ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE SABATEZ

Regazzoni reclamó para sí un lugar que estaba vacío en el panorama artes visuales: el del lumpen. Cubierto de grasa y con respaldo de su imagen de ferroviario, también explotó la idea de vincular artes visuales con gastronomía, en la Buenos Aires de los 90s.

Y hay que admitir que, para esa época, el coqueteo con ese lumpen fue tomado con interés para algunos sectores. Ni hablar después que volvió triunfante (?) de Europa: ese es el condimento que más le agrada al cipayo, el de lamerle el orto al que “triunfó” del otro lado del océano.

Uno de mis profesores de dibujo me contó que fue invitado a la inauguración de su vagón restaurant, junto con muchas más personas. Los detalles se me escapan, puesto que contó la anécdota como al pasar, y fue hace más de dos décadas. Pero tengo la imagen muy grabada de la descripción de la cena: mesa de madera laaaarga, que Regazzoni limpió con un trapo rejilla húmedo. Luego, distribuyó kilos de polenta a lo largo de la mesa, armando un enorme barricada con una zanja por el medio, donde luego vertió la salsa. Cada comensal recibió un tenedor, y la onda era comer de parado, mojando la polenta en la salsa y en plan comunitario. Recuerdo la aclaración de mi maestro, de que nada era higiénico y todo era un gran asco.

Hay una entrevista dando vueltas por la web, supongo, donde Regazzoni cuenta que el cubierto en su restorán costaba 100 dólares y quien lo entrevista, creo que algún asqueroso tipo Chiche Gelblung o Fantino, le dice que eso es re caro si ni siquiera te dan un plato. Y Reggazoni se justifica diciendo que el beneficio diferencial estaba en que veías cómo te hacía la comida un artista, y que eso no pasa en ningún otro lado.

Creo que ese fue el logro de Regazzoni: instalarse en el discurso cultural porteño como ese “diferencial”, exhibido con su crudeza, que no sé si era honesta o forzada, pero atraía a sus compradores y comensales. Sostuvo ese personaje durante décadas, aunque sospecho que el personaje se lo terminó comiendo.
Y aclarar que un personaje así, existe porque hay gente que lo consume y elije. Más allá del asco o la repulsión que se le pueda tener, constituyó una versión licuada del artista rebelde que no hacía daño ni interpelaba. Y eso, al consumidor, le gusta…

Una vez Noé dijo que Alberto Greco era un ángel liberador de prejuicios, que el establishment coqueteaba con él porque tenían miedo de salir del closet cultural, y Greco encarnaba todo aquello que querían pero no podían ser. Me recuerda a esa frase. Está más que claro que Alberto Greco está a años luz de un zoquete como Regazzoni, pero ese establishment siempre necesita absorber algo que no harían, para sentirse mejor consigo mismos y consumir algo exótico. Y Regazzoni supo explotar eso.

Sobre si quedará o no en la historia, eso es relativo. La historia es relativa. Digo, van a quedar escritos los nombres de Nik y Milo Lockett, asi que…