snoberío francés nadie le gana y las obras de Regazzoni pasaron a ser muy buscadas. Pero resulta que una vez que esto ocurrió, Regazzoni snobeó a esta chica (francamente ya no me acuerdo su nombre) y la ninguneó mal. Le negaba que su repentina fama se debía al documental. La chica quedó muy ofendida y comentaba, dolorida, algunos detalles de cómo era Raganozzi antes de “fama”. Vivía como un “clochard”, sucio, pero sin dejar de ser un buen petulante argentino (que TANTO daño nacen en el exterior a la imagen nacional). El resto ya es historia.

Muchos años después, cuando volví a la Argentina y escuché su nombre y que Regazzoni había vuelto al país, recordé la historia, y debo decir que me quedé boquiabierta que acá había retornado como un triunfador.

Siempre sus obras me parecieron muy mediocres. No creo que tenía talento alguno. Era un típico “producto intelectual” argentino. En 50 o 100 años nadie se acordará de él, como de muchas expresiones artísticas nativas que tanto barullo hacen hoy gracias al marketing de cabotaje nuestro. Como, por ejem., muchas películas argentinas que tuvieron enorme éxito de público serán olvidadas y otras, que apenas algunos recuerdan—aunque sean obras de arte—serán re-descubiertas y se convertirán en clásicos inmortales, apreciadas por la justa perspectiva inapelable del tiempo.

Gracias a Dios, los años son un juez imparcial e implacable, que pone en su justo lugar al verdadero talento. Saludos cordiales